martes, 6 de diciembre de 2022

Símbolo del martirilogio moncadista

Se trata de la fotografía donde aparece el asaltante José Luis Tasende herido en una pierna, pero vivo, en la mañana del 26 de julio de 1953...

Igor Guilarte Fong en Exclusivo 24/07/2019
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José Luis Tasende-herido en una pierna
La frase de José Luis Tasende: “Estar en la revolución es vivir en ella, y vivir en ella es hacerla” contiene el absoluto compromiso de lucha de los que integraron la Generación del Centenario. (Foto: Senén Carabia).

La foto –a pesar de los años transcurridos, lo harto conocida y lo sencilla– es extraordinariamente impactante. ¿Por qué? El rostro no es alegre ni triste, aunque refleja una dramática situación personal. Se ve un muchacho de pelo negro y despeinado, en la manga derecha faltan los galones de sargento, tiene la pierna izquierda recogida, el otro pie descalzo y ensangrentado, sangre regada por todos lados; al frente, del piso de granito parece surgir una colilla de cigarro pisoteada, por un costado parece salir la punta de un zapato y por el otro está la puerta de una habitación contigua.

El muchacho muestra las manos muy unidas, como atadas; un anillo en su dedo anular indica que es padre de familia. Es un buen hombre. Su mirada firme, aguda, circunspecta, profunda, determina el conjunto fotográfico. Una mirada que trasciende el instante y proyecta un mensaje hacia el futuro.

Al momento de oprimir el obturador de su cámara, el fotógrafo no pudo imaginar que dejaría para la posteridad una de las pruebas más irrebatibles de los crímenes cometidos contra los jóvenes del Centenario hechos prisioneros tras la acción del Moncada. Se trata de la fotografía donde aparece el asaltante José Luis Tasende, arrinconado, herido seriamente en una pierna, aunque vivo, en la mañana del 26 de julio de 1953.

Durante varios años, los historiadores no se pusieron de acuerdo o no indagaron con suficiente profundidad, de ahí que surgieron decenas de versiones distintas con respecto al lugar y las circunstancias exactas en que fue captada la imagen. Por tal motivo la fotografía ha sido ubicada en la posta 3, la barbería del cuartel, la oficina del SIM, el despacho del jefe del regimiento, la clínica de Emergencia o el Hospital Militar, entre otros. ¿Quién la tomó? ¿En qué circunstancias? ¿Dónde fue realmente? A estas y otras cuestiones nos acercamos a continuación.

LA ODISEA TERRIBLE

Pepe Luis Tasende, quien vivía en Marianao y trabajaba en un frigorífico de la fábrica de mantequilla Nela, era miembro del Comité Militar de la dirección del Movimiento. En la madrugada de la Santa Ana, integró el grupo principal guiado por Fidel que atacó la Posta 3. Llegó en el carro de vanguardia y formó parte del puñado de asaltantes que logró entrar dentro de la fortaleza. Allí combatió heroicamente hasta que se frustró el plan sorpresa.

De acuerdo con una narración de José Suárez –uno de los tres sobrevivientes de ese grupo comando– en plena refriega: “vimos acercarse a José Luis Tasende, arrastraba con dificultad una pierna con el pantalón ensangrentado. Nos dijo que estaba herido en un muslo. Yo lo ayudé a acostar en una pequeña cama que había en la posta 3”. No obstante, en otra oportunidad el propio Suárez sostuvo un segundo testimonio, refiriendo que en la retirada junto a otros compañeros, vieron a Tasende y lo llamaron, pero este les hizo señas con la mano para que avanzaran, y pensaron que los seguiría. A esas alturas Tasende había sido impactado por una ráfaga en la extremidad inferior derecha. Esto sería confirmado por el también combatiente Jesús Montané, al afirmar que durante la acción lo vio herido en una pierna.

Lo cierto es que Tasende quedó atrás, solo, en medio de la confusión por la oscuridad y la balacera. Todo indica que, de alguna manera, pudo alcanzar la esquina de la Carretera Central y la calle Trinidad, en los alrededores del Moncada, donde se lo topó el soldado Mónico García. Confundiéndolo este con un sargento, lo cargó “a caballito” por dos cuadras hasta montarlo en una guagua de la línea La Oriental, en la que lo llevó hasta el Hospital de Emergencias, sito unas cuadras más abajo, en Trinidad y Moncada.

