lunes, 28 de noviembre de 2022

De un bazucazo nació la libertad

El 27 de octubre de 1958 el Che atacó el cuartel de la guardia rural en Güinía de Miranda, primer pueblo liberado en la región central de Cuba por el Guerrillero Heroico durante la campaña de Las Villas...

Norland Rosendo González en Exclusivo 27/10/2012
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Tras la llegada de la columna invasora a los predios del Escambray, el 21 de octubre, en Dos Arroyos, ocurrió el primer encuentro de Faure Chomón, al frente del Directorio Revolucionario, y el Che. Faure había enviado al Comandante Tony Santiago y a los capitanes González Coro y José Moleón para que esperaran a la columna invasora en El Algarrobo y la condujeran hasta el campamento.

Después de la reunión de los líderes del Directorio y la guerrilla invasora, esta última estableció un campamento transitorio en Las Piñas, entre el Algarrobo y Güinía de Miranda, donde vivía el campesino Emeterio González, colaborador del Directorio.

Llegaron a su casa cerca de las 3 de la tarde del 23 de octubre de 1958, con 153 hombres y dos batistianos prisioneros. Era una vivienda grande, con 4 cuartos, pero Emeterio nunca imaginó que cupiese tanta gente: unos 70 rebeldes se alojaron allí, con una disciplina que no dejó dudas de la ética de los revolucionarios.

Unos venían descalzos porque no tenían zapatos, y otros los traían en las manos por la hinchazón y las magulladuras en los pies, como consecuencia de las largas travesías hasta por lugares cenagosos.

En una entrevista que le hicieran a principios de la Revolución, Emeterio expresó: “Qué gente la del Che. En el patio de la casa había una mata de mandarinas, y todas parecían apetitosas por el color, aunque eran ácidas.

“Los invasores, desde que llegaron las miraban y yo me di cuanta que se les hacía la boca agua, traían un hambre desgarradora, pero ninguno se atrevía a arrancarlas. Entonces les dije: ‘cójanlas’.

“Y uno de ellos, me respondió: ‘Qué va, si el Comandante nos ve con una mandarina de esas…’

“Tuve que ir yo mismo a la mata, tumbarlas y dárselas. El Che era más recto que un palo de monte”.

Al campamento de Faure llegó un mensaje de Guevara para que le enviara dos prácticos, pues pensaba tomar el cuartel de Güinía de Miranda, y empezar así a cumplir la orden que le diera Fidel de concertar la unidad entre las fuerzas del Escambray y demostrar con combates las verdaderas intenciones de liberar definitivamente a Cuba.

Faure fue el día 25 en persona a Las Piñas y le facilitó a Ramón Fonseca para que sirviera de práctico. Fonsequita era uno de los cinco hombres de Güinía que estaban incorporados a las fuerzas armadas del Directorio por esa fecha. Los otros eran Pedro Cruz Moya (Pelongo), Filiberto Rivero, Carmelo Sarmiento y Orlando Hernández.

En el grupo que se formó para participar en la acción incluyeron a Pelongo y a Orlando.

Por la tarde del día 26, como a las cinco, llegó un mensajero a la farmacia del doctor Humberto Peralta, quien era el líder de la célula del 13 de marzo en Güinía de Miranda.

“El médico lo leyó y me indicó: ‘Que esta noche no salga nadie de su casa. El Che va a atacar el cuartel’, recuerda José Antonio Alé (toño), propietario de la vivienda donde el galeno había instalado una farmaciapara servir a los pobres de la zona.

Peralta esperaba que el guerrillero se comunicara con él antes de iniciar el combate. Unos días antes, había recorrido las áreas aledañas al enclave de la guardia rural y conocía cuáles eran las mejores posiciones para ubicar las fuerzas rebeldes y garantizar un éxito rotundo. Lamentablemente ese encuentro no tuvo lugar y por el fondo del cuartel pudieron escapar varios guardias, apenas iniciado el combate.

Armando Varela era uno de los 14 soldados que habían quedado en el cuartel, bajo las órdenes del cabo Maximiliano Juvier, después de que el jefe del puesto, Pablo Armand Galafac, se fuera para Fomento a buscar refuerzos y nunca más regresara.

