sábado, 15 de junio de 2024

Trump, la post verdad y Cuba

Los hechos más contundentes para desbaratar las falacias del pasado 16 de junio provienen de la propia isla de Cuba...

José Armando Fernández Salazar en Exclusivo 24/06/2017
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Trump, política hacia Cuba (I)
Trump recurrió a asesores erróneos para concebir su estrategia de negociación hacia Cuba.

El Diccionario Oxford eligió como palabra del año al término post-verdad, muy vinculado al quehacer político del actual presidente de los Estados Unidos Donald Trump.

El vocablo fue definido como: “Relativo a o denotando circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y a la creencia personal”, o sea que es más importante aparentar decir algo cierto, que realmente lo sea.

Los medios tuvieron que echar manos a la palabra para describir el fenómeno político y mediático que desencadenó el billonario, quien luego de cada discurso, declaración o tuit tenía que ser socorrido por asesores y voceros expertos en decir digo donde había dicho Diego. El sitio especializado Polifact publicó en 2016 que solo el 2 por ciento de las declaraciones de Trump eran ciertas y el 43 por ciento falsas.

Cuando era confrontado con los hechos, muchas veces el magnate encontró como salida al escabroso momento echarle la culpa a sus asesores, por aquello de que si errar es humano, más lo es echarle la culpa al otro.

Y no es que el neoyorquino fuera estúpido, sino que este proceder se convirtió en una exitosa estratagema para alcanzar sus fines personales y políticos. Para lograr contratos favorables, como él mismo ha expresado.

Las recientes declaraciones del presidente 45 de Estados Unidos y la firma de una directiva que hace retroceder el proceso de normalización de relaciones diplomáticas con Cuba; suponen un nuevo capítulo en esta controvertida forma de lograr consensos.

Otra vez el político-empresario recurrió a asesores erróneos para concebir su estrategia de negociación hacia la Mayor de las Antillas. Ellos le hicieron creer (o quizás él quiso creerles), que el voto anticubano fue decisivo para que ganara La Florida, que la Isla saldría como la peor parada con el paso atrás y aceptaría condiciones y que las medidas incrementarían su capital político en el Congreso.

Cada uno de estos planteamientos fue derribado por los hechos, objetivos y llanos, y van camino a convertirse en post-verdad.

El voto cubanoamericano no definió La Florida a favor de Trump, por ejemplo, en el condado de Miami Dade, Trump perdió y uno de cada tres que vive en esa ciudad son cubanos.

El brusco timonazo político no fue bien visto por el Congreso, donde se le investiga por obstrucción a la justicia. Allí, de hecho se han presentado varios proyectos de leyes para llevar más lejos las medidas de Barack Obama en respuesta a las crecientes demandas del sector empresarial, agrícola y turístico. Y según recientes encuestas, el 73 por ciento de los estadounidenses apoya el levantamiento del bloqueo, e igualmente lo hacen el 63 por ciento de los cubanos residentes y el 62 por ciento de los propios republicanos.

Pero los hechos más contundentes para desbaratar las falacias del pasado 16 de junio provienen de la propia isla de Cuba.

La Declaración del Gobierno Revolucionario, la conferencia de prensa del canciller Bruno Rodríguez y los pronunciamientos de la sociedad civil y la propia población, no han hecho sino revelar que el agresivo discurso de Trump no hacen otra cosa que retomar la retórica de la Guerra fría, y eso tiene un tufillo fuerte a toda la fauna anticubana que quedó anclada al pasado de hace más de 50 años, no por añoranza, sino por el negocio que ello representa.

Me imagino que los asesores de Trump ahora se horrorizarán al conocer el expediente de varios de los personajes que extendieron su mano o aplaudieron al presidente aquella tarde del 16 de junio y pensarán si habrá valido la pena negociar el apoyo de Marco Rubio y Díaz-Balart con semejante costo político.

La afrenta que significaron todos los símbolos anexionistas de ese día difícilmente pasará desapercibida para los cubanos, a uno y otro lado del estrecho de La Florida. Y, a pesar de ello, como declarara el canciller Bruno Rodríguez: Continuaremos nuestros esfuerzos junto a las personas de buena voluntad en Estados Unidos, que son la amplia mayoría. Pero advierto: Cuba no realizará concesiones inherentes a su soberanía e independencia, no negociará sus principios ni aceptará condicionamientos, como no lo ha hecho nunca, jamás, a lo largo de la historia de la Revolución. Como establece la Constitución de la República de Cuba, jamás negociaremos bajo presión o amenaza.

Si Trump y sus asesores para el tema Cuba pensaron que tendrían también su 17 (en este caso de junio), se equivocaron. Al día siguiente a sus declaraciones el pueblo cubano siguió con sus desafíos habituales. Aquí tenemos una experiencia ancestral en el enfrentamiento a huracanes. No importan la fuerza de los vientos o la intensidad de las aguas, siempre que llueve escampa y hay oportunidad de reconstruir lo que se rompe.

El 77 por ciento de los cubanos nacimos bajo el bloqueo que Estados Unidos impone a la Isla desde 1962. Las limitaciones económicas, tecnológicas y materiales que ello ha supuesto han sido el precio que pagamos por mantener nuestra soberanía. Es una decisión que como pueblo hemos asumido y nos ha motivado para encontrar nuevas formas para el desarrollo.

Sabotajes, invasiones, terrorismo de Estado, persecución financiera, intentos de magnicidio y un bloqueo que constituye el más antiguo y criminal en la historia de la humanidad, fueron parte de una política derrotada y aislacionista para los Estados Unidos, que ahora vuelve, como un fantasma en una crónica de una muerte anunciada.

Quizás dentro de unos meses, cuando la administración de Trump haya alcanzado los objetivos políticos que se proponía con este movimiento, llegue el momento de la post-verdad sobre el tema Cuba, y otra vez el magnate inmobiliario les eche la culpa a sus asesores y se muestre tan ambivalente e impredecible como ha sido siempre.


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José Armando Fernández Salazar

Para mí no hay nada mejor que estar con los que quiero, riendo y escuchando a los Beatles


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