domingo, 4 de diciembre de 2022

Lanza en ristre (+Fotos)(+Video)

¿Cómo es posible, Madiba, que no perdiera usted, entre rejas y azotes a la dignidad, esa suave sonrisa de quienes llegan o se van sabiendo que cruzaron completa su órbita vital y mortal, ramificándose?...

Elsa Claro Madruga en Exclusivo 05/12/2013
5 comentarios
Nelson Mandela - EPD
Nelson Mandela murió a los 95 años.

Dicen que hace un rato fue a la Isla Rooben, a echar un vistazo al pequeño campo de futbol donde alguna vez se aliviaron un poco sus angustias durante 27 años. Despacio y en silencio, pasó también por Pollsmoor y tampoco sintió alegría. Ninguna prisión la admite. Por eso llega una bofetada en el recuento de los últimos instantes, por la matanza de Sharpeville y la férrea soledad, la impotencia de quienes quieren moverse junto a la ola que horada rocas y sacros privilegios, pero le ataron el pie, inmisericordemente.

¿Cómo es posible, Madiba, que no perdiera usted, entre rejas y azotes a la dignidad, esa suave sonrisa de quienes llegan o se van sabiendo que cruzaron completa su órbita vital y mortal, ramificándose?

El mundo conocía la estática imagen del joven abogado sudafricano que luchaba contra al apartheid. Encaneció en las cárceles de máxima seguridad y el tiempo, junto con los golpes de quienes se caen y levantan más de una vez, le blanquearon el cabello, hicieron lento su galope  de hombre fiel al estandarte que enarboló, desde muy joven, sin rendirse.

Hay muchas maneras de ganar una pelea. La suya no terminó en 1990 cuando fue liberado. Era preciso, primero, que aceptaran el derecho de los sudafricanos nativos a  igualarse con quienes llegaron a estas tierras mucho después y se apropiaron de ellas.

La legalización del Congreso Nacional Africano y otros partidos, el ingreso de los oriundos habitantes al mundo de la política a cara descubierta, estuvieron también en el camino para recuperar tantos derechos robados. Cuatro años negociando con sabiduría y constancia evitaron una guerra civil y cortaron los últimos hilos de leyes deshumanizadas, segregacionistas.

Después fue inevitable que asumiera el reto de ser el primer presidente de raza negra de la República de Sudáfrica y darle base a otro tiempo, sembrando nuevas posibilidades.

En este instante, luego de haber paseado por los recodos de la memoria, quizás haya visto éxitos y peligros, deseando  levantar de nuevo la lanza para arrimar el hombro a nuevas batallas.

(Lanza de la Nación, brazo armado del ANC. Tuvo a Nelson Mandela como máximo dirigente).


Elsa Claro Madruga

Analista de temas internacionales

Se han publicado 5 comentarios


Livia
 8/12/13 11:16

Recuerdo su amor por Cuba y su agradecimiento por lo que este pequeño país le aportó a la libertad de África y la liberación de Sudáfrica contra el apartheid.

Arnaldo Escalona desde FB
 6/12/13 16:26

el mundo esta de luto, ya el presidente Obama ordeno 3 dias de duelo nacional y toda emisora de radio y television solo hablan de su legado y lucha en favor de su pueblo. Hombres como el pocos. Descanse en paz madiba, el mundo te recuerda.

Mery
 6/12/13 16:13

Dolor en el mundo entero por la muerte de Mandela, desde hace unos días me siento triste porque los grandes se nos están yendo. Descanse en paz Mandela!!!! Tu lucha no fue en vano

Arístides
 6/12/13 10:25

Estimada Elsa, bella evocación de quien ha dejado su indeleble huella en la historia de la humanidad. Mandela sin proponérselo, llegó a ser grande entre los grandes y más, y el Premio Nobel de la Paz que le fue otorgado, jamás había sido mejor concedido. Nadie lo ha merecido más que él. ¡GLORIA ETERNA AL BUENO DE MADIBA!

aficionado
 6/12/13 9:09

Mis condolencia para su familia, antes que nada se ha ido uno de los hombres cruciales de la historia mundial, el ser que nunca claudico, ante las presiones, golpes, traiciones de muchos, esa voluntad indestructible lo hacen inmortal, Mandela eres un ejemplo en todos los sentidos para los negros, que hemos dedicado, nuestra vida al estudio,sabemos lo importante que es en el cambio de la concepcion racial a nivel mundial.

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