jueves, 1 de diciembre de 2022

Sin garrote ni zanahorias, en igualdad de condiciones (+ Infografía)

El proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos no significa el menoscabo de los principios históricamente defendidos...

José Armando Fernández Salazar en Exclusivo 24/09/2016
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Cuba-EEUU
“…el levantamiento del bloqueo será el elemento esencial que dará sentido a lo avanzado en estos meses en las relaciones entre ambos países" Bruno Rodríguez Parrilla

Obsoleto, inhumano e inoperante, el bloqueo económico, comercial y financiero que impone el gobierno de los Estados Unidos al pueblo cubano es un instrumento de la política exterior norteña hacia la Mayor de las Antillas.

En su génesis, la iniciativa pretendía ahogar económicamente a la naciente Revolución cubana. Luego, en los años 90, con la caída del campo socialista, se profundizó con las leyes Helms-Burton y Torricelli, cual golpe último letal al proyecto socialista. En la actualidad, después de más de 50 años demostrando su ineficacia, y en el nuevo contexto de la normalización de relaciones entre ambos países, se erige como un comodín para presionar el diálogo bilateral de acercamiento diplomático.

Este proceder recuerda a la famosa política del garrote y la zanahoria que tiene el propósito de fomentar la desesperación y el desconcierto y obligar a hacer concesiones de principios.

El General de Ejército Raúl Castro, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros advirtió, durante la Cumbre de América Latina y el Caribe, efectuada en diciembre de ese año en Brasil, que el diálogo se produciría en igualdad de condiciones y que en el caso de Cuba, la política del garrote y la zanahoria no tendría vigencia.

Por ello es perfectamente comprensible que cada año y mientras perdure, la diplomacia cubana lleve a la Asamblea General de las Naciones Unidas el informe sobre el impacto del bloqueo y lo someta al escrutinio internacional, el cual, desde 1992, en 23 ocasiones ha votado por su levantamiento.

Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba ha declarado que “…el levantamiento del bloqueo será el elemento esencial que dará sentido a lo avanzado en estos meses en las relaciones entre ambos países y determinará el ritmo hacia la normalización. Cuba está dispuesta a aceptar las oportunidades y también los desafíos de una nueva etapa en las relaciones entre ambos países, pero jamás negociará su sistema socialista, ni sus asuntos internos, ni permitirá mancha alguna en la independencia conquistada al precio de la sangre de sus mejores hijos y de enormes sacrificios de muchas generaciones desde el inicio de nuestras guerras de independencia en 1868”.

En el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, su Primer Secretario Raúl Castro advirtió que el proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos no significaba el menoscabo de los principios históricamente defendidos por la diplomacia revolucionaria, comprometida con las causas justas, la defensa de la determinación de los pueblos y el apoyo a los países hermanos.

Ello significa, por ejemplo, denunciar en cualquier escenario internacional el apoyo imperial norteamericano a la contraofensiva oligárquica de derecha en América Latina, la expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia y la ocupación de territorios palestinos por parte de Israel.

Precisamente, esa congruencia de la diplomacia cubana con las causas más justas le han permitido solventar con dignidad los intentos por aislarla, primero en la región, cuando en la década de los 60 fue expulsada de la Organización de Estados Americanos, y luego con la politización de las discusiones en la Comisión de Derechos Humanos, entre otras acciones desestabilizadoras.

Lejos de alcanzar tales propósitos, el gobierno norteamericano, como declaró el propio presidente Barack Obama, se encontró apartado en su política exterior hacia el continente, cuyos representantes gubernamentales exigieron la presencia cubana en la Cumbre de las Américas en Panamá.

Al mismo tiempo, La Habana se convirtió en sede de los diálogos y posteriores acuerdos de paz de Colombia, el encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Kiril de Moscú y toda Rusia, la cumbre de la Asociación de Estados del Caribe; mientras se sucedieron visitas inéditas de jefes de Estado de Gobierno de Europa, Asia y África.

En la actualidad, Cuba es uno de los países que mayor número de embajadas tiene abiertas en otras naciones.

Uno de los protagonistas de ese devenir digno de la política exterior cubana fue Raúl Roa, el Canciller de la Dignidad. Fidel tuvo en él un intérprete idóneo de sus concepciones sobre la diplomacia revolucionaria. Precisamente el 24 de septiembre de 1959, en el mismo podio de las Naciones Unidas desde donde hoy nuestro país recibe el abrazo de la solidaridad internacional, Roa anunció al mundo que “Cuba ha mantenido, mantiene y mantendrá una política propia, dictada por los supremos intereses del pueblo que representa”.


José Armando Fernández Salazar

Para mí no hay nada mejor que estar con los que quiero, riendo y escuchando a los Beatles


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