viernes, 24 de mayo de 2024

Con guitarra o con violín… la misma canción

Con Obama o con Donald Trump siempre habrá incertidumbre...

José Armando Fernández Salazar en Exclusivo 18/11/2016
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En cuanto al proceso de normalización de relaciones entre EEUU y Cuba, para los medios internacionales el 2016 quizás sea el de la abstención de la diplomacia norteamericana en las votaciones de la Asamblea General de la ONU de condena a esta política genocida. Sin embargo, para el gobierno cubano la realidad es que ha sido una etapa en la que esos gestos no han venido acompañados de acciones concretas.

A menos de un mes de aquel hecho, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC, siglas en inglés) ha impuesto una multa de casi seis millones de dólares a la multinacional National Oilwell Varco (NOV) y sus subsidiarias Dreco Energy Services y NOV Elmar, por antiguas transacciones con Cuba.

Se trata de un conglomerado de empresas especializadas en proveer soporte técnico y asesoría a la explotación de hidrocarburos que en el caso de la transacción con Cuba, implicó a sus subsidiarias Dreco Energy Service, que  realizó entre 2007 y 2009 un total de 45 transacciones relacionadas con la venta de productos a Cuba por un valor de un millón 707 mil 964 dólares; mientras que NOV Elmar participó entre 2007 y 2008 en dos operaciones vinculadas a la venta de bienes y servicios a Cuba por un monto de 103 mil 119 dólares.

En el último año de Obama en la presidencia, cuya administración ha sido la de mayor saña en la persecución a bancos y entidades que violan el bloqueo, ya han sido multadas otras tres empresas: la compañía estadounidense de diseño WATG Holdings Inc.,  la petrolera Halliburton y la compañía francesa CGG Services S.A.

La actitud del gobierno estadounidense tiene una doble repercusión negativa: no solo afecta a quienes han establecido relaciones económicas con la Isla caribeña, sino que también desalienta a otros que tienen interés en entrar a este mercado, el cual se presenta atractivo luego de la aprobación de una nueva ley para la inversión extranjera y la existencia de recursos humanos de alta calidad.

Ello explica, además, el desdén o la lentitud con que han respondido las compañías norteamericanas a la invitación de Obama para invertir en Cuba y a sus sucesivos paquetes de medidas para relajar las duras condiciones del bloqueo.

De hecho, todavía ningún banco ha asumido el riesgo de aceptar transacciones del gobierno cubano con dólares estadounidenses y los ciudadanos norteamericanos ven violado su derecho constitucional de viajar a la Mayor de las Antillas como turistas.

Las acciones emprendidas desde el Despacho Oval de la Casa Blanca se han visto limitadas no solo por los cerrojos que imponen las leyes que amparan el bloqueo—y que solo el Congreso puede eliminar—sino porque aun cuando acarrean beneficios, su esencia sigue siendo promover un cambio de gobierno entre los cubanos.

El ascenso a la presidencia del republicano Donald Trump incorpora al escenario actual la variable de la incertidumbre. Durante su campaña, en la que se consagró como un político populista y ultraderechista, pasó de estar de acuerdo con la estrategia de Obama a desaprobarla por completo y prometer a sus seguidores una reversión.

Quizás el magnate neoyorquino creyó sonar música para los oídos de sus potenciales votantes cubanoamericanos, pero los resultados electorales evidencian que, si bien ganó el estado de La Florida, salió derrotado en los condados donde es alta la presencia de emigrados cubanos, quienes en su mayoría aprueban la dirección que han tomado las cosas desde el 17 de diciembre de 2014.

Habrá que esperar a que “el caso Cuba” llegue a la agenda de trabajo del presidente 45 de los EEUU, que por lo pronto ha suavizado un tanto su discurso, e incluso moderó su posición ante políticas de la administración de Obama, como es el caso del Obamacare (plan de seguro médico) y la creación de nuevos puestos de trabajo.

Algunos expertos señalan que frente al Trump político prevalecerá el Trump empresario, y que esta visión pragmática posibilitará avances en el proceso de normalización como pudieran ser el incremento de las relaciones comerciales, la derogación de la Ley de Ajuste Cubano (a la que se opuso durante las primarias republicanas) y una mayor relajación del bloqueo.

Dicen los que peinan canas, que usualmente las cosas suelen ser de una manera con violín y de otra, con guitarra; en el caso del cambio de poder en la Casa Blanca y su mirada a la Revolución Cubana, aparentemente, con los dos instrumentos la cancioncita sigue siendo la misma.


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José Armando Fernández Salazar

Para mí no hay nada mejor que estar con los que quiero, riendo y escuchando a los Beatles


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