miércoles, 7 de diciembre de 2022

SNB60: Puertas cerradas al público y abiertas a los cambios

La situación de la COVID-19 ha determinado que la temporada cubana de béisbol comience con las gradas vacías. Sin embargo, hay ajustes que impactarán en la competitividad...

Norland Rosendo González en Exclusivo 07/09/2020
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La Serie 60 va. No será la ideal, sin embargo, cuenta con varias novedades .

Supongo que haya sido una decisión difícil: Serie o no Serie. Fue un dilema que tuvo a la afición, y a quien no es seguidor del deporte, a la espera de la respuesta en medio de una coyuntura compleja por el impacto de la COVID-19. Al final, habrá Serie. Eso, al menos, hasta ahora.

El béisbol es más que un juego para los cubanos, aunque pragmáticamente no pasa de ahí, un juego. La temporada 60 había sido soñada como lo que merece un número cerrado para los habitantes de este archipiélago, pero la pandemia global, que también llegó a estos lares caribeños, obligó a hacer reajustes; ahora, con el opening day a la vuelta de una semana, el panorama higiénico-sanitario no es muy diferente, y ya hubo que aplicar otro paquete de ajustes.

Pero la Serie 60 va. No será la ideal, sin embargo, cuenta con varias novedades y es el resultado de un programa organizativo que confirma el propósito de los actuales dirigentes de nuestro deporte nacional de recuperar un torneo que no solo iba tornándose cada año más gris en lo competitivo, sino también en la disciplina de todo tipo.

No habrá público, en ningún estadio; lo primero era casi un strike cantado, lo segundo estaba en análisis, digamos que en zona de duda, pero más cerca de home que afuera, y el árbitro lo marcó.

Pesó un argumento muy fuerte: la salud. De los equipos, personal de apoyo y hasta de los hinchas. El éxito de esta campaña pasa por evitar cualquier contagio, para lograrlo se estableció un riguroso protocolo sanitario, y se les pide a las direcciones de los conjuntos extremar medidas para que los jugadores se muevan lo menos posible; dígase, en buen cubano, no salgan de los hoteles y áreas deportivas sin autorización, ni dejen de acatar el paquete de acciones preventivas diseñado por los expertos.

Desde el punto de vista deportivo fue una decisión justa. Es una competencia, y en toda competencia el público influye. Que unos puedan contar durante media campaña con aplausos y otros solo con rechiflas no era una buena idea. Al final, habría disgustos, y esa iba ser una carta de justificación para algunos perdedores.

Que hubiera privilegios para unos por causas ajenas a los equipos y a la liga misma, generaría disparidades innecesarias, y sí evitables, cuyas consecuencias en el resultado competitivo seguramente iban a dejar un mal precedente.

La duda está en la disciplina, y lo digo con total responsabilidad. La COVID-19 se cuela por el más mínimo agujero; cualquier escapadita nocturna y visita sin el debido distanciamiento y uso de mascarillas, pondría en riesgo a un equipo, a dos, y hasta la serie.

Hay que confiar en que habrá un cambio de conducta respecto a años anteriores, pero debe estar a mano el reglamento para ser aplicado, severamente, con los infractores. No solo es su salud la que está en riesgo, y comprometer a los demás es un delito cuyas consecuencias han causado rebrotes de la pandemia en varios lugares del país.

Ojo los atletas; ojo los cuerpos técnicos; y ojo los aficionados. En este partido por la sobrevivencia de la temporada cubana de pelota jugamos todos.

Vamos a dedicar esta semana previa al análisis de lo acordado en el Congresillo Técnico para la serie. Hoy dedicaremos unas líneas a la postemporada. Hay dos temas polémicos. Uno es la distribución de sedes para los cuartos de final, y el otro, cómo van a casarse los pareos semifinales.

Se informó que para los cuartos de final, que se jugarán sin refuerzos y a un máximo de cinco choques, los dos primeros duelos serán en casa de los ocupantes de los puestos 5-6-7-8 y los demás, que pueden ser uno, dos o tres, en la casa del adversario, dígase más claro, de quienes encabezaron la tabla de posiciones en la etapa regular de 75 choques.

Solo un argumento económico justifica semejante idea, porque lo que no se equipara con refuerzos, se hace con la localía inicial. ¿Qué ventaja tiene ganar más en el calendario regular, solo ser sede de un hipotético quinto duelo?

El asunto, dijeron los responsables, van a revisarlo. Lo justo es dos-dos-uno, con inicio y cierre en casa del mejor ubicado en la clasificatoria.

Sobre el otro, al parecer, no hubo discordias. Al menos no en la reunión con la prensa. Terminado el play off de cuartos de final, los cuatro ganadores serán reordenados por su ubicación en la tabla de posiciones. O sea, el ocho le puede ganar al primero, pero no va a dejar de ser último en el siguiente reordenamiento y es muy posible que tenga que batirse en la semifinal con el segundo lugar, salvo que el séptimo haya dado una sorpresa semejante a la suya.

La otra fórmula, aplicada en algunas competencias internacionales que cuentan con postemporadas para decidir el campeón, premia el esfuerzo de los de abajo en esa instancia: si el ocho supera al uno, pues lo sustituye en ese puesto para los próximos cotejos. Aquí se apeló a lo estrictamente justo.

¿Qué le parece a usted? Es su turno al bate, amigo, lector. 


Norland Rosendo González


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