viernes, 2 de diciembre de 2022

Pelota por los tres costados

Recordaremos la Liga Can Am, que no terminó bien para la escuadra insular y hablaremos alguito del tope contra el plantel universitario de Estados Unidos y del torneo de Rotterdam....

Norland Rosendo González en Exclusivo 07/07/2017
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Cubanos en la Liga Can Am, foto
El fantasmas de las derrotas sigue rondando a la selección que comanda el binomio M-M (Machado y Mesa).

No todos los días uno tiene el privilegio de estar al tanto (aunque no haya transmisión televisiva) de selecciones cubanas de béisbol en dos sitios simultáneamente y de jugadores (Alfredo Despaigne, para ser más exacto) que están tallando a fuerza de batazos descomunales su nombre en el firmamento estelar de las grandes ligas japonesas.

En esta nota habrá de todo un poco. Incluso, recordaremos la Liga Can Am, que no terminó bien para la escuadra insular ni en el orden competitivo, ni en el de la disciplina, y hablaremos alguito del tope contra el plantel universitario de Estados Unidos y del torneo de Rotterdam.

Resulta que en el partido del adiós del circuito Can Am, cuando ya la suerte estaba echada y nada revertiría la pésima imagen que dejó esta vez el conjunto dirigido por Roger Machado, hubo un comportamiento desagradable del alto mando cubano, después que el árbitro de segunda base cambiara un quieto por un par de outs.

Les cuento para los que no han visto el video que se volvió viral en las redes sociales o no han tenido quien se lo cuente.

LO QUE ESCRIBÍ ENTONCES:

Ya los árbitros estaban fuera del estadio cuando Roger y Jamie Keefe, los directores de ambos equipos, se abrazaron. Antes, hubo fotos. Pero previo al «protocolo» tuvo lugar un altercado, que en vez de bate en mano terminó con «goles» de tierra. Fue la noche que Cuba perdió por decimosexta vez en la Liga Can-Am. Cinco míseros triunfos en 21 juegos es un resultado que aquí nadie admite.

Pero esa no fue una derrota más. En el noveno, Cuba perdía 6-5, con Yoelkis Céspedes en primera y un out, Víctor Víctor conectó un rodado por el campo corto que hubiera servido para intentar una doble matanza.

Céspedes llegó de pie a segunda e hizo contacto con el camarero, al que se le cayó la pelota. El árbitro cantó quieto, y al instante salió el mentor de los Rockland Boulders a reclamar, hubo reunión de ampayas, y cambiaron el quieto por dos outs que definieron el juego, al considerar interferencia la jugada en la intermedia.

El coach cubano de primera, Mario Vega, salió descompuesto (se observa muy claro en el video) a exigirle al árbitro. Luego Roger fue a pedir cuentas y lo expulsaron antes de decirle, al menos, por qué el cambio de decisión. Creo que merecía el mismo tratamiento que el mentor rival.

Pero ese comportamiento arbitral no justifica lo que sucedió después. Salió el equipo cubano en pleno, los directivos de la novena insular le tiraron tierra con los pies al árbitro, hubo pechazos, imagino las palabras…

La imagen que debió quedar fue la última, cuando los árbitros se habían ido. La de las fotos y el abrazo. Porque el deporte tiene que ser, sobre todo, diálogo, amistad. Y también para que siempre haya un «nos vemos el año que viene». (Fin de mi post en Facebook al día siguiente del suceso).

Así de lamentable fue el epílogo, pues las fotos y el abrazo final no pudieron impedir que en el imaginario de los asistentes al estadio o los que disfrutaban el juego por la tv quedara la percepción de unos «cubanos bravucones, malcriados, agresivos».

Puede ser que el ampaya estuviera parcializado. Es más, por lo que yo vi, me dio esa percepción. Pero de ahí a una reacción violenta, definitivamente no. Sí en Cuba censuramos esos comportamientos —a veces no con la rigurosidad que se debiera—, en el extranjero tampoco deben quedar impunes, porque es la imagen Cuba la que se deteriora, no la de uno o dos simples mortales. Y cierro el capítulo de la indisciplina.

¿Y QUIÉN ES ESE?

