domingo, 27 de noviembre de 2022

“Es como si Ramón nunca se hubiese ido”

La esposa del Héroe de la República de Cuba recuerda los inicios de su vida junto a él y cómo continúan unidos, a pesar de la distancia y de la separación a que los somete la injusta prisión...

Karina del Valle Luque, Yaniris Hurtado en Exclusivo 16/05/2013
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Ramón Labañino, su esposa y sus dos hijas

Elizabeth Palmeiro es una mujer común a la que el destino, el amor y la política hostil de Estados Unidos contra nuestro país le han jugado una mala pasada. Por más de 15 años ha sido privada de la compañía física de su esposo Ramón Labañino, uno de los Cinco Héroes cubanos, injustamente prisioneros en cárceles estadounidenses por luchar contra el terrorismo.

Consciente de la necesidad de que el mundo entero reclame la liberación de su esposo y de sus cuatro hermanos de lucha, Ely, como la llama Ramón, nos concedió esta entrevista.

Sentada en la sala de su apartamento y sin perder de vista el reloj, Elizabeth anhelaba que las manecillas del reloj marcaran más de las diez de la mañana, deseando por primera vez en todos estos años que Ramón no llamara, único indicio de que finalmente estaba siendo trasladado para una prisión de mínima seguridad.

El teléfono sonó más tarde de lo esperado. Desalentadoramente, Ramón seguía en el Centro de Detención Temporal de la Prisión de Atlanta.

- ¿Qué ha significado Ramón en su vida?

Lo más importante. Me casé estando muy enamorada de él, con muchas ilusiones de hacer una vida en común, en la cual no faltaría nada y siempre estaríamos juntos, haciendo realidad nuestros sueños.

Cuando éramos novios, y durante los primeros meses de matrimonio, hablábamos durante horas, sentados en el Malecón.

Mis compañeras de trabajo bromeaban diciendo que yo era como un apéndice de Ramón porque lo llamaba tres y cuatro veces al trabajo para que viniera a verme a la oficina. Es decir, hacía cosas que podían parecer niñerías, pero era el deseo que ambos teníamos de vernos. Si yo no llamaba, entonces lo hacía él y me preguntaba si no quería verlo a la hora del almuerzo.

Una gran parte de todas mis cosas buenas, y también de mis grandes dolores, han sido con Ramón, porque desgraciadamente desde que lo encarcelaron la historia se puso demasiado triste y deprimente respecto a lo que nos habíamos imaginado.

- ¿Cómo logran permanecer unidos, a pesar de la lejanía?

Con mucha comunicación y amor. No necesitamos hablar para saber lo que cada uno piensa y estar en la misma cuerda cuando hay algún problema. Nadie me conoce mejor que Ramón y creo que nadie lo conoce a él mejor que yo. Digo “creo” porque con el trabajo que él tenía, más las condiciones actuales de prisión, no podemos hablarlo todo. Sin embargo, conozco la mayor parte para permitir esa comunicación, a pesar de que no vivimos juntos y no compartimos la cotidianeidad.

Ramón es muy tranquilo, suave y pocas veces pierde el control. Yo soy más impulsiva, explosiva y extrovertida. Es precisamente eso, que seamos tan diferentes, lo que hace que todo funcione. Si fuéramos iguales, sería más aburrido o una guerra de criterios explosivos.

- ¿De qué manera Ramón se hace presente?

Nunca deja de mandar un poema, una notica de afecto, de cariño, una postal por el Día de los Enamorados, y no solo para mí, sino también para las niñas. Le gusta que ellas le cuenten cada detalle y le pidan permiso como si él estuviera en Cuba. Sigue pensando que son bebitas y no entiende los cambios que han experimentado, pues cuando lo arrestaron Laura tenía seis años de edad y Lisbeth un añito y medio.

Siempre quiere estar al tanto de lo que ocurre en la casa y eso me encanta. Aquí todo se mueve según lo que piensa Ramón. Es como si nunca se hubiese ido. Algunos me critican, pues lo ven un poco machista, pero creo que en nuestras circunstancias es necesario.
Pienso que esa vinculación a la dinámica interna de la familia lo va a ayudar, cuando regrese, a olvidar todos los malos momentos vividos en prisión.

- ¿Cuándo y cómo sucedió el último traslado de Ramón?

En junio de 2012 le dijeron que debía ser trasladado para una prisión de mínima seguridad y respondió que en ese momento no le interesaba porque su familia tenía previsto visitarlo. En julio lo visitaron Ailí, su hija mayor, y su hermano Holmes. Al mes siguiente fuimos las niñas y yo.

