domingo, 2 de abril de 2023

¿Pesadilla eterna?

El hegemonismo rampante sigue colocando a la humanidad al borde de un violento exterminio...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 24/06/2015
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Luego que no se diga que Occidente y su “líder natural” son fieles defensores de la vida, el amor, la cordura, la libertad y cuanto angelical adjetivo se quiera adicionar de manera oportunista a semejante lista.

Porque lo cierto es que después de desaparecida la “ciudadela del mal” con la que tradicionalmente ciertos medios identificaron a la extinta Unión Soviética, ni los arsenales atómicos dejaron de existir, ni el riesgo de una tragedia bélica nuclear a escala mundial fue conjurado para siempre.

Por el contrario, los pretendidos “vencedores” muy pronto mostraron que el hegemonismo que propugnan requiere de reeditar las guerras, temores, cercos, amenazas, y aberrados escenarios de los tiempos pretéritos, no solo para amansar a las legiones de expoliados, sino además para evitar a toda costa la reorganización o la formación de nuevas potencias opositoras.

Y en este último aspecto las noticias traen todos los días nuevos argumentos, como la reciente presencia de tropas norteamericanas y de sus restantes acólitos de la belicista Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, en la sensible zona del Báltico y Polonia, las maniobras navales occidentales en el Mar Mediterráneo, y la entrega de importante alijos de armas al régimen de Ucrania, al que se insiste en apuntalar como aguijón imperial sobre la frontera oeste de Rusia.

A ello se suma la también fresca renovación de las sanciones de la Unión Europea contra Moscú a raíz del titulado “conflicto ucraniano”, disposición que, dicho sea de paso, el Kremlin ha afirmado que responderá con medidas simétricas contra quienes -si primase la sensatez y la autodeterminación real- deberían ser unos de sus más inmediatos socios regionales.

De manera que el cerco se aprieta, y quien siente la soga en el cuello no puede menos que defender su vida.

De ahí que en el plano militar, el presidente Vladímir Putin, para quien sin embargo está bien claro que Moscú no debe caer en la trampa de una desgastadora carrera armamentista, anunciara- ante la irrupción hegemonista en el Este  del Viejo Continente- el reforzamiento del arsenal nuclear ruso en lo que queda de año con cuarenta nuevos cohetes intercontinentales de elevada tecnología, “capaces de superar los sistemas antimisiles más avanzados.”

Se trata, al decir del vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, del elemental deber de su país de “salvaguardar sus propios intereses y su propia seguridad.”

Rusia, enfatizó el funcionario oficial, “no es la que se está acercando a las fronteras de alguien. Es la infraestructura militar de la OTAN la que se está aproximando a las fronteras de nuestro país.”

En consecuencia, y como si no faltaran riesgos y calamidades al género humano, esencialmente generados  por las propias sociedades fallidas en materia política, económica y social, los círculos hegemónicos insisten en el abrupto retorno a los inseguros tiempos de la Guerra Fría.

Vale recordar que así se llamó a  los largos decenios que siguieron al final de la Segunda conflagración Mundial, en que Occidente, liderado en absoluto por Washington, identificó en la Unión Soviética y el entonces campo socialista europeo, a los nuevos “ejes globales del mal” que debían ser derrotados a cuenta de un clima de enfrentamientos armados, presiones, cercos y la elevación de la amenaza de destrucción nuclear.

Un loco período que algunos creyeron liquidado con la desintegración del primer Estado de obreros y campesinos de la historia, aunque solo bastarían apenas unos años luego de la desaparición de la Unión Soviética para conocer que para nada el mundo se había librado de la enfermiza ejecutoria imperial y de los riesgos de un holocausto atómico.

Washington no desintegró sus arsenales nucleares, por el contrario, pretende hoy usarlos sin peligro de una respuesta enemiga a partir del desarrollo y despliegue de su controvertido “escudo antimisiles”. 

Un programa que encaja perfectamente en la concreción de un proyecto de dominación que tiene líneas agresivas muy definidas contra Rusia y China, justo los dos blancos internacionales más supuestamente peligrosos para lograr la preponderancia del absolutismo Made in USA sobre el resto del planeta.


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Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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