viernes, 9 de diciembre de 2022

Abriendo pasos

A poco de su conclusión, la Segunda Cumbre CELAC-UE proyecta elementos positivos...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 11/06/2015
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Este jueves, tal como reza el programa oficial, cierra sus puertas la Segunda Cumbre entre la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, CELAC, y la Unión Europea, UE, que tuvo su sede en la ciudad de Bruselas.

Se trata de un intento bilateral de entendimiento y consenso, aún en las condiciones —no libres de trazos netamente ajenos— que hacen diferir a ambos polos regionales en no pocas de sus percepciones y acciones a escala global.

No obstante, es válido y plausible el esfuerzo por el diálogo abierto, diáfano y franco, en un contexto de igualdad y respeto, una premisa que ayuda a conocerse mejor e incluso facilita las acciones mutuas en asuntos donde las coincidencias no ofrecen mayores dudas.

Y en ese sentido, y a pesar de su juventud como ente político internacional, ciertamente la CELAC ha marcado importantes pautas.

No puede pasarse por alto la alta influencia que tienen en el seno del nuevo conglomerado hemisférico los gobiernos de corte popular y progresista surgidos en la región en los últimos años, portadores de un nuevo espíritu integracionistas y defensores de los principios de diálogo, paz, respeto mutuo, no injerencia, y de la potenciación del rol de América Latina y el Caribe como un trascendente factor en la arena mundial.

Un conglomerado que indudablemente no puede ser pasado por alto por ningún interlocutor, y cuyos vínculos constructivos con la Unión Europea, transida de posiciones y actos identificados con políticas hegemónicas extrañas, bien podrían incluso ayudar a reverdecer un espíritu más independiente y autóctono entre los miembros de la golpeada entidad del Viejo Continente.

De hecho, las principales intervenciones de los líderes de América Latina y el Caribe en la Segunda cumbre CELAC-UE, promovieron precisamente la autodeterminación, el respeto mutuo, el diálogo y la prevalencia de un mundo multipolar como garantías de avance universal, un mensaje que llegó claro y fuerte a los anfitriones europeos.

Rafael Correa, presidente ecuatoriano y también al frente del mandato rotativo de la CELAC, fue enfático en este sentido al reclamar un diálogo “entre regiones libres y dignas”.

La delegación cubana, por su parte, abogó también por una relación creciente y constructiva con las naciones del Viejo Continente, a la vez que precisó que Europa no solo constituye un importante socio comercial de la Isla, sino que además tiene todas las posibilidades de acompañarla en su actual proceso de transformaciones.

Por lo pronto, y vale destacarlo, la UE reconoció a América Latina y el Caribe como una “región de paz”, un acuerdo clave de la CELAC que reivindica la no intervención en los asuntos internos y la no violencia como elementos claves en las relaciones internas y externas del Sur del Hemisferio americano.

El prolongado bloqueo de los Estados Unidos a Cuba, que debe desaparecer como una de las condiciones esenciales para coronar con éxito el actual proceso de restablecimiento de relaciones entre La Habana y Washington, también fue objeto de rechazo en las sesiones de la Cumbre.

Mientras, entre las informaciones más recientes y destacadas aparece la concordancia entre ambos bloques en torno a la preocupación mutua que generan las sanciones unilaterales de los Estados Unidos contra Venezuela, y la necesidad de que la administración norteamericana ponga fin a esos actos lesivos a la soberanía y la integridad de la República Bolivariana.

Son saldos importantes que casi al cierre de este segundo encuentro CELAC-UE, ponen sobre la mesa las nuevas corrientes de pensamiento y acción que van cobrando cada vez más fuerza en esta zona geográfica, y que de alguna manera ganan también espacio y reconocimiento entre nuestros más diversos interlocutores.


Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista


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