miércoles, 28 de febrero de 2024

¿Pato al agua?

La Casa Blanca retoma en Siria la presuntamente detenida práctica de enviar tropas a conflictos externos...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 03/11/2015
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Entra las muchas promesas del presidente Barack Obama ha estado la de evitar nuevas remisiones de efectivos militares para involucrarse en pretendidos conflictos armados externos. Sin embargo, la afirmación de que las administraciones norteamericanas son simples veletas expuestas a los vientos realmente decisorios parece haberse impuesto nuevamente en el traumático asunto sirio.


Es conocido que la guerra desatada desde hace más de cuatro años en aquella nación mesoriental tiene neta factura externa. Una larga nota de facturación que incluye a los Estados Unidos, sus aliados de la OTAN, los regímenes totalitarios árabes, el sionismo israelí, y los grupos islámicos extremistas en preferente calidad de carne de cañón sobre el teatro de operaciones.


De ahí que la fantasmal amenaza en que se ha convertido el terrorista Estado Islámico (EI), especialmente en Siria, no es otra cosa que consecuencia directa de ese intento de los hegemonistas globales de campear por su respeto en Asia Central y Oriente Medio, a las puertas de las fronteras de Rusia y China, los “oponentes estratégicos” identificados por los sectores ultraconservadores y expansionistas de la Unión.


Un Estado Islámico que desde hace un año, y sin consentimiento de Damasco, Washington ha dicho bombardear desde el aire y que solo con la intervención de la fuerza aérea rusa, a pedido de las autoridades sirias, realmente ha empezado a dar muestras de pavor y debilidad.


En consecuencia, y ante la alarma de los “halcones” estadounidenses por las eficaces acciones de Moscú y el avance coordinado del ejército sirio, la Casa Blanca ha dejado atrás sus viejos ofrecimientos y se dispone a remitir contingentes armados a Siria (otra vez sin consentimiento de las autoridades nacionales legítimas) para —dice— “asesorar a los grupos armados opositores que enfrentan a los terroristas”.


Pretendidos “insurgentes” a los que ha destinado también un apoyo adicional de cien millones de dólares y remitido partidas de nuevos armamentos, y que, dicho sea de paso, no han obviado (como tampoco sus promotores externos) el coaligarse con entidades asesinas como Al Qaeda y el propio Estado Islámico al que hoy dicen “enfrentar”.


El trasfondo, sin embargo, no es tan complicado de discernir, y en ello coinciden muchos analistas. Enviar ilegalmente “asesores militares” a Siria a estas alturas, no es más que el intento norteamericano de restar espacio a los éxitos militares de Rusia y Damasco en las últimas semanas, a la vez que pretende fortalecer a una debilitada y mezquina oposición armada para mantener la violencia interna contra el gobierno sirio aún si el EI, como entidad terrorista, es borrado totalmente del mapa.


El desprestigio internacional del EI ya le impide ser considerado un aliado útil a los hegemonistas, al menos por el momento, y el asidero al interior de Siria para sus planes expansivos es evitar que los titulados “rebeldes” salgan por la misma puerta que los declarados terroristas.


Al final, el empeño imperial no es otro que instrumentar todo cuanto sea posible para derrocar al gobierno de Bashar al Asad, hacer añicos la hoy alta incidencia rusa en la zona mesoriental y centroasiática, y agenciarse una nueva y decisiva área geopolítica.
Ello sin omitir algún que otro sueño peregrino de provocar un incidente directo entre militares norteamericanos y rusos en suelo sirio, que recaliente al extremo unos lazos mutuos que resultan odiosos e intolerables para los viscerales grupos hegemonistas asidos al fetiche de la indiscutible y ungida supremacía de los Estados Unidos sobre el resto del orbe.


 


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Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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