“Parece que él se olió lo que iba a pasar ese día, y como ya en el pueblo había rumores de la cercanía del Che, huyó con los guardias que más odiaba la gente del pueblo”, rememoró.

“La noche del 26 yo estaba en mi casa oyendo por la radio un juego de pelota entre Habana y Almendares, cuando vi el movimiento de los rebeldes y fui rápido para el cuartel.

“Juvier me dijo: “Valera, hoy sí hay que fajarse a los tiros.”
Cerca de las once de la noche comenzó el ataque con un bazucazo que erró en el propósito de impactar el puesto del ejército.

Se armó tremenda balacera, recordó años después Valera, quien hacía menos de un año se había tenido que poner uniforme militar, más por el dinero de la paga que por afinidad con el régimen de Batista. “La vida estaba difícil, y necesitaba plata para sobrevivir.”

“El cabo Juvier no aceptaba sacar la bandera blanca, a pesar de que quedan poquísimos defendiendo el puesto y los rebeldes estaban tirándoles mucho. A un soldado que estaba al lado mío solo alcancé a oírle un hipío.”

A Valera lo hirieron a las tres de la madrugada, más o menos. Tenía varias perforaciones en la cabeza y en un costado. “De pronto cayó al suelo y empezó a echar mucha sangre.” De ahí en adelante no recuerda nada más, solo que el Che lo curó y le detuvo la hemorragia.

Durante toda la madrugada el combate tenía en vilo a la población. Estaba a punto de aclarar y aún había resistencia desde el cuartel, ubicado en una elevación muy estratégica.

Al bazuquero Antonio García, el hombre del arma más grande de la columna, como bromeaba con sus compañeros, los guardias lo tenían hostigado y no lo dejaban acertar en sus disparos.

Entonces, el Che le dijo: “Dame acá eso”. Tomó posición, apuntó e impactó el gigantesco proyectil en una pared del cuartel. Unos minutos después, la menguada guarnición se rendía.

Al terminar el combate, a las cinco de la mañana, el primer hombre que entró en el cuartel fue el capitán San Luis (Eliseo Reyes Rodríguez), explicó posteriormente Juvier.

Al jefe interino del puesto lo conminaron a salir, y este les respondió que no, pues había dos hombres heridos. El Che los atendió al instante con sus propias manos.

“Eso me dejó desconcertado, porque desde el mando superior nos habían dicho que la tropa rebelde era una banda de forajidos que no tenían escrúpulos con nadie. Antes que atender a sus hombres, el jefe de la columna vencedora le prestó los primeros auxilios médicos a los míos”, recordó Juvier.

Toño Alé se personó en el lugar apenas finalizó el tiroteo.

“- Comandante, el doctor Peralta me mandó para decirle que él y su farmacia están a su total disposición.
“- Pues lléveme adonde está el médico” -respondió el Che.

Ambos galenos se abrazaron como si se conocieran de toda la vida y era la primera vez que se veían. El líder guerrillero quiso pagarle los servicios y Peralta le rechazó el fajo de billetes. “Esto es para la Revolución.”

En la toma de Güinía de Miranda, los invasores tuvieron varios heridos y dos combatientes cayeron en el combate: Alberto Cabrales y Carlos Amengual.

No obstante, el Che reafirmaba su convicción de que no había venido al Escambray a estériles pugnas por el poder, ni a dividir el territorio montañoso entre las distintas fuerzas alzadas. Su misión era abrir un frente unitario para ganar la guerra con la mayor brevedad posible.

Antes de retornar a la montaña para sepultar los cadáveres e instalar su campamento en la región central, el Comandante Guevara se dirigió a la multitud congregada para festejar la victoria: “Hay que organizar las milicias, la derrota total del régimen está cercana, ¡el triunfo definitivo es inminente, cubanos!”


Norland Rosendo González

Se han publicado 1 comentarios


islainy
 23/11/12 15:16

Muy bien contada la historia, soy la nieta del cabo Jubiel y siempre la escuché igual, él admiraba mucho al Che y mantuvieron después comunicación… saludos Islainy

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