jueves, 1 de diciembre de 2022

Clásico Mundial: Japón, último examen del año

Dos selecciones de Cuba y Japón, finalistas del I Clásico Mundia, miden fuerzas viernes y domingo en partidos amistosos...

Rafael Arzuaga Junco en Exclusivo 17/11/2012
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Equipo Cuba - Victor Mesa
Cuba y Japón, finalistas del I Clásico Mundia, miden fuerzas viernes y domingo.

Nicaragua y Estados Unidos fueron rivales en casa. Holanda (Haarlem) y Taipei de China oficiaron como escenarios foráneos. Como pocas veces en los últimos años, los peloteros más calificados del país o de mayor rendimiento en una Serie Nacional han puesto en la palestra pública su calidad versus dispares estilos y calidades del béisbol mundial.

Ello, combinado con decenas de horas en sesiones de entrenamientos aquí y allende los mares, y en medio de fechas carentes de torneos de elite, a propósito de los aires de “modernización” que se viven en la IBAF (siglas en inglés del órgano rector del béisbol “amateur” en la Tierra).

Y, para colmo de bien, el saldo es positivo por donde se le mire, a pesar de que persisten las falencias cubanas y las más de las veces las exigencias deportivas fueron minúsculas.

Este viernes, la pelota de Cuba termina de vivir los instantes de una especie de “primavera de fogueo internacional” que, polémicas a un lado, ha dado oportunidad de lucimiento a poco menos de 100 peloteros.

(La cifra es importante. Sabemos que no es tan grande el número de beisbolistas de gran nivel en Cuba hoy, y para los convocados más jóvenes y de menor nivel entrenarse con los mejores, foguearse incluso contra otras maneras de entender el juego, es una oportunidad de crecer individualmente y de ayudar a la elevación cualitativa de sus selecciones en la Serie Nacional de Béisbol).

Pues bien, aún les falta otra prueba diagnóstico a los peloteros —y técnicos— cubanos, la mayoría de los cuales serán inscripto oficialmente antes del tres de diciembre y representarán a la Mayor de las Antillas en el III Clásico Mundial de Béisbol (WBC), en marzo de 2013.

Será, según se prevé, el examen más exigente, uno más riguroso que los anteriores (llamémoslos parciales). Y no porque sucederá al final de un ciclo, sino porque su rival de turno es Japón, campeón de las dos ediciones del WBC, en las que, de manera combinada, han sido tres veces victimario de los cubanos, las dos últimas oportunidades por lechadas.

Encima, los cubanos llegan a Tokio y Sapporo sin nada que enseñar. Resulta que, como se podía sospechar, la dirección nipona avistó y estudió in situ, en Taipei del China, al equipo de Víctor Mesa, que saldó con éxito global de 2-1 la llamada Thunder Serie.

“Tienen puntos débiles en los lanzamientos pegados y no van bien con los serpentineros zurdos”, ha declarado en referencia a la ofensiva antilla Koji Yamamoto, mentor japonés, que tiene bajo su mando a un grupo de jóvenes —no noveles— que buscan apuntalar sus chances de asistir al III WBC.

Para poner su teoría en práctica, Yamamoto enviará a la loma de los martirios para cumplir la primera apertura en el estadio Yahoo Dome, al siniestro Kenji Otanari, ganador de 12 de sus 20 decisiones con los Gigantes de Yomiuri en la Liga del Pacífico. 

Además, apostará al toque de bola y el hit and run porque —dijo— no cuenta con fuerza ofensiva en la nómina, aunque ese discurso deja entrever que apreció brechas en la defensa cubana, por las cuales su equipo podría, supuestamente, abrirse camino hacia el home plate.

La estrategia, resulte o no, casi seguro volverá a emplearla en el Sapporo Dome, el domingo, cuando Cuba jugará por el banco de tercera, el del home club.

Su contraparte, Víctor Mesa, uno de los mejores atletas del siglo XX en Cuba, desembarcó en una tierra cuya manera de entender y jugar el béisbol admira sobremanera, a juzgar por una de sus declaraciones más publicadas.

Desde su llegada a la dirección del team exigió profesionalidad, enfoque, actitud más que aptitud y llegó a decir “vamos a volvernos japoneses” en alusión al juego de los bicampeones del clásico, lo cual disparó las críticas en el país e hizo muchos titulares en la prensa.

No obstante —y eso puede ser ya escrito como una Verdad de Perogrullo—, por sobre el cariz amistoso, por sobre el aspecto de fogueo que tiene el duelo, Víctor intentará ganar, dos veces mejor que una, y ponerle una “marca de agua” a su actual periplo al frente de la selección cubana.

Y de seguro tendrá más ilusiones que las que tuvo con Matanzas en toda la Serie Nacional de Béisbol 51, porque su equipo disparó tres cuadrangulares y disfrutó el bateo de fuerza de Alfredo Despaigne —quizás el que menos puede jugar como un japonés— en la despedida de Taipei de China, con 16 hits y 14 carreras, cantidades inmensas para cualquier ofensiva, más para la de Cuba, cuya anemia ha hastiado a los aficionados cubanos en la mayoría de los años recientes.

Por ello debe esperarse el line up que más gusta al DT, en el que más confía (en lugar de uno cada vez, como en Taipei), y al menos una apertura de Freddy Asiel, el mejor abridor en la Thunder Serie. Esto y no mucho más. Hacer otras conjeturas es dilapidar palabras —y por tanto tiempo— en vano. A fin de cuentas, si algo caracteriza a Víctor Mesa es su capacidad de sorprender.

Lo que sí podemos suponer es que él, sus auxiliares de las líneas y los jugadores, tendrán que poner los cinco sentidos en el diamante, porque las exigencias en Japón, a priori, dejarán atrás las oposiciones de Nicaragua, las que encontraron en Haarlem y las de los casi imberbes norteamericanos; y serán un punto más alta que las superadas en Taipei de China.


Rafael Arzuaga Junco


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