lunes, 22 de abril de 2024

Bojeo Mundial (I)

Resumir cuanto late en nuestro atropellado planeta, duele, pues el inventario es enorme…

Elsa Claro Madruga en Exclusivo 23/12/2013
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Siebra del cultivo de opio
El cultivo de opio ha aumentado a pesar de los esfuerzos por erradicar estas plantaciones ilegales.

Ni el oráculo de Delfos ni ningún otro sistema adivinatorio de la antigüedad o el presente ha logrado predecir con exactitud el destino de personas o pueblos. Lo arbitrario de individuos influyentes o las diferencias entre poderosos, en varios momentos precisos de la historia humana, dieron vida a una contemporaneidad tan compleja como semejante en lo que respecta al método empleado para mantener poderío por encima de otros.

Dicho de otro modo: el afán por prevalecer y tener supremacía sobre lo ajeno, sea de índole natural, geográfico o ideológico; poco cambió, pese a la fatal implosión de una prometedora experiencia, fenecida hace 22 años, y pese al enorme desarrollo de la ciencia y la técnica donde sí hubo evolución, pero una que pudiera tener mayor encumbramiento si intereses mal manejados no se pusieran por delante de cuanto sería beneficioso para el adelanto universal.

Insisto, mientras uno o varios quieran estar encima, dominar por la fuerza al resto, ni siquiera ellos mismos avanzarán lo suficiente como para tener un desempeño óptimo o todo el que el conocimiento adquirido permite.

Las bridas que se colocan a pueblos y regiones, pretendiendo homogeneizar estructuras que obedecen a patrones culturales muy distintos, acarrea ámbitos indóciles, decapita el avance en cualquiera de sus ángulos. Y existe poco tiempo para abandonar posiciones arcaicas, que sujetan los mejores desempeños, porque el sitio donde vivimos se muere. Es decir, lo estamos asesinando.

El 2014 llega con esa abrumadora carga. Un repaso apretado de los centros de tensión más significativos, remite a las primaveras árabes, que llegaron al más crudo invierno sin haber florecido. Los egipcios lograron derrocar a Hosni Mubarak, pero quedaron a expensas de un ejército que sostuvo durante decenios al depuesto jefe de Estado y no tuvo reparos en llevarlo a la cárcel, permitir elecciones y, al poco, encarcelar al presidente recién nominado. ¿Duplicidad de enfoque o un accionar cargado de oportunismo?

Incluso, aplicando un filtro de tiernos colores, se verá que los cambios de posición y las acciones contradictorias de los altos cargos de esas fuerzas armadas tienen sometido al país de las pirámides en un esquema de incertidumbre permanente. No se dilucidan los serios problemas económicos que estuvieron al centro de las protestas ciudadanas iniciales, ni mejoran tampoco las condiciones para que convivan las distintas corrientes políticas y confesionales sin rozaduras ni extremos.

Algo parecido, dentro de sus salvedades propias, ocurre en Túnez y otras naciones, que dio lugar a los levantamientos populares denominados con tan prometedor apelativo. Esos eventos se aprovecharon para hacer reajustes, obviamente, no bien estudiados o, como es usual, atendiendo a lo beneficioso para unos pocos, no para la mayoría. De ahí que impere un precario después.

En Libia, hoy no existe siquiera un Estado propiamente dicho. El fraccionamiento actual supera al que pudo existir en etapas pretéritas. Quienes desde Francia y Estados Unidos, sobre todo, impulsaron el derrocamiento de Muamar el Gadafi, no logran, o no les interesa, establecer ahora siquiera un mediano control sobre cuanto sucede y está dañando al país completo. Del desarticulado territorio pueden emanar conflictos y peores sorpresas. Nadie espera que el año que comienza sea de reparaciones ni serenidad.

Es obvio que los iraquíes, en tanto, siguen sufriendo las consecuencias de la invasión. Gran parte del enclave se mantiene físicamente devastado y quienes ocupan los cargos oficiales no lograron establecer un orden que lleve a cierta calma. Casi seguro tampoco está cerca el éxito. Dilucidar eficazmente las divisiones provocadas por los ocupantes como recurso para contener la resistencia iraquí, resultaron útiles a los usurpadores en aquel momento, pero una desventura mayúscula para los nativos entonces y, sobre todo, en la reciente etapa, cuando se debería estar rehaciendo lo destruido. Este es ese tipo de evento que una vez desencadenado no retorna fácil al redil.

Cualquier recuento sobre los sucesos de mayor tonelaje en el año que concluye y con alta perspectiva de proyectarse hacia los próximos 365 días está obligado a considerar los tiquis-minis norteamericanos para dejar Afganistán. Sobre todo porque repetir actos brutales e insidiosos no mueve bondades. Trae odios, malas parcelaciones, ruina.

Hasta el momento, una sucesión de promesas sobre la retirada y actos contradictorios de Washington, estancan el proceso de obtener orden y reacomodos, en un ambiente bastante intoxicado.

El presidente Hamid Karzai, quien de vez en cuando asume posiciones contrarias a las norteamericanas —puede que hasta por un sentido mínimo de vergüenza personal—, ha mostrado su desacuerdo con las últimas propensiones de quienes atacaron su país y quieren quedarse en él. Entre los últimos sucesos se encuentra la negativa del mandatario afgano a firmar un acuerdo de seguridad bilateral. El texto que le presentara la administración de Obama busca darle base jurídica al mantenimiento de miles de efectivos en ese territorio centroasiático, una vez traspasada la fecha de retirada que prometieron.

El soporte para dejar tropa en ese escenario donde se mantuvieron por 12 años es la mal llamada “lucha contra el terrorismo”. Para obtener un sí al pacto ofertan unos 15 mil millones de dólares anuales en ayuda a Kabul. Cantidad que no le darían si no son aceptadas los exigencias para prolongar la estancia militar. Apesta a chantaje el caso.

Las empresas estadounidenses, pagadas con presupuesto oficial de EE. UU. no edificaron nada que se mantenga en pie o sirva de base a un porvenir decoroso para los nativos. Deja, eso sí, en la tal semiretirada, serias deformaciones que reintrodujeron de modo irresponsable.

Ante todo, la cadena del narcotráfico a partir de la siembra de opio, con una capacidad tan destructiva como millonaria, por lo cual es casi imposible erradicar el problema, extendido fuera de Afganistán, hasta llegar a los consumidores en Europa y Norteamérica vía Kosovo, donde radica la mayor base militar de EE. UU. en el exterior.

“Estados Unidos actúa con sesgo colonialista, no como aliado”, dijo en entrevista a Le Monde, Karzai, criticando el uso de drones contra civiles afganos. Insiste en que no es en poblados del país donde debe combatirse al terrorismo sino en los santuarios donde les amparan.

Sostiene, de otro lado, que Washington no hace el mejor esfuerzo para alcanzar una paz aceptable y permanente, cuando, ¡menuda contradicción!, los talibanes son proclives a procurarla. El Pentágono opta por dividir a las diferentes etnias, fomentando pequeños feudos rivales que debilitarían fatalmente al país. Algo parecido, en suma, a lo hecho en Irak con tan adversas como crispadas perspectivas.

Resumir cuanto late en nuestro atropellado planeta, duele, pues el inventario es enorme. Pero como ante cualquier adversidad, es mejor estar prevenidos, volveremos.


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Elsa Claro Madruga

Analista de temas internacionales


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