sábado, 20 de abril de 2024

"Estamos a las órdenes del pueblo"

Vigencia del discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro a su entrada en Santiago de Cuba el 1o. de enero de 1959...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 02/01/2020
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Fidel, grados de Comandante
Fue el primero de cientos de discursos al pueblo. a ese pueblo en quien siempre confió (Fernando Medina Fernández / Cubahora)

Las primeras palabras de Fidel, ante los miles de santiagueros reunidos en el Parque Céspedes, el propio 1.o de enero de 1959, fueron electrizantes. Pasados 61 años, todavía nos llenan de emoción y orgullo: “Al fin hemos llegado a Santiago. Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado”.

Fue el grito de la victoria. La consumación de seis años de lucha; el reconocer que ahora sí los mambises entrarían a la heroica ciudad, algo que le fuera negado por los norteamericanos a Calixto García y su tropa, a finales del siglo XIX.

Cada línea del vibrante discurso nos retrotrae a aquellos días luminosos de triunfo de la Revolución, en que todo aún estaba por hacer. Pero también nos permiten corroborar la unidad de acción y pensamiento de entonces acá. Unidad que fuera expuesta de manera magistral por el líder rebelde, apenas unas horas después de ganar la guerra, cuando todavía existía el peligro del golpe de Estado, debidamente denunciado por el jefe rebelde.

Con la verdad por delante, y a sabiendas de lo duro de la empresa, Fidel les dijo a los santiagueros: “La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros”.

Más adelante, significaría: “Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder.  No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto (…).  No será como en el 33 que cuando el pueblo empezó a creer que una Revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la Revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años.  No será como en el 44, año en que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder, y los que llegaron al poder fueron los ladrones.  Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas.  Esta vez sí que es la Revolución”.

En sus mensajes, como si fueran expuestos para hoy mismo, Fidel les daba la fórmula de gobierno a los hijos de la indómita capital de Oriente, declarada ese día capital provisional de la República: “Aquí, quien tiene que decidir, definitivamente, quien debe gobernar es el pueblo y nadie más que el pueblo. Estamos en instantes en que debemos consolidar el poder antes que nada.  ¡Lo primero ahora es consolidar el poder!  ¡Ahora sí que el pueblo está armado!  La Revolución no se podrá hacer en dos días; ahora, tengan la seguridad de que la Revolución la hacemos. No hay otro compromiso que con el pueblo y con la nación cubana”.

Sobre su persona, a la que nada material le ataba, mucho menos las ansias de poder, dijo a los santiagueros: “Llega al poder un hombre sin compromisos con nadie, sino con el pueblo exclusivamente. Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, porque como dijo nuestro Apóstol: ‘Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz’, y no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber como lo hemos estado haciendo hasta hoy, y como lo haremos siempre.  Y en esto no hablo en mi nombre, hablo en nombre de los miles y miles de combatientes que han hecho posible la victoria del pueblo”.

(Fidel en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959 (Foto tomada de Cubadebate)

Aprovechó también Fidel para informar de la solidaridad que despertaba la naciente Revolución Cubana entre los pueblos de América: “Vela por el curso y el destino de esta Revolución la América entera. Toda ella tiene sus ojos puestos en nosotros.  Toda ella nos acompaña con sus mejores deseos de triunfo. Toda ella nos respaldará en nuestros momentos difíciles.  Esta alegría de hoy no solo es en Cuba, sino en América entera”.

Fue el primero de cientos de discursos al pueblo. A ese pueblo en quien siempre confió, y quien le inculcó su fe en la victoria. Tal pareciera que ahora mismo, cuando iniciamos el 2020, año 62 del triunfo de la Revolución, volvieran a escucharse sus vibrantes palabras a los santiagueros: “Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros. Esa fe, que más que una fe es una seguridad completa en todos nuestros hombres. Y esa misma fe que nosotros tenemos en ustedes es la fe que nosotros queremos que ustedes tengan en nosotros siempre”.

“Y solo aquí me resta decirles, con modestia, con sinceridad, con profunda emoción, que aquí en nosotros, en sus combatientes revolucionarios, tendrán siempre servidores leales, que solo tendrán por divisa servirles”.

Años después, desde el propio balcón del Ayuntamiento, Fidel le concedería a Santiago de Cuba la condición de Ciudad Heroína: “¡A ti te otorgamos hoy el Título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo, aquel insigne hijo tuyo que nos enseñó que jamás un combatiente cesa en su lucha, que jamás puede haber pactos indignos con el enemigo, que jamás nadie podrá apoderarse de Cuba sin perecer en la contienda!”.


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Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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