domingo, 21 de abril de 2024

Reyes de la torpeza

Washington complica el tema del visado entre Cuba y los Estados Unidos...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 17/03/2019
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Aeropuerto José Marí, Departures
Los ciudadanos cubanos solicitantes de visa o requeridos de otros trámites migratorios, se han visto impedidos en los últimos tiempos a trasladarse a diferentes países para poder acceder a los servicios de las instalaciones diplomáticas de los Estados Unidos. (Fernando Medina Fernández / Cubahora)

Se supone…se supone…que ser un líder político o dedicarse desde cualquier escalón a una esfera tan sensible, requiere lo que en Cuba y en otras partes llamamos “dos dedos de frente.”

Porque se infiere que un político está habilitado para discernir, analizar, discutir, argumentar y convencer, aunque es cierto también, para desgracia de los humanos, que en nuestro devenir sobre el planeta han abundado más de la cuenta los casos de estadistas ineptos, caprichosos, violentos, incendiarios, brutos, ególatras, inmovilistas y absolutistas, entre otros pecados causantes de miles de conflictos y no pocos desastres, incluso de alcance global.

Y sin dudas, en nuestro gran vecino del Norte, el equipo de gobierno que encabeza Donald Trump, desde su misma persona hasta sus más allegados asesores y Secretarios, padecen precisamente de casi siempre actuar con los pies y casi nunca con la cabeza.

Les mueve esencialmente la prepotencia, la agresividad, el deprecio a lo ajeno, y la vieja creencia, tan acendrada en el decurso gringo, de que, en tanto seres superiores, nadie puede contradecirles, enmendarles o  hacer lo que libremente estime. De ahí que si hay materia gris en tales cerebros no sea capaz  de accionar.

Caso típico…la política hemisférica que desde su llegada a la Casa Blanca ha instrumentado el pretensioso jerarca inmobiliario neoyorquino y quienes le asesoran y apoyan en su nueva fase de “sepulturero” del socialismo en América Latina y el Caribe.

Y sin el ánimo de recargar al lector, se hace necesario hacer notar que Trump y su comparsa se han dedicado a reconstruir de lleno la histórica tirantez con La Habana que Barack Obama, al cierre de su último mandato, flexibilizó en alguna medida.

Gracias al presidente y sus adláteres, entre otras barbaridades, la reinaugurada embajada gringa en Cuba volvió a ser un cascarón vacío porque, aducen, las autoridades de la Isla colmaron de “ruidos tóxicos” los oídos y los nervios del personal norteamericano destacado en la sede.

Como consecuencia, los ciudadanos cubanos solicitantes de vista o requeridos de otros trámites migratorios, se han visto impelidos en los últimos tiempos a trasladarse a diferentes países del Hemisferio para poder acceder a los servicios de las instalaciones diplomáticas de los Estados Unidos en lo que constituye una verdadera odisea y multiplica varias veces los gastos en que deben incurrir los interesados.

Eso sin saltar lo más trascendente, y es el obstáculo que todo ello comporta con relación al derecho de los cubanos a viajar libremente al exterior y al contacto con sus familias radicadas en territorio estadounidense.

No obstante, y sin tomar en cuenta las complicaciones que todo ello ya ha creado a la población de la Isla y a sus crecientes criterios sobre la mala voluntad de las autoridades estadounidenses en toda esta trama, la Embajada gringa en La Habana fue la portadora de nuevas que empeoran el asunto, a tono con el propósito oficial norteamericano de enrarecer al máximo el clima bilateral en su irracional empeño de obstaculizar y destruir la marcha independiente de su cercano vecino sureño.

Así, y en ese absurdo hilo, desde este 18 de marzo,  la visas de turismo que otorgaba los Estados Unidos a ciudadanos de la Isla por cinco años y con entradas múltiples, quedarán reducidas a una visita anual por tres meses como máximo, lo que golpea nuevamente  las prerrogativas de nuestro ciudadanos de viajar a suelo norteamericano, y restringe los lazos con sus familias en aquel lugar.

Sin dudas se trata de otra pifia de quien no tiene, entre otras lagunas, el menor sentido de la política, porque ciertamente el asfixiar a los otros no cosecha simpatías y raras veces conduce al cambio que aspira el agresor. En todo caso aumenta el rechazo y multiplica la resistencia frente al obtuso que hace de la fuerza y la carencia de humanidad su razón de ser.


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Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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