martes, 29 de noviembre de 2022

Cuando el mal solo es ajeno

Los grupos norteamericanos de poder acumulan no pocas exclusividades.Clasificar a los demás es otro récord oficial norteamericano...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 08/02/2012
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Aguila Imperial

Los grupos norteamericanos de poder acumulan no pocas exclusividades.

Así, lideran la hasta ahora primera economía mundial. Son además los promotores del más abultado presupuesto militar del orbe, superior a la suma de los gastos bélicos de los diez países que siguen a los Estados Unidos en esa lista. Constituyen la nación más endeudada del planeta. Mantienen el record global en el veto a resoluciones de la ONU sobre los más diversos temas… y son los campeones de la confección de listas destinadas a señalar las “culpas” ajenas.

De manera que ya es un acto harto frecuente que desde el poderoso vecino del Norte se anuncien con periodicidad matemática calificaciones de toda suerte destinadas al resto del mundo.

Al fin y al cabo, gustan anunciar algunos personeros imperiales, se trata de una suerte de designio o derecho “divino”, otorgado por los cielos a una “civilización” perfecta, acabada, justa, democrática, libre, protectora de todos las prerrogativas imaginables, y, en consecuencia, destinada a regentear los destinos de los demás pueblos, con su cargas de deprava-ción, inutilidad y condenables pecados.

Y como hablamos de un diferendo entre un sobresaliente icono y una turba de infieles y seres inferiores, todos los deslices son posibles y permisibles, hasta el de aplastar naciones a cuenta de tales juicios unilaterales, no importa que los males estén en casa al por mayor.

Lo afirmaba años atrás a los cuatro vientos y sin mayores rubores Robert Cooper, asesor personal del ex primer ministro británico Anthony Blair para asuntos de política exterior: “Debemos acostumbrarnos totalmente a la idea del doble rasero”.

Es decir, se trata de algo natural y hasta necesario asumir como lícito en los vínculos mundiales que los peores epítetos y culpas recaigan sobre aquellos que no resultan agradables a los opulentos, mientras que los que se pliegan, hagan lo que hagan dentro y fuera de sus predios, jamás serán molestados.

Y en esa cuerda el autor paquistaní Tariq Alí, en su texto El Choque de los Fundamentalismos, concluye que “la máxima implícita en tan cínica actitud es la de castigar los pretendidos crímenes de los enemigos, y recompensar los de los amigos”. Así de mondo.

En consecuencia, apuntaba recientemente un colega de la prensa local, “colocar en la picota pública a los oponentes, las mar de veces amplificando al máximo cualquier error o defecto, o con el reiterado uso de la mentira más absoluta, es una forma de condicionar el escenario para los golpes ulteriores destinados a acomodar el panorama a favor de los pretendidos denunciantes.

“Así, por ejemplo, en nuestros días se estigmatiza el programa nuclear iraní, destinado a fines pacíficos, mientras no se dice una palabra de los arsenales atómicos sionistas, que datan incluso de décadas pasadas y de los cuales Tel Aviv no ha rendido cuentas a nadie.

“O se habla de lucha contra el terrorismo a escala global, mientras se da seguro y oficial albergue en suelo norteamericano a asesinos como Luís Posada Carriles, y se envía a prisión de por vida a patriotas cubanos comprometidos en la defensa de su país frente a las prácticas violentas de aberrados ultraderechistas con asiento en La Florida.”

Algo similar ocurre, sigamos con los ejemplos, cuando se critica y amenaza a naciones progresistas por presuntos lazos con el narcotráfico, al tiempo que dentro de los Estados Unidos las mafias locales hinchan sus arcas con los dineros de los millones de adictos que pululan en el más masivo mercado de alucinógenos del orbe.

En otras palabras, estamos ante la dinámica imperial de lanzar piedras al techo ajeno, no importa que la cubierta propia esté preñada de agujeros.

Al fin y al cabo, establecer imágenes negativas es un negocio que propicia desbaratar lo incómodo incluso a golpe de bombas y muerte… y allanar el camino al poder mundial “bien lo amerita todo”.


Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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