martes, 29 de noviembre de 2022

Cardoso Villavicencio: la voluntad venció al infortunio (+Video)

Acaba de cumplir 65 años y estuvo casi 11 años en una prisión de Somalia, solo su voluntad de hierro venció al infortunio y a la soledad, todo un reto hecho libro…

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 15/09/2022
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Cardoso  Villavivencio

Orlando Cardoso Villavicencio en 1978 tenía 20 años y sobre sus espaldas acumulaba una misión internacionalista en Angola y cumplía su segunda en Etiopía. Camilito de adolescente y cadete de joven, ostentaba ya el grado de teniente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba.

Único sobreviviente de una emboscada cae en manos enemigas el 22 de enero de 1978 e inicia su vía crucis como prisionero en una cárcel de Somalia, donde todo le era desconocido y todo, o casi todo, le era negado, incluida la luz del sol y el jabón para asearse.

Muchas veces debió pensar Cardoso en Edmundo Dantes, ese personaje de ficción de la novela El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas padre, solo que Dantes era obra de la imaginación y no sabía a ciencia cierta porque estaba prisionero en el castillo de If y él, era de  carne y hueso y sabía, con orgullo, que estaba preso por cumplir su deber de ayudar a liberar a otros pueblos de África.

Y como Edmundo, aunque sin la ayuda del abate Faría, Cardoso Villavicencio se sumergió en el mundo de las letras y por sí solo, con una enciclopedia británica, aprendió inglés y comenzó a nutrirse de amplios conocimientos que le despertaron el sueño de hacerse escritor y así, poco a poco, comenzó a escribir el libro Reto a la soledad, un título que venía como anillo al dedo a su condición de prisionero en solitario y en un país de costumbres e idioma desconocidos.

El propio Cardoso, ahora con 65 años de edad y el título de Héroe de la República de Cuba, condición que le fuera impuesta al arribar a la patria, tras esos 10 años y siete meses de privación de libertad, ha contado varias veces esa transformación en su persona, fruto de una voluntad de hierro, pues, como ha dicho, de ser la cárcel un lugar desgarrador se convirtió en un aliciente para darle alas a su imaginación y ser, dentro de lo posible, un hombre feliz.

Tanto echó a volar su fantasía que le brotaron ideas para convertirse, ya en Cuba, en un escritor de cuentos infantiles, pues ese hombre bonachón, coronel y héroe, lleva dentro un niño y se emociona como cualquier infante cuando habla en público, vencido ya el miedo escénico de los primeros tiempos, y mucho más, con ese público joven que bebe cada palabra suya narrando su odisea en la prisión somalí.

Llegó a Cuba en 1988 con secuelas psicológicas y el afán de recuperarse para volver a su terruño natal: “Vivir allá en Camagüey, en esa casita de tabla de palma y techo de guano. Ese era mi sueño más querido, el que más frecuentaba mi fantasía. Y de ahí, casarme rápido y tener un hijo. Yo pensaba muchas cosas, pero sobre todo casarme y tener un hijo. Ya después veríamos todo lo demás”.

Cumplió ese y otros muchos sueños más. Es padre de dos hijos, tiene una esposa a la cual adora y volvió a sus raíces guajiras, a labrar la tierra y sacarle los frutos y bondades que solo la madre naturaleza sabe dar a quienes la aman.

Y supo, en una recepción protocolar, que sí, que Fidel, su Fidel, había hecho lo imposible por su regreso a la Patria, tal y como imaginaba Cardoso desde su prisión somalí, recordando aquel episodio del yate Granma, en que la perseverancia del líder de la Revolución y su convicción de no dejar a nadie a su suerte, salvó al cabo Roque, quien había caído en las turbulentas aguas del Mar Caribe:

“Yo tenía ese sentimentalismo, ese romance de querer que él me rescatara a mí también. Fidel era tan importante en mi vida, que al llegar a Cuba, tenía la duda: ¿detendría mi padre, el Granma por mí? (…) A fin de cuentas, quien me enseñó a ser internacionalista fue él. Y siempre pensé que se iba a ocupar personalmente de mi situación. Ya yo había tenido la experiencia en Angola. Sabía que él se había ocupado de los combatientes que habían participado allí. Pero no veía lo que él había hecho por mí.

“Y en una recepción, de momento, García Márquez se lanza corriendo en dirección donde yo estoy, da un brinco y se me abraza al cuello: “No me digas que tú eres el hombre que estuvo 11 años preso en Somalia. Tú no te imaginas la cantidad de cosas que hizo Fidel por tu libertad. Yo era su mensajero”.

“Ahí ya sentí, por supuesto, como un alivio así grande, como si un peso muy grande que yo tenía encima de mí se hubiera desmoronado. Y pude ver que sí, que Fidel había parado el yate Granma y me había sacado de la prisión”.

En ocasión de su onomástico 65 la televisión cubana le hizo un documental donde revelaba otra de las grandes pasiones de Cardoso Villavicencio: su amor por la tierra, la que cultiva, junto a un grupo de 12 subordinados, con total esmero y dedicación en la Finca Artillería, sin que deje por un minuto su amor por la escritura, pues tiene en preparación el cuento Tres Reyes Magos cubanos y un invitado de honor y la telenovela Pago por peso.

Orlando Cardoso Villavicencio hizo de la prisión un refugio para el saber, para crecerse como ser humano, para retar y vencer a la soledad. Su ejemplo irradia, y su voluntad de sobreponerse al infortunio, inspira a los cubanos de hoy.


Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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