lunes, 28 de noviembre de 2022

¿Sufrir yo?

Carlos Manuel responde a su tocayo Charly en otra misiva de la serie de Carlos para Charly, y viceversa

Carlos Manuel Álvarez en Exclusivo 12/06/2014
5 comentarios
Klose celebra

Gran Tocayo:

Me temo que a los doce años todavía es permitido cambiar de equipo. Lo que a los veinte o a los cuarenta ya es alevosa traición, a los doce es simple búsqueda de identidad. Yo, en 2002, era brasileño, verdeamarelo hormonal, y me afeité a lo Ronaldo, con esa cuña de pelo en el frontis de la cabeza. Hay fotos del momento. Clasificadas, por supuesto. Japón-Korea fue el primer Mundial que vi a tiempo completo, sesenta de los sesenta y cuatro partidos.

No me gustaba Túnez y no me gustaba Arabia Saudita. Quizás a mis doce años fuera anti musulmán, habría que ver, aunque, la verdad sea dicha, terminé odiando a los coreanos de Hiddink. De ahí posiblemente venga, sigamos con el psicoanálisis, mi profunda aversión a los manga. Y de los manga, sigamos con el corte de pelo, mi profunda aversión a Los Ángeles de la Bachata, ese engendro mezcla de Univisión con Icerreté.

Nunca más se ha vuelto a repetir, con la frecuencia que yo quisiera, un maridaje que me parece sublime: deporte más madrugada. Por esos años todo lo importante, todo lo que había que ver, sí o sí, ocurría en la madrugada: Sidney 2000, Taipéi 2001, Corea-Japón 2002. El deporte, de día, no es igual. Nada es igual de día, en realidad. Estos partidos de Brasil 2014 a las cuatro y a las seis de la tarde no me dan ninguna gracia. Cualquiera disfruta del deporte si el deporte no le exige sacrificio. El tema es hacer lo que hacía yo, con solo nueve o diez u once años, y con la moña de Ronaldo en la cabeza. Poner el despertador para las doce de la noche, y no dormir más, no pestañear, entrarle al fútbol desde el solipsismo.

Pero entonces leo la biografía de Maradona, y me gana esa mística un tanto empalagosa. Ya no tengo ningún ídolo. Tener un ídolo, a los veinte o a los cuarenta, no es traición, es fidelidad obtusa. Debe ser, la biografía de Diego, junto con Tom Sawyer, el libro que más he leído en mi vida. Esperé que Brasil levantara el Pentacampeonato, y rápidamente hice las maletas y me mudé a Argentina. Un viaje contrario al tuyo. Más poético y menos oportunista, me atrevería a decir, aunque yo detesto la pose del mártir que quiere demostrar su fidelidad justamente con la identificación en la derrota.

Mi fanatismo por Argentina llegó a niveles paroxísticos en Sudáfrica. También, déjame aclarar, la bolsa de valores del nacionalismo había caído mucho. Hastiado del INDER, el deporte cubano me estaba –todavía me está, y me estará- importando un bledo. Es increíble, en cualquier caso, cómo uno se las arregla para sufrir. Cuando Alemania metió el póker en cuartos, yo me fui a morder la almohada y a dormir con un nudo en la garganta, algo que no me ocurría desde la Final del Clásico del 2006, o desde que Amarilis Savón y Yordanis Arencibia perdieron casi a la misma hora las semifinales olímpicas del judo en Atenas.

Hoy, cuatro años después, la debacle de Sudáfrica ya se explica con facilidad. Ninguno de los mesías –y Argentina parece bastante mesiánica, más que nosotros, incluso- quería ganar demasiado. Maradona, como todo héroe, en un momento dado disimuló su falta de método con improvisación, con arengas. Quiso avanzar a corazonada, pero Alemania no cree en boludeces de ese tipo. Alguien como Maradona no se podía permitir la debilidad de reconocer que no sabía. Dijo que Messi era el más grande (Messi es mejor que Maradona, pero no más grande, que conste), que merecía un Mundial, pero nunca fue su Bilardo, porque un Maradona no tiene sangre para ser Bilardo. Sabella sí, que sacrificó a Tévez, porque puede traer ruido, y yo lo entiendo. Lo que me resulta incomprensible, como a tres cuartos de humanidad, es la ausencia de Willy Caballero.