Se suponía que hasta enero de 2013 no le hablarían más del traslado. Sin embargo, en diciembre de 2012 le comunican que lo van a mover y le ordenan “empacar”. Lo tuvieron así durante un mes. Después lo movieron para una prisión en Miami, donde permaneció en el hueco hasta que decidieron regresarlo a Jesup, en Georgia.

Le dijeron que estaría allí tiempo suficiente para que sus familiares realizaran las ocho visitas previstas, y como su padre, hermano e hija mayor tenían visado desde noviembre, pidió que aprovechasen para visitarlo.

Cuando llegaron a la prisión los sorprendió un lock down, una de las cosas que pueden ocurrir y para las cuales tenemos que estar preparados. Sin embargo, lo que no era lógico, ni se esperaba, era que decidieran moverlo antes de tiempo y finalmente solo pudieran realizarse tres visitas.

- ¿Qué ocurre cuando decretan lock down en una prisión?

Los presos tienen que permanecer como mínimo 72 horas encerrados en sus celdas, sin siquiera poder bañarse, ni llamar por teléfono. Todo se interrumpe. Es lo que podría denominarse como un proceso de “amansa guapo”. Los ponen a pan y agua, es decir, les dan aisladas y pequeñas meriendas.

Después de pasadas las primeras 72 horas deben comenzar a darles dos horas al día para bañarse y comunicarse con la familia.

- ¿De las anécdotas que Ramón le ha contado sobre sus vivencias en estos 15 años cuál le ha impactado más y por qué?

Ramón nunca cuenta las experiencias difíciles a las que se enfrenta en el momento en que ocurren. Generalmente las comenta después de que casi se le olvidaron. No le gusta que las niñas y yo vivamos en tiempo real los momentos duros por los que está atravesando.

Ha sido leyendo su diario tiempo después, o por algún comentario durante una visita, que me he enterado de cosas impactantes como que ha estado en el comedor de la prisión, se ha formado una pelea y dos o tres presos han pateado a otro que estaba sentado en su mesa hasta desfigurarle el rostro y la sangre ha salpicado su pantalón.

También hubo una vez que, por medidas administrativas, los Cinco estuvieron en el hueco y Ramón tuvo que permanecer una semana en calzoncillos, sin siquiera un mocho de lápiz para poder escribirme.

Ellos tratan de que los familiares estemos ajenos a las terribles condiciones que viven diariamente y por eso nosotros también tratamos de no transmitirles preocupaciones innecesariamente.

- Durante estos 15 años de prisión ¿qué valor han llegado a adquirir para Ramón acciones que para cualquiera de nosotros resultan comunes?

Para él, practicar deporte es fundamental y durante estos últimos años ha estado limitado porque padece de una artrosis degenerativa en ambas rodillas.

Antes de estar en prisión, por muchos años practicó kárate y otras artes marciales. Ahora, con esa situación de salud, se ve limitado. No obstante, sigue caminando y realizando ejercicios para mantenerse en forma.

Cuando estuvo en la prisión de Beaumont, Texas, vio desde la ventana de la celda dos gaviotas blancas, algo común para cualquiera de nosotros, pero totalmente inusual en una prisión de máxima seguridad donde las cercas perimetrales están electrificadas y las aves no pueden posarse. Eso lo inspiró para escribir un poema.

También en la prisión de Jesup vivió la experiencia de redescubrir lo que eran las flores y me dijo: “Oye, para ti será una bobería, pero estoy impresionado al ver lo lindas que son las flores”.

Recientemente, cuando estuvo de tránsito en la prisión de Tallahassee y lo pusieron a trabajar en la cocina, volvió a ver por primera vez, después de 15 años, el azúcar blanca y me lo contó muy emocionado.


Karina del Valle Luque

Yaniris Hurtado

Estudiante de la carrera de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana.

Se han publicado 1 comentarios


Andrea
 26/5/13 12:59

Realmente es impresionante leer los comentarios de la esposa de Ramón. Debe ser muy duro para ella y toda su familia tener que convivir con la tristeza y la añoranza de no tenerlo cerca. Para él también debe ser muy difícil; tantas viviencias extremas y comunes a la vez y dejar simplemente todo al tiempo, con la esperanza de algún día..."volver a empezar". Mis saludos para Ramón y los demás que aún siguen encarcelados y mucha energía positiva para los familiares y amigos de ellos, por seguirles siendo fieles "a todas", después de tanto tiempo.

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