jueves, 18 de abril de 2024

Martí, Juan Gualberto y Manuel García

La lucha por la independencia cubana convocó a muchos, incluyendo al controvertido Manuel García, conocido en tiempos de auge del bandidismo como el Rey de los campos de Cuba...

Luis Pavón Massó en Exclusivo 24/02/2013
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Manuel García Ponce
Manuel García Ponce.

En los últimos años del siglo XIX cubano, cuando se preparaba la nueva guerra por la independencia, paralelamente se daba en los campos el bandidismo. Y no hubo bandido más célebre entonces que Manuel García, el Rey de los campos de Cuba, que tuvo como escenario de su actividad a la provincia de Matanzas.

Su fama trascendió su tiempo, a tal punto que en las primeras décadas del siglo XX la radio trasmitió las aventuras de su vida con un éxito masivo. La personalidad y los hechos que protagonizó Manuel García han merecido la atención de historiadores contemporáneos y en torno a él floreció la leyenda, recreada en versos como estos:

Dice Manuel García
Que si no le dan centenes
Descarrilará los trenes
Y mata a la policía.

En 1885, amparado por una amnistía, viajó a Estados Unidos, donde se relacionó con revolucionarios cubanos y desde entonces expresó su simpatía por la causa de la independencia y solicitó se le permitiera adherirse a ella.

Con ese objetivo aportaría ocho mil pesos que les fueron entregados a Juan Gualberto Gómez, para que a su vez los hiciera llegar a José Martí.

Para Juan Gualberto, asediado por la reacción española, la tenencia de aquel dinero era un compromiso, pues podía ser descubierto si le hacían un registro. Ante ello, lo dio a guardar a un compañero mientras hacía la consulta a Martí,

“Escribí a Martí dándole la noticia. De las cartas que se me han perdido —contaría Juan Gualberto—, desdichadamente, una de ellas contiene su contestación. Pero no importa. La recuerdo. Me decía: ′No, devuelva ese dinero a quien se lo entregó. La Revolución solicita el concurso de todos los cubanos. Manuel García es un cubano más. Si mañana, pronunciado el movimiento, él se incorpora a las filas cubanas, allí será lo que sus hechos y merecimientos le permitan, al igual que cualquiera de los creadores y fundadores de la Patria, pero con su vida actual nosotros no tenemos conexión. Con nada de lo que él hace, colocado como está fuera de toda ley y sanción moral, nosotros podemos tener relación alguna. Devuélvale el dinero. Los árboles han de ser sanos desde la raíz′. Así quería a la Revolución, sana desde la raíz”.

Tal como indicaba el Apóstol, la suma le fue devuelta a Manuel García por Juan Gualberto, quien también consigna que otros revolucionarios decidieron hacer uso del dinero para comprar armas y pertrechos, sin contar con Martí y aun contra el criterio de este.

Manuel García, entre tanto, decidió sumarse a la Revolución. El 24 de febrero de 1895, cuando, tal y como había prometido, levantaba el pabellón de la libertad e iba a unirse a los revolucionarios en Ibarra, Matanzas, fue asesinado.


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Luis Pavón Massó

Se han publicado 1 comentarios


Arístides Lima Castillo
 24/2/13 12:05

Compañero Pavón, a continuación le incluyo lo que de primera mano (¿) conocí sobre las últimas horas del que se conociera como “El Rey de los campos de Cuba”: Sobre la vida de Manuel García, y más sobre su muerte, se ha escrito mucho, pero hay falta de coincidencias en lo que se dice. El señor Eliseo Figueroa Mirabal, veterano de la Guerra de Independencia, donde alcanzó los grados de Coronel, relató en un periódico local de Madruga, su pueblo natal, y donde vivió sus últimos años contando con el respeto y la admiración de sus compueblanos, que había sido testigo de las últimas horas de vida de Manuel García, la noche del 23-24 de febrero de 1895. Según sus palabras, marchando al frente de un grupo de futuros combatientes en dirección a Ibarra, provincia de Matanzas, encontró a Manuel García con un grupo de seguidores en la tienda de la finca "Seborucal", en el cruce de los caminos que comunicaban: uno a la ciudad de Matanzas con La Habana, y el otro a Arcos de Canasí con Ceiba Mocha, y que también intentaban llegar hasta Ibarra, donde se levantaría en armas Juan Gualberto Gómez. De este lugar, y sigo con el relato de Figueroa, partió Manuel García con dos escoltas para explorar el camino que seguirían sus hombres poco después, y no pasó mucho tiempo a que se escucharan unos disparos. Alarmado Figueroa, acompañado de alguno de sus seguidores, se apresuró a llegar al lugar de donde habían sentido los disparos. Allí, nos contaba, halló a Manuel en el suelo, que había recibido un disparo en la parte derecha de la espalda de donde aún su guayabera humeaba, y a uno de sus escoltas también muerto. El segundo escolta había desaparecido, y se supuso que había cargado con algunas valiosas pertenencias del Rey de los Campos de Cuba. Supongo que lo demás que se ha dicho sobre este hecho, son puras especulaciones, si damos crédito al respetable relato del coronel Figueroa.

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