lunes, 5 de diciembre de 2022

Plata que pone a soñar en strike

El subtítulo de Cuba en el Mundial sub-15 devuelve la esperanza a los aficionados...

Norland Rosendo González en Exclusivo 05/09/2022
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Béisbol-Cuba-Mundial sub-15-Plata
Los cubanos volvieron al podio de premiaciones en mundiales de la categoría. (Yuniet Ávila)

El equipo Cuba sub-15 terminó su actuación en el Mundial con una plata que no se puede medir por el color. Tienen en sus pechos algo más que un metal. 

Verlos jugar era un oro seguro para nuestros ojos, ávidos de buen béisbol; después de tantos palos, viendo como las vitrinas cubanas se vaciaron de trofeos, llegan ellos, irreverentes, divirtiéndose, y nos devuelven la ilusión.

Fueron tumbando rivales poco a poco, ganaron, incluso, un juego frente a Japón como no hubieran querido nunca, pues ellos mismos tienen tatuada la derrota que sufrieron en el Panamericano por un error del entonces cuerpo técnico en el manejo del picheo, pero así es el deporte; los reglamentos se hacen y aprueban para cumplirlos.

Solo Estados Unidos, potente, demoledor al ataque; con unos pícheres que seguro fueran dominantes en nuestra Serie Nacional de mayores con sus rectas de 90 millas por hora y más; con un equipo cuyos atletas juegan más de cien partidos por temporada y son los mejores de entre millones que practican ese deporte, los pudo vencer con holgura un día.

Y en menos de 24 horas, esos mismos que los habían dejado fuera de combate en seis innings tuvieron que excederse para ganarles por la mínima, 4-3, en el partido por el oro, y con el susto clavado en medio del pecho cuando vieron que los cubanos se les habían emboscado en el séptimo y último inning.

Entonces los norteños encaramaron en la lomita a un «disparamisíles» con la única misión de tirar rectas y más rectas a esa velocidad que rompen relojes para esa edad; y solo así, aún con el miedo de verse derrotados por esos demonios del Caribe que juegan como ángeles, pudieron sacar los dos outs finales y festejar su segundo título seguido.

Cuatro integrantes del equipo cubano fueron escogidos en la selección ideal: el antesalista Alejandro Cruz; el pícher de relevo Danel Reyes; el cácher Yaider Ruiz; y el torpedero Jonathan Valle como el jugador más defensivo del torneo.

Solo Cuba puso cuatro en la selecta nómina, uno más que el campeón; aunque a lo interno, en el pecho de todos: atletas, familiares, entrenadores de ahora y de antes, cuelga el premio de la afición por las madrugadas de placer. Con café o sin él; con captopril o no.   

Nada que reprocharles a estos niños que se han hecho grandes en el campo de juego. Algunos llegaron en junio a Venezuela sin haber jugado nunca de noche. Con sus modestos bates que apenas sonaban por muy duro que golpearan las pelotas; y ellos allí, ganando y ganando, y suspirando cuando los rivales salían con sus aluminios musicales: si yo tuviera uno así, se decían.

Así empezaron a tejer su historia y conquistar públicos, y ahora en México, en el Mundial, ya muchos los seguían «porque iban a jugar los muchachitos del bate en el medio del pecho, los que se robaron el show en Venezuela».

Cuba regresó al podio de premiaciones del que solo estuvo ausente en 2018, cuando quedó en quinto lugar, pero, más importante aún, ahora se subió en el podio del orgullo de un pueblo que sabe lo que es buen béisbol, jugado con dominio de los fundamentos y con heroicidad, a lo grande.

Y si jugaron a lo grande, recibámoslos así también. A lo grande.


Norland Rosendo González


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