jueves, 23 de mayo de 2024

Fidel, todo el oro en su pecho

Cuba se ubica entre los mejores 20 países en los Juegos Olímpicos gracias a la estrategia visionaria del Comandante en Jefe de la Revolución para el desarrollo del deporte...

Norland Rosendo González en Exclusivo 25/11/2021
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Fidel Castro-Mireya Luis-Deportista
Fidel y Mireya Luis, la capitana de las Morenas del Caribe. (Tomada de cmhw.cu).

Cuando Fidel Castro bajó de la Sierra, el deporte cubano vivía de las lejanas glorias olímpicas de Ramón Fonst en los inicios del siglo, de la pelota y del boxeo que premiaba a algunos pugilistas (los menos) con el dinero suficiente para esquivar los golpes de la vida en los barrios pobres donde habían nacido.

Lo otro era un ajedrecista de linaje, una especialidad que para muchos es más ciencia que deporte, más neuronas que músculo, y cuya olimpiada hoy se juega de manera independiente. En el campo de los trebejos José Raúl Capablanca sigue siendo un rey de todos los tiempos.

Pero Fidel, que desde adolescente había practicado deportes, con sobradas competencias entre sus condiscípulos, le dio un vuelco al “juego” y puso a esta pequeña isla del Caribe en el ranking de los mejores 20 países del mundo e, incluso, llegó a ubicarse entre los cinco primeros.

El 29 de enero de 1959, aún no había transcurrido un mes de su llegada a La Habana y ya estaba hablando de deportes. En una entrevista en la Ciudad Deportiva apuntó cinco líneas de trabajo: Aumentar la cantidad de atletas, crear las condiciones necesarias para la práctica de los deportes, apoyar económicamente a los atletas en activo y retirados, explicar la importancia del ejercicio físico en la formación de valores y asegurar desde el Gobierno revolucionario este sector con la ayuda de todos.

Eran los cimientos de una obra que comenzó a institucionalizarse en 1961: el 23 de febrero se creó el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (Inder), y el 19 de noviembre, en la clausura de la Primera Plenaria Nacional de los Consejos Voluntarios, deja claro que el deporte no podía seguir siendo un medio, sino un fin en sí mismo: “…no el deporte para la minoría, sino el deporte para todo el pueblo”.

De su afición por el béisbol, hay historias y leyendas. Desde el “contra Fidel ni en la pelota” de Camilo, hasta su relación con los jugadores de distintas épocas. Vivió como pocos el subtítulo de Cuba en el primer Clásico Mundial (2006). Cuando casi nadie apostaba por un equipo sin jugadores profesionales, él decía que sí, que iban a hacer historia, y poco a poco fueron tumbando rivales fuertes hasta que llegaron al duelo por el oro.


Fidel y Camilo con el traje de los Barbudos, en el célebre juego. (Tomada de Cubadebate)

Quienes se empecinan en cambiar la historia, lo llaman el matador de la pelota profesional en Cuba. Niegan —u omiten, que es lo mismo de letal— que fue el gobierno de Estados Unidos quien presionó para trasladar hacia Jersey City la franquicia de los Cubans Sugar Kings, que hasta 1960 tuvo su sede en La Habana.

Fidel estaba a favor de que ese equipo —campeón de la pequeña Serie Mundial, nivel AAA— siguiera en la capital de la isla, pero para entonces ya al otro lado de la Florida estaban ejecutando la política de aislamiento, y cortar de un tajo los vínculos deportivos era un arma ideal para esos mezquinos intereses; luego los propios norteños dieron el tiro de gracia al asunto, privando a los jugadores estadounidenses a participar en la liga profesional cubana. O allá o aquí, les dijeron.

Después, en 1962, nacieron las series nacionales, que tuvieron en Fidel a uno de sus máximos animadores. Ni en los años duros del Período Especial se dejó de celebrar el gran espectáculo deportivo y cultural que abarca a todo el país.


(Tomada de prensa-latina.cu)

El líder de la Revolución cubana siempre pensó en grande. Su visión del deporte no cabía en las rayas de cal que marcan el campo de juego de la pelota. Se propuso organizar los Juegos Centroamericanos y del Caribe en La Habana y lo logró en 1982; después dijo que América cabía en esta isla del Caribe y nuestro país obtuvo la sede de los Juegos Panamericanos de 1991.

En ambas citas ganó Cuba, que por entonces era la primera potencia deportiva de la cintura del continente y la segunda a nivel de las Américas, solo superada por Estados Unidos.

En 1991, Fidel saltó con Javier Sotomayor, pegó jonrones con Ermidelio Urrutia, remató con Mireya Luis, boxeó con Roberto Balado, nadó con Mayito González…

Pero Fidel no solo estuvo en los momentos gloriosos. Cuando Ana Fidelia Quirot sufrió un accidente doméstico, él fue el primero en ir al hospital. Siguió cada momento de la recuperación. Les dijo a los médicos que la principal medalla de oro era salvarla cuando casi todo el cuerpo de la estelar corredora estaba quemado. Ana Fidelia se salvó, volvió a las pistas y ganó medallas mundiales y olímpicas que compartió con Fidel, el hombre que confió en ella siempre.

Igual sucedió con Sotomayor, cuando en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999 le tendieron una trampa para sacarlo de la justa por consumo de sustancias prohibidas. Fidel lo defendió, creyó en él, y luego el Soto, el hombre que más cerca ha estado de las nubes con sus propios pies, siguió haciendo lo que mejor sabía: saltar varillas altas sin tumbarlas y subir al podio.

¿Qué atleta de su época no tiene una anécdota con Fidel? Llamaba por teléfono cuando ganaban una medalla memorable o había un hecho impactante. Preguntaba por los detalles, indagaba por asuntos que escapaban, incluso, a la prensa, porque él era un hombre que veía más que los demás.

Sabía de tácticas y estrategias; pero, sobre todo, de cómo levantar el ánimo, el espíritu y competir con convicción; su clave estaba en ponderar la patria siempre, porque a ella, decía, no se puede traicionar jamás, y cada actuación digna es una medalla que no tiene precio.

Así, Cuba llegó a ser cuarta en los Juegos Olímpicos de Moscú-80, adonde no acudieron Estados Unidos ni muchos de sus aliados políticos; pero en Barcelona 1992, con todo el mundo en el campo de juego, quedó en un asombroso quinto puesto en el ranking por países.

Aún hoy los campeones cuelgan imaginariamente sus medallas en el pecho del hombre que sigue siendo inspiración y desde la inmortalidad los alienta en los trances complejos, los empuja en la carrera y los hace lucir bien en cada jugada.

Porque el deporte cubano sigue teniendo un gran campeón: Fidel.


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Norland Rosendo González

Vivo de aprender todos los días a contar historias. Ya voy por el prescolar en la escuela de la vida. Me escapo del mundo para ver un juego de béisbol.


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