domingo, 27 de noviembre de 2022

Cualquier semejanza no es mera coincidencia

Paris toca a rebato contra al Estado Islámico…pero ojo...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 19/11/2015
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Para empezar estas líneas valen al menos dos consideraciones:

La primera indica que la ingenuidad es de los peores defectos de quien pretende analizar el devenir político.

La segunda, y a tono con lo dicho en el párrafo precedente, resulta el acabar de admitir, muy a pesar propio, que si la sensatez fuese una mercancía, constituiría hoy la más cara del orbe en razón de su enorme escasez.

Y todo lo anterior viene perfectamente a colación luego de conocerse el excitado llamado de Francia a sus restantes aliados occidentales para llevar adelante una cruzada total contra el terrorista Estado Islámico en suelo sirio, de manera de “vengar bien caro” los horribles atentados ocurridos en la Ciudad Luz días atrás, para citar palabras textuales de personeros oficiales galos.

¿Y quién puede desconocer que alguien sienta ira, dolor, impotencia y asco frente al asesinato de civiles inocentes a manos de gente tan absurda y fanática?

Solo que, cuidado, porque más de una vez en esta suerte de irracional “prehistoria” que todavía vive el mundo, potenciar la sangre caliente a cuenta de desgracias como las ocurridas en París puede ser un gran negocio para aquellos que, por encima de sus propios muertos, aprovechan los desbordes de ímpetu y angustia para materializar intereses nada lícitos ni dignos.

Por eso no es descabellado alertar –como ya lo hacen no pocos analistas en el planeta- que los sucesos de ese noviembre en Francia podrían derivar casi literalmente en el equivalente, con etiqueta gala, al 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y que, por tanto, los llamados del Eliseo a sus socios otanistas a atacar territorio sirio para “eliminar el terrorismo”, persigan en realidad ganar nuevos espacios para consumar finalmente el derrocamiento de las autoridades de Damasco, contra las cuales Occidente entrenó, armó y pagó a los hoy “militantes incontrolados” del Estado Islámico.

De manera que tan díscolos “rebeldes musulmanes”, excedidos en sus tareas asesinas antes aplaudidas, impulsadas y toleradas, terminarían siendo ahora el pretexto ideal para colocar tropas y equipo bélico foráneos en suelo sirio, optar por apoyar aún más a otros belicosos segmentos de la titulada “oposición interna”, crear nuevos y severos problemas a la actual administración local, y entorpecer lo que algunos voceros hegemonistas han dado en llamar “la injerencia rusa” en un escenario que consideran esencial en sus planes geopolíticos con relación al llevado y traído cerco contra Moscú y Beijing.

Y si alguien todavía no lo había pensado así, basta que se remita a las invasiones militares  norteamericanas a Afganistán e Iraq a raíz de las campañas de odio contra todo lo musulmán promovidas luego del 11 de septiembre de 2001, y al hecho de que la Al Qaeda de Osama Bin Laden se trasmutó entonces, de fiel aliada de Washington en su expansionismo en Asia Central, Oriente Medio y el Este de Europa, en el “enconado enemigo” a batir en cada “oscuro rincón del orbe”, según el mimetizado verbo del entonces presidente George W. Bush.

En consecuencia, estaríamos por estos días asistiendo, en el estratégico universo mesoriental, a la posible reedición de un gastado filme, pero con un ligero cambio de actores principales.

Aunque –vale no pasarlo por alto- al final el guion, la dirección, y hasta la música y la fotografía, tienen la misma marca de origen que la vieja cinta  primaria.


Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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