jueves, 1 de diciembre de 2022

Unidos e integrados contra demonios y fatalismos(+Infografía)

El sueño de los precursores parece al fin haber pasado de la imaginación maravillosa a lo real concreto: está naciendo un Caribe capaz de enfrentar piratas, demonios y fatalismos...

Frank Agüero Gómez en Exclusivo 08/12/2014
0 comentarios

Luego de la aventurera invasión de los navegantes europeos, el Caribe ha continuado fascinando la imaginación de buscadores de tesoros, pese a que muchos solo los imaginan en el exotismo y color de la naturaleza y el calor que viene de sus azules inmensidades marinas para desfogar en olas espumosas y tibias.

Pero el Caribe no es solo playas y cocoteros. Es antecedente de colonialismo y esclavitud, escenario de rivalidades entre metrópolis y colonias, de piratas y corsarios; cuna de rebeliones victoriosas de negros y refugio de patriotas que llegaron a sus islas expulsados por revoltosos y ansiando regresar a sus tierras para implantar repúblicas independientes y soberanas...

Precisamente, asentados en esas raíces pensaron los primeros soñadores con la integración de nuestra región, algunos demasiado adelantados, como Toussaint Louverture y Antonio Maceo, tres siglos atrás, luchadores consecuentes por la libertad de sus respectivas islas, pioneras en el continente por sus revoluciones victoriosas antiesclavista y de liberación contra el imperio estadounidense.

Otros líderes caribeños, muchas décadas después, reemprendieron el sueño irrenunciable de unir voluntades políticas de pueblos libres para enfrentar los demonios modernos, coordinar acciones independientemente de las metrópolis y luchar por el progreso de las sociedades del área.  

La Revolución de la Mayor de las Antillas activaría el mechero nunca definitivamente apagado desde los tiempos de cargas de machete y embestidas de caballerías. En fecha tan temprana como enero de 1959, el gobierno local de la aún colonia inglesa de Guyana, encabezado por el Dr. Cheddi Jagan, líder del Partido Progresista del Pueblo, declaró su solidaridad con la Revolución Cubana, que empezaba a sufrir de agresiones y aislamientos regionales aupados por el gobierno de Estados Unidos.

En el segundo semestre de 1972 se celebró en aquel territorio una reunión del Movimiento de Países No Alineados, ocasión considerada antesala de la histórica decisión tomada de conjunto por Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad y Tobago de establecer relaciones con Cuba.

En opinión del Comandante en Jefe Fidel Castro, expresada cuando se celebraba el trigésimo aniversario de ese momento, “los líderes de estos países, considerados igualmente padres fundadores de la independencia de sus naciones y de la integración caribeña, Errol Barrow, de Barbados; Forbes Burnham, de Guyana; Michael Manley, de Jamaica; y Eric Williams, de Trinidad y Tobago, al decidir el establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, comprendían que estaban trazando el camino para lo que sería después la política exterior de la Comunidad del Caribe”.

 Esta decisión, caracterizada por la independencia, la valentía política y la acción concertada, advirtió Fidel, “en un entorno hostil y de grandes presiones, constituyó un paso fundamental para la ruptura del bloqueo diplomático y comercial a Cuba en la región y una brecha contra el aislamiento a que nos habían sometido utilizando a la OEA”.

SOLIDARIDAD Y COLABORACIÓN

Cuba nunca ha olvidado el noble gesto de sus hermanos caribeños y, en consecuencia, amplió las posibilidades derivadas de sus conquistas revolucionarias para abrir caminos de colaboración en un marco ascendente hacia la integración política, económica, y en los ámbitos sociales y de conocimiento.

Con la divisa de la defensa de los recursos de los pequeños estados caribeños, Cuba se ha opuesto al saqueo de sus escasos profesionales por parte de las naciones desarrolladas, formados en su mayoría en las antiguas metrópolis por la carencia de centros educacionales propios de alto nivel.

En lugar de ello, cientos de médicos, ingenieros, maestros y otros especialistas del Caribe se han preparado en las instituciones de enseñanza superior y politécnica de la Mayor de las Antillas, al tiempo que especialistas cubanos han trabajado y laboran en numerosos campos del conocimiento en casi todos los países del área.

Con una población que rebasa los 17 500 000 (diecisiete millones quinientos mil habitantes) y limitados recursos naturales, los países de la Cuenca del Caribe agrupados en el Caricom desde 1973 son en la actualidad 15, más otros cinco territorios asociados de ultramar, dependientes del Reino Unido.

Los miembros de esa agrupación diseñan y defienden su política exterior y de cooperación regional, independientes de los grandes centros hegemónicos, y actúan de conjunto con Cuba y el Movimiento de los No Alineados en los foros internacionales, en especial en la lucha contra las políticas de las potencias expoliadoras y oponiéndose al injustificado bloqueo económico, comercial y financiero que sufre la Mayor de las Antillas.

La relación Caricom-Cuba puede haber servido de ejemplo para nuevas formas de integración y cooperación intrarregional surgidas posteriormente entre América Latina y el Caribe, aún en desarrollo, entre ellas Petrocaribe, ALBA-Tratado de Coperación entre los Pueblos, Unasur y Celac.

DE LA IMAGINACIÓN A LO CONCRETO

La globalización de la crisis económica actual y los fenómenos climáticos, derivados primordialmente de la despiadada explotación de los recursos naturales, afectan con prioridad a los países del Caribe, amenazados muchos de ellos con su posible desaparición.

Cuba, en voz del presidente Raúl Castro, ha reiterado su determinación de contribuir con sus hermanos del Caribe a enfrentar de conjunto estos retos y otros derivados de las distorsiones económicas estructurales que sufren sus endebles economías, como la imposición de monocultivos y el proteccionismo de las potencias dominantes.

“El cambio climático es una evidente amenaza global que reclama soluciones urgentes —y repito el término urgentes—, justas y equilibradas, que involucren de forma real y efectiva a todos los países del mundo”, señaló el dirigente cubano al intervenir ante sus colegas en la anterior cumbre en Trinidad y Tobago celebrada en 2011.

“Es uno de los temas que debemos estudiar, por lo que pueden contar con nuestra modesta cooperación en todos los países caribeños. Creo que puede ser útil para poder prever el futuro y paliar los daños que nos pueden hacer, sobre todo para preservar las vidas humanas”, insistió.

Posteriormente, el dirigente cubano, al igual que lo hizo en las cumbres de Celac, ratificó la responsabilidad de América Latina y el Caribe con la hermana república de Haití, nación caribeña que restaña sus heridas históricas y recientes con el esfuerzo de autoridades internacionales y la ayuda de sus hermanos de la región.

El sueño de los precursores y fundadores parece al fin haber pasado de la imaginación maravillosa a lo real concreto. Está naciendo un Caribe capaz de enfrentar piratas, demonios y fatalismos.

“Un Caribe unido y solidario es nuestro único camino”, afirmó Raúl, y reiteró en nombre de Cuba “la voluntad de continuar fortaleciendo las relaciones con los países miembros de Caricom y de encontrar fórmulas que permitan la ejecución de nuevos proyectos de colaboración e incrementar la eficacia de los ya existentes”.


Frank Agüero Gómez


Deja tu comentario

Condición de protección de datos