viernes, 2 de diciembre de 2022

El Brexit…y su cola

Salirse de la Unión Europea tiene sus tramillas...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 29/03/2017
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Reino Unido
El reciente fin de semana manifestantes llenaron el centro de Londres para protestar por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

Que oficialmente Londres haya decidido decirle adiós al pacto comunitario europeo y afiliarse a la tendencia que algunos ya califican como “nacionalismo económico”, no es ni será un proceso simple y sin consecuencias de muchas caras.

Se trata, eso sí, de una decisión sabida, y la propia Unión Europea (o lo que resta luego del anunciado desgajamiento británico), se apresuró a limarse internamente.

Así que, “pecadores” muchos de sus integrantes con respecto a los preceptos fundacionales, la UE dió a conocer este marzo un documento conjunto suscrito en la capital italiana, destinado a fortalecer los ánimos integracionistas y a prometer menos rígidez en la evaluación y mecanismos comunitarios de funcionamiento con respecto a los países que aún se mantienen en la lista.

Una tarea muy complicada a cuenta del escenario regional vigente, toda vez que, entre otros dislates, ni la galopante crisis económica surgida en 2008 en los Estados Unidos, y extendida por el resto del mundo, ha cesado del todo sus negativas repercusiones en el contexto europeo, ni en materia política y militar el Viejo Continente ha dado muestras de siquiera valorar crítricamente su decepcionante papel de instrumento del hegemonismo de los sectores de poder de la primera potencia capitalista.

Por tanto, la unidad tiene huecos que ciertamente no apoyan el hoy urgente imperativo de frenar las tendencias al desgajamiento.

Del otro lado del mar tampoco la marcha hacia la aplicación del Brexit es una autopista recta y abierta.

Según reportes de prensa, el reciente fin de semana no menos de 80 000 manifestantes llenaron el centro de Londres, justo frente al Parlamento, para protestar por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, un paso que consideran un total retroceso para la nación.

Escenas similares se repitieron en Edimburgo, Escocia, donde los organizadores afirmaron textualmente representar “al cuarenta y ocho por ciento de los ciudadanos británicos que votaron contra el Brexit, y a aquellos a los que no se les permitió sufragar: los jóvenes y ciudadanos de la UE que viven, trabajan y pagan impuestos en nuestro país. Estamos indignados por la dirección actual del gobierno”.

Las propias fuentes significan que “las manifestaciones coincidieron con el sesenta aniversario de la firma del Tratado de Roma, que estableció la creación de la Comunidad Económica Europea, antecesora y origen de la UE”.

Hay que indicar que la Unión Europea es considerada el mayor bloque comercial y de libre circulación en el mundo, e integra un congolomerado de naciones con un total de 510 millones de habitantes.

Pero, otros riesgos se han sumado a la decisión oficial de Londres y de su primera ministra Theresa May, y se trata del reverdecimiento de la intención del gobernante Partido Nacionalista Escocés de organizar un nuevo referendo local sobre la independencia de ese territorio, al calor del descontento generalizado por el decisición británica de desgajarse de la UE.

De hecho, hace apenas horas, el Parlamento de Escocia dio su aprobación mayoritaria a la solicitud de la primera ministra de la región, Nicola Sturgeon, que consideró propicio el momento para volver a plantear el desgajamiento con relación a Londres.

En un primer referendo llevado a cabo en 2014, el 55,3 por ciento de los votantes optaron por mantenerse como parte de la Gran Bretaña, y el 44,7 por ciento aprobó la separación.

En consecuencia, se trata de la riesgosa perspectiva de un golpe muy serio a la integridad territorial y económica británica en instantes en que se pondría en práctica su proyectada desvinculación regional, “operación” que demanda no pocos cambios y transformaciones sustanciales, amén de un clima interno lo más estable posible.

En pocas palabras, que la posiblidad de un embrollo de marca mayor no es pura especulación en el futuro inmediato de la vieja Europa y del no menos añejo Imperio Británico.


Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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