Frente a ese local –ocupado hoy por una logia masónica– se detuvo el ómnibus a las 6:30 de la mañana, aproximadamente; según recordó Aníbal Martínez Jústiz, médico suplente que hacía allí la guardia aquella madrugada infernal. Entre el militar, el chofer y la conductora lo bajaron cargado. De inmediato el doctor y el practicante de enfermería Simón Odio lo inyectaron con morfina e hicieron un torniquete para contener el sangramiento profuso. Luego le suturaron y vendaron la herida. Les impresionó la entereza con que aquel joven soportaba el inmenso dolor sin quejarse en ningún momento.

Durante unos minutos permaneció Tasende en la mesa de curaciones, cuentan que medio en estado de schok, a la espera de ser remitido a un hospital pues los especialistas habían dictaminado amputarle la pierna, dada la gravedad de las lesiones. Pero la mala fortuna se hizo presente. Mientras realizaban dichas gestiones, llegó a Emergencias un grupo de soldados con un compañero herido de bala en un brazo.

Al ver al supuesto sargento les llamó la atención que llevaba zapatos de corte bajo, cinto de civil y grados bordados a mano. “Es uno de ellos”, gritaron y se abalanzaron sobre el paciente. Uno de los esbirros le arrancó los galones del brazo derecho y lo lanzaron violentamente de la camilla. Los guardias obligaron al ambulanciero Suitberto Horrutiner a trasladar al detenido hasta el Hospital Militar –actual sede de la Escuela de Estomatología–, ubicado en las proximidades del Moncada. El desenlace es más que sabido.

LA FIGURA ICÓNICA

Era aún de madrugada cuando localizaron a Senén Carabia Carey en su casa. Como fotógrafo del Negociado de Prensa y Radio del cuartel, el coronel Chaviano le ordenó retratar las bajas militares. Así fue recorriendo los diferentes escenarios vinculados al combate hasta llegar al Hospital Militar, donde encontró a Tasende en el primer piso, sentado en el suelo tal como aparece en la foto. Imaginando que se trataba de algún sargento de otra provincia que anduviera por Santiago con motivo de los carnavales y hubiera apoyado en la defensa del cuartel, Carabia lo retrató.

“En uno de los pasillos del hospital, hacia el ala derecha que terminaba en una sala de enfermos, me encontré con un herido en una pierna, estaba como azorado, sentado en el suelo, y con traje militar y galones de sargento. […] Enseguida le hice una fotografía”, relató el autor de la trascendental imagen. Lo inaudito fue que esa foto integró un cuadro de honor confeccionado por orden del Estado Mayor del Ejército, para exponerlo en los cuarteles y exaltar el valor de los militares muertos y heridos. Además, Carabia entregó copias de esas gráficas a los medios de prensa. Al ser identificado Tasende mediante los exámenes dactilares, se ordenó rápidamente destruir las evidencias.

De todos modos, no pudieron evitar que la foto trascendiera el tiempo y el espacio, como prueba irrefutable de los criminales asesinatos cometidos contra los revolucionarios prisioneros. Si bien existen distintas versiones con respecto al lugar y las circunstancias exactas en que fue tomada la impactante imagen, la más fehaciente parece ser la sostenida por Carabia.

Resulta sumamente conmovedor imaginarse aquel instante en que fue captado por ese lente indiscreto. ¿Qué pasaría por su mente? A pesar de las molestias de la carne desgarrada, y quizás a sabiendas que se avecinaba una eventualidad mortal, por encima de todo se percibe al luchador viril, al humano sereno. Lo peor es que horas después de quedar salvado para la historia, Tasende engrosaba el listado de caídos en combate. Para que se tenga una idea del estado en que quedó su cuerpo, véase este dictamen forense:

“Se examina un cadáver que viste pantalón kaki. Presenta una venda en la pierna derecha, sobre trece heridas de bala, diseminadas por la cara antero-posterior de la pierna derecha; dos heridas de bala en la región occipital media, casi en la nuca, una en la cara postero-lateral izquierda del cuello, dos en el lado izquierdo de la cara, una al parecer de proyectil de gran calibre en la región esternal. Se ocupan el pantalón referido y las vendas. Siendo la causa directa de la muerte hemorragia intracraneana y torácica y la indirecta heridas por proyectiles de arma de fuego”.

Después del Triunfo de la Revolución la fotografía de José Luis Tasende ha sido reproducida en disímiles ocasiones. Pero no solo por constituir la estampa del martirologio moncadista, sino por contener la virtud, el carácter y el compromiso de lucha de quienes integraron la Generación del Centenario.


Igor Guilarte Fong

"Un periodista que piensa, luego escribe"


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