viernes, 9 de diciembre de 2022

Camilo es y será

Nadie mejor que el Señor de la Vanguardia...

Norelys Josefa Morales Aguilera en Exclusivo 28/10/2016
1 comentarios

De La Habana tuvo un Lawton que lo lanzó a la calle y le prestó su alegría y ese inconfundible ardor de ser de pueblo, trabajador, artesano, sensibilidad acendrada que a la injusticia le levanta el puño. De lavaplatos en Norteamérica, de nostalgia de Isla, de irredento en cualquier sitio. ¿A dónde ir que no fuese a la gesta, a la carga redentora para acabar con los bribones?

Era México el rumbo para ser libres o mártires, como un Fidel lo decía. Alcanzó un número en los 82, que entre el mar, picado y la incertidumbre, comiendo apenas unas naranjas, como fantasmas a la epopeya, buscaban costas cubanas, en frágil yate, que casi por azar cruzó el Golfo hacia la Isla.

Pero, el desembarco fue difícil el 2 de diciembre de 1956, entre fango y vegetación costera, una punta de mangle conocida como Los Cayuelos a dos kilómetros de playa Las Coloradas, en el Oriente. En los pantanos salobre perdían el equipaje guerrero.  

En la mañana del 5 de diciembre de 1956, acamparon a la orilla de un cañaveral, en un lugar con el paradójico nombre de Alegría de Pío, donde fueron casi todos asesinados a mansalva. Menos de 20 sobrevivieron y con siete fusiles, Fidel Castro, aseguró que ganaban la guerra.

También Camilo supo que tendrían la victoria hechos pueblo. Fue de los capitanes de Fidel, que se batía corajudo en La Sierra y en el Llano, hasta que el simpar amigo Guevara, llegó a verlo como el Señor de la Vanguardia, con todo el arrojo de la cubanía, que sí, que le hizo un cuento a la muerte y como que le arrancó un jarrete al toro.

Le vieron crecer leyenda. Firmó sus letras como “cien fuegos”. Fue tejiendo luchas de campesinos y anhelos de patria esclava, que iluminaría el cosmos de los irredentos. Primero llevaba un casco de soldado y luego aquel sobrero alón, para acuñar tal vez el beso a la tierra villareña, luego del épico trance, de modernos invasores libertarios, del Oriente a la Habana, que en sus brazos rompería los muros del enclave más sangriento.

Jefe singular, otro yo de muchedumbres, la confianza de Fidel: ¿Voy bien, Camilo? entre palomas y algarabías, adusto también supo “que en lo adelante todo sería más difícil”, y luego si el Comandante hablaba no existía otra tarea. Al Camagüey fue para torcer la traición. Lo hizo. Y en aquella noche aciaga, se presume que el mar lo quiso para sí y para contemplar los jardines que manos amorosas le prodigan, año tras año a Camilo.

Cuenta una madre que en días de la gran búsqueda y desconsuelo, su niña, desde el alféizar de la ventaja, gritaba que iba la gente, ella los veía pasar, tantos que a Camilo sí lo encontrarían. No fue. Camilo se hizo inmortal como el pueblo noble que le lloraba.  

Aún queda su voz con los versos de Byrne a la bandera y el mandato a la libertad y la conquista del futuro. Pero no solos, porque esos que luchan, no importa dónde, son nuestros hermanos, así dijo.  

Fidel auguró que entre el pueblo había muchos Camilo ¿Cuántos? ¿Cuáles? Difícil saber y sabemos que existen. Es y será, mientras un niño se vuelva hombre pensando, que “Camilo es un buen cubano”. Ninguno mejor con su talante de pueblo, que el Señor de la Vanguardia.


Norelys Josefa Morales Aguilera

Periodista y escritora cubana, impulsora de Blogueros y corresponsales de la Revolución

Se han publicado 1 comentarios


armando
 4/11/16 17:48

Saludos: Camilo, siempre sera Camilo. Aunque haya inmorales alrededor del mundo, sera la mayor confianza de Fidel y del pueblo en Cuba.

Los traidores que provocaron la muerte de Camilo, JAMAS pagaran lo que han hecho, y quienes dicen mentiras y "quieren desprestigiar a Camilo" desprestigian al pueblo en Cuba.

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