Contra los universitarios de Estados Unidos juega la misma selección que salió herida de la Liga Can-Am, aunque yo prefiero decir que ese resultado negativo tendrá su saldo positivo, si la dirección del béisbol y el Inder sacan las mejores conclusiones.

Solo una pincelada, le pregunté a uno de los más talentosos lanzadores que integra el equipo cubano si conocía a Pedrito Pérez, y su respuesta fue desconsoladora: No, ¿quién es ese, un pitcher de antes? Pedrito Pérez, le dije, es el mejor entrenador de pitcheo de nuestro país en las últimas décadas; diles a tus entrenadores que te hablen de él, le recomendé.

Pero no solo hay que volver a Pedrito Pérez, que a sus ochenta años está muy lúcido y en forma; también hay que convocar a otro grupo de entrenadores, expertos, sabios de la pelota, que andan desperdigados por ahí, a la espera de que les pidan un consejo, que los llamen para planear juntos cómo salir del bache en el que está el béisbol cubano ahora.

Y no lo digo yo. Sobre lo que pasó en la Can Am, Roger ya tiene sus primeras cuentas sacadas: «Hemos pensado mucho en estos días todos el colectivo técnico que está aquí y hemos discutido con fuerza. Y hay una verdad que tenemos que asumir: nos hemos quedado atrás en el béisbol. En parte por culpa de nosotros mismos, dígase desde los entrenadores de la base, en la categoría juvenil, sub 23, los que hay en cada provincia y hasta quienes estamos en las series nacionales, al margen de los problemas de recursos que tenemos en el país.

«Tenemos muchas deficiencias y aquí se evidenciaron algunas. Los lanzadores de nosotros solo tiran recta y curva y no tienen un tercer lanzamiento efectivo. En la Can-am vimos a muchos que tiran cuatro o cinco tipos de lanzamientos. No sabemos correr las bases bien, ni hacer una asistencia donde hay que hacerla.

«Nuestros pítcheres cometieron once balk, eso es culpa también de nuestros árbitros que no lo cantan y de los entrenadores que no enseñan correctamente. No se está trabajando serio en todas las provincias y hay que revertir eso pronto, porque los demás países nos llevan un buen trecho en esos aspectos, que son parte del ABC del béisbol».

Entonces, ¿cómo vamos a dejar que muchos de los mejores, de los más experimentados, de los que más saben, no estén ayudando?

A estas alturas, quizá ya usted esté aburrido de mis parrafadas. Pero debo cumplir con mi compromiso inicial de hablarles del tope con el equipo de USA Baseball y algo de la selección que bajo las riendas de Vladimir Hernández juega en el torneo Interpuertos de Rotterdam, en Holanda.

Ya Cuba tiene perdido el tope. En sus tres salidas al terreno ha caído. Si en la Can Am fue el pitcheo el peor renglón, ahora es el bateo. Como si alguien le hubiera puesto en MUTE los maderos y solo el del avileño Raúl González ha sonado un poco, los demás, al menos en los partidos iniciales han dormido una larguísima siesta.

Los marcadores de los tres fracasos han sido: 5-4, 5-1 y 5-0. El fantasmas de las derrotas sigue rondando a la selección que comanda el binomio M-M (Machado y Mesa). Entre jueves y viernes efectuarían los dos últimos cotejos, los de la honra.

Y en la tierra de los tulipanes, los de la Mayor Isla de las Antillas concluyeron de líderes en la primera fase del torneo Interpuertos con balance de tres éxitos y un revés, a manos, obvio, de su bestia negra en los últimos años: Holanda.

Pero en el duelo inaugural de la segunda etapa, cayeron ante Japón, elenco al que había doblegado antes, y ahora tendrán que imponerse dos veces más sin perder para poder aspirar a la final y a revalidar la corona ganada hace dos años en esa misma ciudad portuaria.

Lo mejor de ambas competencias es que muchachos jóvenes están adquiriendo experiencia. Les prometo volver sobre ambas justas.

Por ahora, gracias y disculpas, porque me excedí «robándole su tiempo». Ahhh, y Despaigne se ganó, a base de batazos descomunales, un puesto en la próxima Serie de las Estrellas del más selecto béisbol profesional de Japón. Él solo es un show con el bate en la mano.


Norland Rosendo González


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