viernes, 24 de mayo de 2024

Caos Made in Occidente

Libia se convierte en otro matadero entre facciones opuestas.El Consejo Nacional de Transición envió efectivos a las regiones de Zintan, Mizdah y Shegayga...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 07/07/2012
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En Libia comienza a repetirse el esquema de desintegración y violencia nacional.

Barack Obama podrá jactarse de “haber instaurado la democracia en Libia”, pero la realidad derivada del violento derrocamiento en octubre último de las autoridades legítimas de Trípoli, no tiene otra definición que “anarquía sangrienta.”

Desde luego, ni pensar que el gritón aparato mediático al servicio de Washington y del resto de occidente prestaría mayor espacio a divulgar semejante crisis interna.

Las toneladas de papeles y palabras estaban celosamente destinadas a mentir sobre la otra Libia, la ya desaparecida.

A hablar de pretendidas violaciones de los derechos humanos, de matanzas oficiales, y de gloriosos rebeldes, ni siquiera libios, armados, entrenados, pagados y dirigidos por los servicios secretos imperiales, el sionismo y las satrapías árabes, con el seguro concierto de los grupos terroristas islámicos.

Ahora, la “nueva Libia”, la que pierde la piel y la sangre bajo las nuevas autoridades fabricadas en el exterior, es apenas un nombre que se pronuncia de cuando en vez, y los males que llegaron con el orden extranjero deben ser pasados por debajo de la mesa.

De manera que muy poco o nada se dice de la verdadera guerra de facciones que viene ocurriendo en territorio libio, donde el Consejo Nacional de Transición no tiene la menor capacidad de convocatoria, y mucho menos la fuerza para implantar el orden y la seguridad.

Como bien apuntaba un analista, la citada entidad, apenas un remedo de gobierno, “es débil e ineficaz.” En consecuencia “unas sesenta milicias son los verdaderos centros del poder. Incapaz de eliminarlas, el Consejo utiliza algunas como fuerzas auxiliares en casos de emergencia. Otras se están registrando entre los diversos partidos políticos, en una tendencia peligrosa.”

De hecho, el pasado mes de junio fue pródigo en enfrentamientos, disputas, combates, reyertas y golpes de mano entre los diferentes grupos armados que pululan en la era post Khadafi.

Así, por ejemplo, integrantes de la llamada milicia Zentan ocuparon ese mes un edificio en Trípoli, sede de una empresa petrolera, para demandarle el pago de 600 mil dólares a cambio de “protección” para sus campos de crudo.

Solo que el grupo llegó tarde, porque el consorcio ya había abonado la cuota a otra facción armada con iguales fines y similar modo de “cerrar negocios”.

Por demás, a inicios del pasado mes, efectivos de la titulada Brigada alAwfea ocuparon el aeropuerto de Trípoli y cortaron el tráfico de aviones comerciales a viva fuerza, para exigir la liberación de su cabecilla, el coronel Abu Oegeila al Hesbshi, presuntamente retenido por el denominado Comité de Seguridad de la capital Libia.

También en el recién concluido junio, el Consejo Nacional de Transición envió efectivos a las regiones de Zintan, Mizdah y Shegayga, en el oeste de Libia, donde varios grupos insurgentes batallaban entre si por el control de varias comarcas.

De hecho, el autoproclamado “gobierno nacional” decretó zona militar el área de lucha, y debió enfrentar acusaciones sobre el uso de armas químicas contra las milicias en conflicto.

Un representante de uno de los grupos armados denunció que al menos ochenta personas ligadas al conflicto habían perecido víctimas de la utilización de bombas de gas tóxico por las tropas fieles a Trípoli.

La disputa se dice estalló cuando una de las facciones intentó apresar a integrantes de otra de las bandas armadas, en un contexto de viejas disputas territoriales.

De manera que, al decir de los entendidos, en Libia comienza a repetirse el esquema de desintegración, caos y violencia nacional que ya ha impuesto la injerencia occidental en otras zonas bajo su control, como Yugoslavia, Afganistán o Iraq.

Sencillamente, la ley del más fuerte, a la usanza del Viejo Oeste gringo.


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Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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