miércoles, 28 de febrero de 2024

EEUU y el doble rasero de su política de derechos humanos

La manipulación política y la selectividad en el tratamiento del tema de los derechos humanos hacia Cuba revelan el carácter injerencista e intervencionista de su falsa moral acusatoria...

Jose Valentín Rodríguez Pérez en Exclusivo 20/05/2018
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violencia derechos humanios foto efe
Estados Unidos es una de las naciones que menos garantiza la vida, la propiedad y la seguridad individual de sus  ciudadanos, contando con la tasa de crímenes por habitante más alta del planeta.

Ahora cuando Cuba ha rendido un informe nacional ante el Examen Periódico Universal (un proceso mediante el cual los Estados miembros someten a evaluación de sus pares su desempeño en el área de los derechos humanos) sobre su transparente y honesto desempeño en la defensa y protección de sus ciudadanos, se intentan utilizar sus argumentos con visible manipulación política, por el mismo país que simula defender los derechos de sus ciudadanos. No puedo menos que compartir con mis lectores la manera en que el pretendido gendarme del mundo los viola sistemáticamente y se burla de la comunidad internacional.

En este caso se aplica al viejo refrán popular de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Todos los días la prensa publica noticias de un asesinato, golpizas y torturas a ciudadanos negros en los Estados Unidos, y si recordamos la historia aparecerá el espíritu genocida de los anglosajones inmigrantes que inició el exterminio de los nativos indígenas. Son una epidemia las constantes matanzas, los elevados índices de muertes por la posesión de armas —que se calculan en alrededor de once mil personas anualmente—, además de los frecuentes tiroteos en lugares públicos, universidades, cines, plazas, hospitales.

En el país que se proclama “defensor de los derechos humanos” es usual el confinamiento en cárceles. Según datos del Registro de Derechos Humanos de 2016 publicados en internet, alrededor de ochenta mil presos estadounidenses se encuentran en régimen de aislamiento en calabozos sin ventilación, poca o ninguna luz, afectando su salud psíquica y física.

De acuerdo a esta publicación, los Estados Unidos es una de las naciones que menos garantiza la vida, la propiedad y la seguridad individual de sus ciudadanos, contando con la tasa de crímenes por habitante más alta del planeta.

Otro indicador que muestra la falacia de los derechos humanos en ese país es el estado del desempleo y la miseria. La empresa de investigaciones y encuestas Marotta Wealth Management publicó un informe en 2016 que revela que la tasa de personas sin trabajar en ese país alcanza el 37,2 %; mientras que la miseria está por encima de 14 %, es sin dudas otro atentado a los derechos humanos fundamentales de sus habitantes.

Con qué derecho los Estados Unidos de América, se toma la prerrogativa de juzgar cada año, desde 1976, por sus santos deseos y bajos los escrutadores ojos del Departamento de Estado, el comportamiento de los derechos humanos en 190 países y se permite condenar a quien él considere violador de la Declaración Universal.

Tal cinismo no resulta para nada novedoso. Recordemos las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, en Japón, las invasiones a Corea y Vietnam, a Panamá, República Dominicana, el apoyo a la invasión mercenaria de Playa Girón y el cerco económico, financiero y comercial que mantiene sobre Cuba, no exento en la historia de ataques armados y terroristas.

¿No son estas muestras de hipocresía y doble rasero en su política imperial sobre los derechos humanos?

Si seguimos haciendo un inventario de sus acciones solo aparecerá el descrédito. EE. UU. no ha firmado ni ratificado tratados claves de la ONU en esta materia, como los convenios contra crímenes de guerra de lesa humanidad, la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, ni tampoco la convención sobre los derechos del niño ni contra la prostitución y pornografía infantil; y así otros tantos que tampoco ha firmado ni ratificado.

En el país de las llamadas “ilusiones” o de “las maravillas” viven millones de ciudadanos sin seguro médico, incluidos sus “héroes de guerra”—de sus guerras imperiales— que deambulan por sus calles en total desamparo y enloquecen y llegan a matar. El decreto del presidente Trump de deportar a los dreamers, esos jóvenes que llegaron siendo niños e hicieron su vida en ese país, quiere privarlos del derecho que se ganaron.

¿No es también una violación de los derechos humanos impedir a los ciudadanos estadounidenses viajar a Cuba por turismo?

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en la presentación del informe de Cuba al examen periódico de 2018 en Ginebra subrayó como verdad inquebrantable: “El derecho a la vida ha sido siempre la mayor prioridad”, en Cuba “no hay tráfico de armas de fuego y las tasas de homicidio son muy bajas” lo cual convierte al país caribeño en uno de los más seguros del mundo.

Cuba exhibe su obra como el mejor avatar de su Revolución y, como expresara el canciller, se defiende “el diálogo respetuoso, con apego a principios de objetividad, imparcialidad y no selectividad, y el respeto a la libre determinación de cada pueblo para decidir su propio sistema político, económico y social y cultural, y modelo de desarrollo, es el sustento imprescindible de la cooperación internacional en la materia”.

EE. UU. ataca a Cuba por violar, según su distorsionado criterio, los derechos humanos, pero el expediente imperial es abultado y, aunque lo maquille, se sabe claramente qué ocurre en la realidad con su política falsa y su doble rasero para manejar estos temas en las relaciones internacionales contemporáneas.


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Jose Valentín Rodríguez Pérez

Periodista y analista político


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