jueves, 1 de diciembre de 2022

Otros diarios hablan del Che

Diarios poco conocidos de combatientes cubanos, así como el libro Mi campaña con el Che, hablan de la odisea vivida en la selva de Bolivia...

Luis Hernández Serrano en Exclusivo 08/10/2012
4 comentarios
Facsimil del diario del Che
Facsímil del diario del Che.

Diarios poco conocidos de los guerrilleros cubanos Eliseo Reyes Rodríguez (Rolando), Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho), Israel Reyes Zayas (Braulio) y Octavio de la Concepción y de la Pedraja (Moro), así como el libro Mi campaña con el Che, del combatiente boliviano Guido Álvaro Peredo Leigue (Inti), hablan del Che, de sus compañeros y de la odisea vivida en la selva de aquel país.

El de Rolando, abarca del 11 de agosto de 1966 al 20 de abril de 1967. El de Braulio, de octubre de 1966 al 9 de agosto del propio año. El de Pacho, del 31 de diciembre al 7 de octubre, y el del Moro, del 18 de noviembre al 11 de abril de aquel año 1967.

Tales diarios permiten conocer que Guevara en el suyo, por su sencillez y modestia, omitió reveladoras cuestiones personales. Por ejemplo, habla poco de la educación, pero la concebía como parte esencial de la guerrilla, para la captación de los futuros cuadros políticos y militares. Él mismo impartió clases culturales y también estrategia militar, camuflaje, brújula y las experiencias vietnamitas.

Enseñó francés, economía política, matemática, gramática, historia, geografía y quechua. Y creó esa escuela, no solo para el tiempo de campamento, sino también para las grandes marchas y hasta en los cercos.

Pacho, el 29 de septiembre de 1967, anotó: “Estamos rodeados por todas partes (…) hasta el ruido de una cantimplora puede costarnos la vida”. Y días después, apuntó: “Dan cinco millones de bolivianos por cualquiera de nosotros, vivo o muerto”.

Asimismo, apuntó que el propio Che, como un simple combatiente, hizo desayunos, impartió clases, probó proyectiles antitanques, dedicó un día a la cocina, hizo guardia, fue ayudante del cocinero, leyó un libro a la tropa, realizó exploraciones, entre otras tareas.

Inti, en su libro, cuenta que ante la vestimenta andrajosa, la falta de higiene personal, la comida escasa o primitiva, las carencias de utensilios domésticos, los guerrilleros adoptaban actitudes semisalvajes. El Che combatió con energía esta conducta y orientó el trabajo para estimular el espíritu constructivo y creador del combatiente. Se construyeron bancos, un horno para el pan y otras comodidades, y se organizó la limpieza a fondo del campamento.

Incluye Inti lo incautado al Che en su mochila: una libreta verde que Guevara tenía en su mochila cuando fue capturado herido, sin posibilidades materiales y objetivas de combatir, había escrito de su puño y letra los poemas “Canto General”, de Pablo Neruda, y “Aconcagua” y “Piedras de hornos”, de Nicolás Guillén.

Igualmente, tenía dos libros sobre socialismo; una bolsa pequeña con dólares y pesos bolivianos; doce rollos fotográficos de 35 milímetros, tirados, sin revelar; dos libros pequeños en claves; mapas actualizados por él mismo de diferentes zonas; dos libretas con copias de mensajes recibidos y enviados y una libreta con instrucciones y direcciones.

También le encontraron dos agendas con los apuntes diarios, una del 7 de noviembre al 31 de diciembre de 1966, y la otra del primero de enero al 7 de octubre de 1967; dos relojes Rolex de compañeros muertos, y otros mapas. Le incautaron su daga Solinger; otros dos relojes Rolex que llevaba puestos; su pistola alemana de nueve milímetros, sin magazine; la carabina M-2, inutilizada por un disparo, y un altímetro.

Con este último, en 97 ocasiones, pudo especificar en su diario la altitud a que se encontraban. Más de la mitad de las veces anduvieron entre 600 y 980 metros de altura, y el 72 por ciento, entre esa elevación y los 1 400 metros. La máxima a 2 280 metros, el 26 de septiembre, en Abra del Picacho, y la mínima, de 250 metros, el 5 de junio, en la zona del Río Grande.

Confrontaron muchas adversidades: el Che se enfermó en 36 ocasiones, 29 de ellas con fuertes ataques de asma. Durante más de cinco meses buscaron infructuosamente al grupo de Joaquín, que era el Comandante Vilo Acuña. Estuvieron en total 22 días sin probar alimento y dependieron de cacerías en 25 ocasiones.

Fueron asediados por 25 jornadas de torrenciales aguaceros, algunos de hasta 18 horas, y 9 días de intenso frío que heló el agua de los ríos. Sumaron 38 los días sin tomar agua, que obligó a ingerir la propia orina. Enfrentaron la enfermedad de 14 combatientes, cuyas afecciones se presentaron en 79 oportunidades: fiebres altas, diarreas, imposibilidad de caminar, ataques de asma; sin tener apenas medicamentos.

Permanecieron cercados durante 11 días: 217 soldados por cada guerrillero, viendo pasar muy cerca de ellos, en una ocasión, a 236 militares que fueron contando uno a uno. Y cuando eran solo 17 guerrilleros maltrechos, cansados, sedientos, hambrientos y enfermos muchos de ellos, el enemigo estaba compuesto por 3 702 hombres —una diferencia enorme— de la Cuarta y Octava Divisiones del Ejército, concentrados en el anillo interior de la reducida zona de operaciones contra la tropa rebelde. Pero no se rindieron.


Luis Hernández Serrano

Se han publicado 4 comentarios


Laqui
 13/12/18 22:10

Gracias por la informacion compartida en esta nota

Estoy procurando conseguir el libro que escribio Jose Mayo sobre los testimonios de Urbano en la guerrilla pero no se edito en Argentina, como puedo hacer para conseguirlo?

Ana isaqbel Larrondo Somonte
 8/10/12 14:55

El África tocó sus sueños de internacionalista y Bolivia los acarició plenamente, quien lo vio en sus formas pausadas de gestos y palabras con hombres, mujeres y niños del pueblo, no podia concebir que alguien con esa dotes tomara en sus manos armas contundentes de la guerra.

Gilenio Camilo (Brasil)
 2/12/18 8:55

Quero agradecer ao responsável por essa página por ter disponibilizado esses diários dos guerrilheiros da campanha do Che na Bolívia. Há tempos vinha procurando esses documentos sem encontrar em nenhum lugar. Obrigado mesmo.

47
Ana isaqbel Larrondo Somonte
 8/10/12 14:21

Hablemos del Ché y tenemos con nosotros a quién un día renunció a convertirse en ingeniero para ser médico y como tal recorrió tierras de nuestra América, compartió con los pobres las enfermedades de un mundo con premisas injustas y soñó curarlas. Vino con Fidel en sueños Granmantales y se fogueó en lucha guerrillera con el fusil al hombro y el talento de la estrategia militar que logran los excepcionales.

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