Messi se quedó más solo que Robinson en aquel medio campo desértico, y lo cierto es que, probablemente, Messi tampoco hizo demasiado por ganar un Mundial que también ganaría Maradona. Un éxito que los hubiera mantenido a la misma distancia. Los habrían seguido separando los mismo centímetros de inmortalidad, incluso más, porque Maradona, patriarca del balón, tiene la capacidad de apoderarse de los triunfos como nadie, hacerlos suyos, suyos solos.

Lo que yo puedo decir del deporte, en general, es que me ha traído más buches amargos que celebraciones báquicas. No me gustan estos madridistas instantáneos, estos culés de promoción reciente, que salen con banderas y remeras a gritar y alardear en primera persona: “te metí tres”, “el mío marcó”, “yo tengo la décima”. Aficionado que hable en primera persona, aficionado que no es.

Ya en materia inaugural, debo decir que me identifico con la Croacia de Modric y Rakitic, dos medio campistas la mar de virtuosos y elegantes, que se complementan, justo lo que a Brasil le ha sobrado siempre y justo lo que ahora le falta. Croacia tiene en Mandzukic un nueve de mucha clase, algo que Brasil también extraña.

A primera vista, las nóminas lucen tan disparatadas, tan poco dadas a la tradición, que no nos debe asustar que los croatas salten al campo de verde y amarillo y los brasileños con la pintoresca camiseta de cuadros rojos y blancos. Pero Brasil, sin embargo, es Brasil, el absoluto, y ha ganado con tradición o sin ella. Le falta un diez, le falta un nueve, pero cuenta con esos diablillos que son puro alarde por los extremos, y con una defensa tan rocosa como ágil. Brasil siempre cuenta con la suficiente individualidad como para suplir al colectivo. Y esa, justamente, parece la tarea de Argentina, un centauro con cabeza de toro, extremidades famélicas y cuerpo de leproso.

Como ves, no voy a responder a ninguna de tus provocaciones, al menos no hasta que reconozcas lo que eres. Un agente de Víctor Mesa, que ahora te haces pasar por su enemigo para recoger estados de opinión y luego filtrarlos. Es un truco viejo, pero ya estamos en Mundial. No invoquemos a la pelota cubana. Según he escuchado, si Víctor Mesa gana una serie, va a pelarse a lo Ronaldo, a concederme, por fin, otra entrevista, y a pintarse la moña de amarillo.

Abrazo y beso al chama, ¿o le puedo decir el bebo?,

                                                                                   Tu tocayo menor.


Carlos Manuel Álvarez

Se han publicado 5 comentarios


Nelim
 23/6/14 16:36

La verdad es que no entendí ni la mitad de la jerga deportiva, pero debo admitir que leí el artículo completo porque algo en la forma de narrar del autor me atrapó, parece más un libro de ficción que un artículo, me perdí en muchas partes, pero igual felicidades al autor captó mi atención como para dejar un comentario.

JETI
 20/6/14 19:46

LA PRENSA NO ES PERSONAL ES PARA TODOS

Manuel de Holguín
 19/6/14 9:11

Hermano Carlos Me identifico ampliamente con tú artículo, yo fans de argentina desde 2002 con aquella selección que nos dejo en primera ronda con Bati, Simione, Ortega, Veron, Placente, Sorín en fin la super favorita. Estaba detrás de tus artículos desde hace rato pues me estoy cansando de Michel en Cubadebate jajaja. Cuando veas a Fernando (ex Mayabeque) dile que me llame. Donde está el Pupi? y el gordo de Johan(colombia) habrá ido a ver a los cafeteros.

yusi
 14/6/14 1:04

no se ni quien es usted...más conocido en su casa..no???

yusi
 14/6/14 0:59

por favor q artículo más absurdo...de veras es usted periodista???no lo puedo creer... pero lo q más me asombró es este fragmento: valores del nacionalismo había caído mucho. Hastiado del INDER, el deporte cubano me estaba –todavía me está, y me estará- importando un bledo. No creo en nada de lo q dice..cree q está muy bien preparado pero al final las personas q no apoyan las organizaciones de su país o al menos no se sienten identificados..no tienen creiterios con fundamentos..de veras si piensa de ese modo es una verguenza...

Deja tu comentario

Condición de protección de datos