martes, 6 de diciembre de 2022

Invasión a Occidente: reedición de una hazaña

Las columnas invasoras de Camilo y el Che reeditaron la hazaña de llevar la guerra de Oriente hacia Occidente...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 02/09/2018
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Invasión a Occidente-Camilo-Che
Camilo y el Che, junto a los combatientes, cumplieron brillantemente las órdenes del Comandante en Jefe (Foto: tvavila.icrt.cu).

La invasión de Oriente a Occidente por las tropas mambisas de Antonio Maceo y Máximo Gómez fue calificada como la proeza militar del siglo XIX, y ambos caudillos fueron comparados con héroes epónimos de la Antigüedad: Maceo, el Aníbal cubano, y Gómez, el Alejandro Magno.

Pasados 52 años, la hazaña se reeditaría por dos figuras también legendarias en nuestra historia: el argentino Ernesto Che Guevara y el cubano Camilo Cienfuegos Gorriarán. Aunque esta vez, ninguno de los dos comandantes tuvo que llegar tan lejos en su avance hacia el occidente, al decidirse la guerra en el centro de la isla.

Fidel, en su estrategia política-revolucionaria, estaba convencido que sacar la Revolución de las montañas gloriosas de la Sierra Maestra, y extender la lucha hacia el resto Cuba, podía dar los mismos resultados que alcanzaron los mambises en su enfrentamiento contra la metrópoli española.

Ya en los primeros meses del año 1958, la idea de la invasión había fraguado en la mente del jefe rebelde. El Che, quien dirigiría la Columna 8 Ciro Redondo, le escribiría a Camilo, el futuro jefe de la Columna 2 Antonio Maceo: “Te aviso que tenemos, con el mandamás, un proyecto bonito mediante el cual plantarás la maceica bandera en Pinar y yo laburaré [sic] de Máximo [Gómez], como corresponde”.

El 22 de agosto de 1958 salió desde El Santo, Sierra Maestra, la columna de Camilo compuesta por 82 combatientes; y el 31, lo haría el Che Guevara al frente de su contingente desde Las Mercedes, también en la misma serranía.

El primero debía llegar hasta Pinar Río; el otro tenía el objetivo estratégico de batir incesantemente al enemigo en el territorio central del país e interceptar los movimientos de tropas contrarias desde Occidente hasta Oriente.

Para el Che, la orden militar del Comandante en Jefe, entre otras cuestiones, decía: “Se asigna al Comandante Ernesto Guevara la misión de conducir desde la Sierra Maestra hasta la Provincia de Las Villas una columna rebelde y operar en dicho territorio de acuerdo con el plan estratégico del Ejército Rebelde”.

Días antes, Camilo Cienfuegos había recibido una orden similar: “Se asigna al Comandante Camilo Cienfuegos la misión de conducir una columna rebelde desde la Sierra Maestra hasta la Provincia de Pinar del Río, en cumplimiento del plan estratégico del Ejército Rebelde”.

Camilo tuvo desde el inicio una travesía llena de vicisitudes. No obstante, en su tropa siempre primó el optimismo y la fe en la victoria. Si al ser ascendido a Comandante le había jurado a Fidel serle fiel a toda costa, incluida la de dejar de respirar, ahora, le ratificaría esa voluntad, en carta escrita el 8 de octubre: “…Llegaremos a Pinar del Río, los hombres estamos decididos, en ningún momento flaqueó la voluntad ni el ánimo, cuando más era el hambre, el sueño, el peligro, más decididos estaban. Esta es una tropa A-1 y llegará a su meta”.

Como el Che se demoró en preparar su columna invasora y salir hacia el occidente, el día 28 de octubre, Fidel le escribe una nota alertándole que redoblara las precauciones en el momento de la salida: “Che, dado el tiempo que ha sido necesario invertir en los preparativos y el peligro de que el proyecto se haya divulgado mucho, tienes que tomar medidas extraordinarias de precaución a la salida.

”Si cruzas sin novedad el primer tramo estaré más tranquilo, el problema a mi entender consiste en el hecho de que dispones de una sola vía de salida. Las noticias se divulgan mucho aquí, los preparativos son muy visibles, la gente muy curiosa y solo falta que el enemigo sea muy estúpido para que no tome algunas medidas”.

Burlando los cercos enemigos y enfrentando las difíciles contingencias naturales, incluido un ciclón que hizo crecer el río Cauto y hacer bien difícil su cruce, los invasores rebeldes de ambas columnas marcharon por lugares inhóspitos y sufrieron los fieros latigazos del hambre; al extremo de tener que comerse una yegua semicruda.

El propio Camilo, en carta a Fidel, describe los enormes obstáculos enfrentados: “Desde que salimos de la zona del Cauto con rumbo a Occidente, hemos caminado sin descansar una sola noche, cuarenta jornadas, muchas de ellas sin prácticos, con la costa sur como orientación y una brújula por guía. El viaje por esa costa fue desastroso, durante quince días marchamos con el agua y el lodo hasta las rodillas, cada noche evadiendo emboscadas y tropas situadas en los cruces que debíamos hacer (…).

”(…) En treinta y un días que demoró el viaje por la provincia de Camagüey, solamente comimos once veces (…) después de cuatro días sin probar alimento alguno, tuvimos que comernos una yegua cruda y sin sal, la mejor de la ya nuestra pobre caballería. La casi totalidad de los animales habían quedado en los pantanos y tembladeras de la costa sur”.

Pero ambos jefes rebeldes supieron cumplir la encomienda dada por el Comandante en Jefe. Casi exhaustos llegaron al refugio seguro de las tierras villaclareñas. Allí serían librados dos decisivos combates. Camilo sería el Héroe de Yaguajay, y el Che, el libertador de Santa Clara, ciudad que lo hizo hijo suyo y conserva sus guerrilleros huesos.


Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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