martes, 29 de noviembre de 2022

El heroico gesto de Franz de Beche

Un acto humanitario le costó la vida. Misterioso incendio del Morro Castle. La extraña muerte del capitán...

Helio Ángel Menéndez García en Exclusivo 07/06/2016
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Franz Hoed de Beche tenía solo 17 años de edad cuando en heroico gesto perdió la vida en el desastre del vapor Morro Castle, incendiado la madrugada del 8 de septiembre de 1934 en travesía La Habana-Nueva York, siniestro en el que perecieron 132 personas entre pasajeros y tripulantes.

José Hidalgo, uno de los que logró salvar la vida en la catástrofe, contó a los periodistas que sobre las 3:00 de la madrugada se encontró con su amigo Franz en la cubierta del buque envuelto en llamas y que allí coincidieron con la cubana Rosario Camacho León, quien no había atinado a hacerse de un chaleco salvavidas.

La espesa humareda amenazaba con intoxicarlos y la enrojecida plancha de cubierta quemaba sus pies, por lo que —relató Hidalgo— no pudiendo estar por más tiempo a bordo, Franz cedió su chaleco a Rosario y decidió ganar a nado la costa, cuyas luces se vislumbraban en la lejanía. Confiaba en su habilidad de nadador.

El joven habanero practicaba natación en el Miramar Yatch Club durante sus vacaciones en Cuba y se destacaba en distancias largas. Por ello causó natural sorpresa que no pudiera ganar a brazadas las costas de New Jersey tras ceder su salvavidas. Su nombre no apareció entre los cadáveres hallados. Rosario se mantuvo por tres horas en el agua, asida a un cable, hasta ser rescatada. Renée Méndez Capote, colaboradora del periódico El Mundo, quien después sería una reconocida escritora, también viajaba en la nave y pudo contarse entre los sobrevivientes.

Algunos diarios especularon por esos años con la posibilidad de que el cubano hubiese tratado de llegar a uno de los barcos de salvamento, en punto contrario a la costa y tal vez más cerca del Morro Castle, y fue arrastrado mar afuera por las enormes olas, razón por la que nunca fue hallado su cadáver.

De ascendencia francesa, Franz Hoed de Beche nació en La Habana, hijo de un comandante de la guerra del 95.

Tan misteriosa como la muerte del joven estudiante cubano, que hoy identifica el estadio de béisbol situado en el barrio guanabacoense del mismo nombre, fue el accidente del buque, en el cual iban a bordo 259 turistas que horas antes habían embarcado alegres y felices en el puerto de La Habana, bien ajenos al infortunio que les esperaba.

Los periódicos de la época se hicieron eco durante varios días de los pormenores en torno al siniestro y recogieron las contradictorias declaraciones de oficiales y tripulantes del Morro Castle, sin que finalmente se llegara a una conclusión sobre las causas que motivaron el desastre.

Como fatal coincidencia está el hecho de que días antes de zarpar de La Habana había sido sofocado un incendio de moderadas proporciones en el cuarto de máquinas, gracias a la oportuna intervención de barcos cisternas surtos en el puerto capitalino.

Hay más. En plena travesía hacia Nueva York, a las 7:00 de la noche del viernes 7, moría repentinamente en el puesto de mando el capitán del Morro Castle, Robert L. Willmott, experto ingeniero naval, quien había dirigido personalmente la construcción de esta nave, sin que se pudiera determinar la causa de su muerte, ya que su cadáver fue devorado por las llamas horas después.

Williams Warms, capitán interino del buque, juró ante una comisión de la corte federal de Nueva York que a su juicio la catástrofe se debió a una mano intencionada y negó la versión de un rayo o de una explosión a bordo.

El Morro Castle, es bueno significarlo, estaba asegurado en 5 500 000 dólares en el Lloyd Londres y el American Marine Insurance Syndicate.

Hubo maraña… John F. Kemps, un bombero que viajaba como turista declaró ante el gran jurado federal que el fuerte humo lo despertó a las 12 y 45 de la madrugada y no a las 3:00 am, cuando se dio la alarma de fuego por la dotación del barco, declaraciones que fueron corroboradas por otros supervivientes.

El tripulante Pedro Yañez, cubano, acusó del siniestro a la compañía Ward Line y fustigó la actitud de los primeros oficiales del barco, quienes, dijo, dejaron a su suerte a pasajeros y miembros de la tripulación de menor jerarquía. Testimonios de otros que lograron salvarse, decían de cómo solo ocho de los 12 botes salvavidas fueron echados al agua, el primero de estos con únicamente ¡dos personas! en él.

El Yañez al que hago referencia declaró a la revista Carteles, días después del desastre, que en represalia a sus declaraciones el capitán Orestes Hernández, entonces jefe de la policía del puerto habanero, lo acusó de comunista ante las autoridades de Estados Unidos por lo cual fue retenido varias horas en el Departamento de Justicia de Nueva York.

Bien sabía él cómo había ocurrido el desastre. Eran las 3 y 15 de la madrugada del día 8 cuando la oficialidad del Morro Castle dio el consabido S:O:S: y ya para entonces el incendio estaba generalizado, acudiendo primero en su ayuda el Monarch de Bermudas, distante a unas 20 millas, el que recogió a 71 náufragos.

El capitán de esta embarcación relataría a la prensa lo angustioso del momento y cómo se dificultó el auxilio debido al mal estado del tiempo, con fuertes lluvias y vientos de galerna que hacían parecer palillos de dientes los botes salvavidas.

El buque incendiado, solo libre de las llamas en una de sus terceras partes, fue remolcado aún ardiendo hasta las playas de Ausbury, en New Jersey, por el guarda costa Tampa.

Allí, su humeante casco fue exhibido durante algunos días. Se dijo que se recaudó una jugosa suma de dólares por derecho a visitarlo. Este redactor tuvo oportunidad de verlo en el propio Ausbury en el año 1958, cuando laboraba en el hotel Stacton de New Jersey.

*El presente trabajo periodístico fue basado en el que salió a la luz en Juventud Rebelde en 1989, periódico en el cual laboré durante 40 años. Para su elaboración conté entonces con la colaboración del historiador Esteban Muñoz, ya fallecido.


Helio Ángel Menéndez García


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