domingo, 27 de noviembre de 2022

Alberto Granado: el iluminado amigo del Che

Homenaje al gran revolucionario argentino en el centenario de su nacimiento...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 08/08/2022
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Alberto Granado amigo del Che

Juntos recorrieron más de 12.000 kilómetros, desde Argentina hasta Venezuela, pasando por Chile, Perú y Colombia. Fue Granado el amigo del joven Ernesto y su cómplice y contraparte en su transformación revolucionaria. Para uno, era Mial, Mi Alberto, mientras para el otro, era simplemente el Pelao o Fúser, diminutivo de Furibundo Serna, como gustaba llamarle Granado al futuro Che Guevara de los cubanos y del mundo.

Alberto Granado nació el 8 de agosto de 1922 en la pequeña localidad de Hernando, a 160km de la ciudad de Córdoba, en la provincia de Córdoba (Argentina), sus padres fueron Dionisio T. Granado, de origen español, y Adelina Jiménez Romero.

La amistad entre ambos fue sellada en la propia infancia de un Ernesto apasionado a los deportes y un Alberto, seis años mayor, con quien realizaría en 1952 el viaje de su vida, un recorrido extendido durante ocho meses por toda Suramérica.

En ese entonces, Alberto tenía 29 años y estaba graduado como farmacéutico (en 1946) y bioquímico (en 1948) en la Universidad de Córdoba. Mientras Ernesto, Fúser, no rebasaba los 23 y todavía estudiaba la carrera de Medicina.

Alberto siempre fue la contraparte ideal para Ernesto. Ambos se complementaban y aunque reaccionaban de manera distinta, impulsivo uno, el más joven, mucho más reflexivo el otro, tenían ideales comunes y los mismos deseos de transformación de la triste realidad del indio latinoamericano.

Aquella partida el 29 de diciembre de 1951 en la moto Norton 500, La Poderosa, de Granado, marcaría la vida de ambos para siempre y quedó para la posteridad recogida en la película Diarios de Motocicleta dirigida por el cineasta brasileño Walter Salles, con los roles protagónicos del mexicano Gael García Bernal, quien interpretó a Ernesto Guevara, y el argentino Rodrigo de la Serna, quien personificó a Alberto.

Granado resumía la inolvidable experiencia, afirmando: «Íbamos a conocer mundo, pero el viaje nos cambió a los dos. Ernesto se hizo un ejemplo, empezó a ser Che; yo aprendí que en vez de conocer el mundo había que transformarlo»

Chile, Perú, Colombia, Venezuela: meses de intensas y memorables experiencias. En el primero de los países andinos tuvieron que abandonar La Poderosa, ya inservible para continuar viaje; en Perú visitaron las ruinas de Machu Pichu, la ciudad perdida de los Incas, y trabajaron como voluntarios durante tres semanas en una colonia de leprosos de San Pablo.

Luego llegarían a Colombia, a Leticia, y finalmente arriban a Venezuela, donde se despiden el 26 de julio de 1952 con el propósito de reencontrarse en meses.

Una separación que duraría casi diez años, para volverse a encontrar nuevamente en La Habana, en 1961. Ernesto, Fúser, convertido en el Comandante Ernesto Guevara de la Serna, Che, y Alberto Granado, en un bioquímico de reconocido prestigio y casado con Delia, una venezolana con quien compartiría toda una vida y tendría tres hijos.

Granado nunca más dejó Cuba. Aquí fundó la Facultad de Medicina de la Universidad de Oriente, por indicaciones de Fidel, a quien también le profesaría una admiración y cariño inmenso y cumplió con humildad y devoción toda tarea que le fuera encomendada por la Revolución.

Abuelo cariñoso, amante de los niños fue presidente de Honor de las Cátedras Che Guevara del Instituto Superior Pedagógico «Félix Varela», de Villa Clara, y de la Universidad de Oriente.

Llegó a aplatanarse tanto en Cuba, que en una entrevista realizada en esos emotivos encuentros del 14 de junio, natalicio del Che, en la Plaza de la Revolución Ernesto Guevara, de Santa Clara, confesó que le gustaba más el café que el mate, la bebida tradicional de los argentinos.

En 2008 viajó a Argentina en ocasión de los festejos por el cumpleaños 80 del Guerrillero Heroico y visitó Rosario, la ciudad donde sellaría esa entrañable amistad con el Che que duraría toda una vida, pues Granado nunca dejó de hablar en presente del amigo de la infancia:

«Pese al tiempo transcurrido, cuando tengo una duda aún me pregunto qué pensaría de eso el Pelao. La respuesta es fácil: como siempre te llevaba por la parte dura, por la de la honradez y los valores, pues es sencillo qué hacer».

Granado, quien este 8 de agosto arribó al centenario de su nacimiento, falleció en La Habana el 5 de marzo de 2011 a la edad de 88 años. Por voluntad propia sus cenizas fueron esparcidas en Cuba, Venezuela y Argentina.

Fue guevarista, fidelista y revolucionario hasta su último día. Al despedirse en Caracas aquel 26 de julio de 1952, Ernesto le prometió reencontrarse pronto: «Nos veremos pronto Mial».

Mientras Alberto escribió en su diario: «Fúser y yo andaremos por la misma senda en el porvenir». Una parte de las cenizas de Alberto Granado reposan en el Memorial Che Guevara, lugar donde Fúser se hace eterno.


Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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