sábado, 15 de junio de 2024

Día negro para el Che

Hace cinco décadas cayó Rolando, el mejor hombre de la guerrilla...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 24/04/2017
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La Higuera
Meses después partió en un grupo de 16 cubanos a sumarse a la guerrilla boliviana, a donde llega el 20 de noviembre de 1966, días después de su admirado jefe.

La noticia llenó de consternación al Che. Había muerto Rolando, el San Luis de la Sierra. Había caído en combate su mejor soldado. Era el 25 de abril de 1967.

Día negro, escribió el Che en su Diario. No era para menos, con el capitán Eliseo Reyes Rodríguez, con el San Luis de la Sierra Maestra y la Invasión, con el infatigable Rolando en la selva boliviana se perdía al mejor hombre de la guerrilla, y naturalmente, uno de sus pilares, según valoración del propio jefe guerrillero.

Días después, al hacer el balance del mes de abril, en el que también perdiera la vida el cubano Jesús Suárez Gayol, Che escribiría: “Las cosas se presentan dentro de lo normal, aunque debemos lamentar 2 severas pérdidas: Rubio y Rolando; la muerte de este último es un severo golpe, pues lo pensaba dejar a cargo del eventual segundo frente.”

Realmente fue una pérdida sensible para una tropa que buscaba consolidar sus acciones y ampliar su radio de influencia, en un contexto complicado en que a diario se cometían errores y donde hombres como el cubano Eliseo Reyes, por demás Comisario Político, eran prácticamente indispensables.

El propio Pombo, el combatiente Harry Villegas, hoy General de Brigada (r), reseñaría en sus apuntes de campaña que “Fernando” (nombre de guerra con que el Che había sustituido al de “Ramón”) les dijo:

“Hemos perdido a uno de nuestros más valiosos cuadros, tanto como dirigente político o como militar, pues ya era un combatiente probado. Para mí, en lo personal, ha sido una gran pérdida, porque además de todas estas cualidades era un hombre formado bajo nuestra dirección”.

En su último combate, Rolando actuó con el valor y serenidad acostumbrados. Era un soldado probado desde que con apenas 17 años se sumó como mensajero a las tropas rebeldes en la Sierra Maestra.

La lucha en Cuba fue su escuela guerrillera y saldría graduado con las mejores notas. Con el Che hizo la invasión y en combate ganó sus grados de capitán, aunque su pequeña estatura, pocas libras y melena larga no lo evidenciaran.

Luego vendrían sus horas de desvelo al frente del Minit en Pinar del Río y su tenaz labor contra el bandidismo que infestaba a la más occidental de las provincias cubanas. Tenía apenas 22 años de edad.

Con Nelia Barreras Hernández formó un matrimonio ejemplar de tres hijos: Marisela, Eliseo y René.

Fue uno de los privilegiados que estuvo sentado en el teatro Chaplin, hoy Carlos Marx, cuando Fidel leyó la carta de despedida del Che, el  3 de octubre de 1965, y la escuchó en su condición de miembro del primer Comité Central del actual Partido Comunista de Cuba.

Meses después partió en un grupo de 16 cubanos a sumarse a la guerrilla boliviana, a donde llega el 20 de noviembre de 1966, días después de su admirado jefe.

Urbano, el coronel de la reserva Leonardo Tamayo, relata así los últimos minutos de vida de Eliseo Reyes, San Luis, Rolando:

"Al llegar al lugar donde estaba Rolando, lo encontré prácticamente sin conocimiento, con el fusil entre las piernas, pues había intentado hacerse una especie de torniquete para detener la hemorragia. De inmediato voy a informarle al jefe de la situación. El Che me pregunta sobre la herida, ordena traerlo de inmediato (…).

"Lo llevamos ya exangüe y mientras el Che trataba de pasarle el único plasma que teníamos, con el mismo cuchillo de Rolando cortamos para buscar la femoral, pero no dio tiempo, murió desangrado".

Esa propia tarde del 25 de abril de 1967, a las 3, “enterramos el cadáver bajo una débil capa de tierra”, escribió el Che en su Diario.

Un testigo presencial afirma que al recio guerrillero argentino-cubano se le hizo un nudo en la garganta al despedir al compañero “vemos como si quisiera seguir hablando, pero ya no tuviera palabras, según refiere Roberto Varona Fleitas, en «Crónicas sobre la historia de la guerrilla que dirigió Ernesto Che Guevara en Bolivia»

El dolor para el Che debió haber sido inmenso, y en su auxilio vino la literatura y su amor por la poesía. A su mente, como un relámpago, llegó un fragmento de un poema del chileno Pablo Neruda, su Canto General, dedicado a Simón Bolívar, y anotó en el Diario: “(…) de su muerte oscura solo cabe decir, para un hipotético futuro que pudiera cristalizar: “Tu cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma”

Dos días después, el capitán Eliseo Reyes, San Luis en Cuba, Rolando, en Bolivia, cumpliría 27 años de edad.

En carta enviada a su esposa Nelia desde Bolivia, escribió: " […] siento por una parte el dolor que me ocasiona la partida del lado de mis seres queridos —de tu lado, del de mis hijos, del de mis padres— pero me reconforta saber que lo hago para luchar contra el enemigo que separa a millones de personas de sus seres más queridos".

Desde el 8 de octubre del 2000, sus restos reposan en el nicho correspondiente del Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara de la ciudad de Santa Clara.


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Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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