martes, 23 de julio de 2024

El Juego de las Estrellas necesita más brillo

Para evitar que el Juego de las Estrellas se convierta en una pasarela hace falta perfeccionar el método de selección (re) establecido para su XXV edición este 19 de febrero...

Rafael Arzuaga Junco en Exclusivo 08/02/2012
2 comentarios
PinarVVs Ciego
La FCB debe dar sólidos pasos para convertir el Juegos de las Estrellas en un verdadero espectáculo

Los que lo vivieron en su plenitud ya no deben recordarlo bien. La mayoría de los que ahora siguen la pelota ni tienen remota idea de cómo sucedía. Solo unos pocos conocen cómo transcurrieron las elecciones de los peloteros que se enfrentaban en los Juegos de Estrellas por allá por los románticos 60, por allá por los supuestos prósperos 80 del siglo XX. Y tan distante lo tienen en la memoria que, preguntados por este escribidor, no concuerdan ninguna de sus respuestas.

Es que, como la estructura de la propia Serie Nacional, el Juego de las Estrellas ha tenido un devenir veleidoso, incoherente y hasta antojadizo o caprichoso. Igual que se ha disputado porque sí, han desaparecido porque no, sin que medien u oficien criterios deportivos —o de otra naturaleza— coherentes.

Tres apuntes ejemplifican esta opinión. Archívenlos: Se disputa la LI Serie Nacional y apenas acontecerá el XXV Juego de las Estrellas; en la Serie 49 a alguien de la Dirección Nacional —su nombre es mejor no saberlo— se le ocurrió que el Juego de las Estrellas fuera dirimido al final de la temporada 2009-2010 y, por supuesto, finalmente no se efectuó; y en la década del 70 no hubo un solo Juego de Estrellas. Huelgan más comentarios. 

A días de hoy, esto es lo trascendente: que la Federación Cubana comprendió su importancia como componente del espectáculo que debe ser la Serie Nacional, como resorte de convocación popular en Cuba, como reconocimiento y estímulo a los peloteros participantes… Y, desde 1998, excepción hecha de 2009 y 2010, siempre ha organizado el Juego de las  Estrellas.

Volverá a disputarse este año. El próximo 19 de febrero, en el Victoria de Girón de Matanzas —inaugurado el 20 de febrero de 1977— se enfrentarán una selección de la Liga Occidental versus su par de la Liga Oriental. Esta vez, con la conocida y placentera novedad de que los jugadores participantes son elegidos por votación popular.

Ahora bien, la fórmula aplicada en estos momentos, induce, obliga  prácticamente a procurar su perfección con el propósito de establecer, de una vez y por siempre, un método más justo, democrático y popular para seleccionar los jugadores, elegir la sede, establecer la fecha del partido y, si es pertinente, hasta para estimular al equipo ganador y evitar así que el Juego de las Estrellas se convierta, finalmente, en una pasarela, un show sin caudal deportivo o, en el peor de los casos, en una simulación. 

El intento de perfeccionamiento puede comenzar, por ejemplo, por publicar las planillas de los aspirantes, además de en Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores, en los periódicos provinciales y en publicaciones consumidas en grupos sociales importantes al estilo de Bohemia, Somos Jóvenes, Alma Máter, Muchacha o La Calle.

Además, esto creo, los directores y peloteros, tanto como el público, deben tener opción de voto, como aficionados que son, como conocedores del deporte que son, como actores protagónicos de la pelota doméstica que son. Al menos unos y otros debieran tener la posibilidad de hacer una elección, una especie de wild card para técnicos y peloteros. ¿Quiénes mejores que los DTs y los jugadores pueden valorar la ascendencia en el juego de sus iguales?

Asimismo, valdría replantearse la conveniencia de realizar el Juego de las Estrellas justo a mitad de la temporada, sea de 96 o 200 juegos el calendario; de hacer un logotipo que lo identifique y promocione, de alternar las sedes, una vez en occidente, otra en oriente; de no sembrar al líder de jonrones y así abrirle las puertas a las sorpresas; de elegir y premiar al Jugador Más Valioso, en el estadio, justo al término del juego.

Valdría replantearse la conveniencia de uniformar a los equipos con casacas identificadas en el dorso y, en el pecho, grabados las nombres Estrellas Occidentales y Estrellas Orientales, que ayudarían al espectáculo con la uniformidad y serían una especie de premio para los participantes; de hacer una selección pública de los árbitros, sustentada con criterios técnicos y también en la popularidad (algunos prefieren ver en home plate a Omar Lucero que a Luis César Valdés), lo cual sería un reconocimiento a su labor en el torneo.

Más, muchas más opciones de perfeccionamiento, de corrección pueden sopesarse con tan solo auscultar el criterio popular. El pulimento es necesario, imprescindible pienso yo, para respetar la casta e importancia   del Juego de las Estrellas, y sobre todo para evitar las improvisaciones (como aquella de organizarlo al final de la temporada) y las decisiones taimadas (¿por qué se demoró tanto en oficializar a Matanzas como la sede de 2012 si era, de los muchos que ha tenido y tiene, el secreto peor guardado de la Comisión Nacional de Béisbol?).

Intentar pulir el método ahora (re) implantado debe ser un punto con asteriscos en la atestada agenda de la Federación Cubana de Béisbol y perfeccionarlo es una urgencia; una urgencia solo un tantito menor que definir y aplicar una estructura, sólida, sensata, atractiva, para la Serie Nacional.

Y como ha demostrado preocupación por y ocupación en estos y otros problemas, al menos yo, por lo pronto, le doy el beneficio de la duda a quienes conducen los destinos de la pelota cubana.

Pero ojo. Aunque parezca lejana, la LII Serie Nacional está bien cerca. Su importancia la aproxima en el tiempo, el hecho de que es antesala del III Clásico Mundial de Béisbol, al que Cuba quiere llegar en las mejores condiciones posibles, nos la pone prácticamente en las narices. Y ello, llegar con fuerzas al principal torneo internacional de este deporte, para contender como lo exige la historia del béisbol aquí, pasa por organizar un campeonato doméstico estructuralmente plausible, competitivo y de la mayor calidad posible; pasa, también, por organizar un Juego de las Estrellas estructuralmente plausible, competitivo y de la mayor calidad posible.

De modo que, como hoy es un mérito de la Federación Cubana de Béisbol (re) implantar la votación popular para elegir a las estrellas, no corregir el método podría ser, tan pronto como mañana, un crimen de lesa humanidad.


Compartir

Rafael Arzuaga Junco

Se han publicado 1 comentarios


Ernestico
 11/2/12 2:57

Con perdón, creo que no es necesario ser tan excesivamente democráticos para escoger los equipos, pues esto te dispara el presupuesto. Harían falta cientos de personas para recibir y computar estas encuestas. El béisbol es súper medible ya que tiene todas esas maravillosas estadísticas, por lo que no de ser dificil. A mi se me antoja que cada provincia junte al director del equipo, al capitán, a un representante de los aficionados y a un representante de la prensa local, preferentemente de la radio, pues son los que trasmiten mas partidos, y que seleccionen un todos estrellas sin incluir a los de su equipo. Con esto se hace un programa para la televisión local magnifico con imágenes de opinión de las esquina caliente. Luego se hace uno nacional y se invita a leyendas de la pelota cubana. En fin crear la anticipación por la vía de los medios y utilizar los recursos, como usted bien dijo en estimular a los peloteros. Gracias!

Deja tu comentario

Condición de protección de datos