jueves, 1 de diciembre de 2022

El béisbol sigue en slump

Ni la selección que compite en Barranquilla ni la que asistió al torneo de Haarlem han lucido bien...

Norland Rosendo González en Exclusivo 26/07/2018
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Beisbol Barranquilla Cuba
Beisbol Barranquilla Cuba

Cuba está a punto de perder la última corona que le queda a una selección élite en el béisbol internacional. Solo un milagro ratificaría a la selección nacional en la cima de la competencia de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. La pelota sigue cuesta abajo.

Después de dos éxitos sin convencer ante México (5-0) y Panamá (1-0), la escuadra de Carlos Martí cayó frente al invicto Puerto Rico (1-8) y en su última salida fue batido por Venezuela por 2-1.

Con un sistema competitivo de todos contra todos, sin play off, si una derrota cuesta, dos fracasos a medio campeonato ponen en zona de duda hasta un puesto en el podio. Así está Cuba ahora, a falta de tres juegos.

Había dos compromisos: el oro y uno de los dos cupos directos a los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Sin embargo, hasta un lugar entre los tres primeros se ha vuelto una incógnita. Quedar sin medallas sería, más que lamentable, un fracaso de talla grande.

Y este no es un torneo superior a la Serie del Caribe, en la que los Alazanes de Granma reforzados dejaron una grata impresión por segundo año consecutivo, y son casi los mismos jugadores. ¿Qué cambió?

El asunto merece un análisis a fondo. Se nota que el equipo no está en su mejor forma deportiva. La batería totalmente anulada, la mayoría de los bateadores lucen sin ritmo. El pitcheo, en cambio, se ha comportado mejor, pero tampoco como para lanzar voladores. No se aprecian tampoco progresos en la táctica.

Hace unos días concluyó en Haarlem la semana de béisbol de aquella región holandesa, donde un elenco cubano tuvo también una actuación decepcionante. 

Después de una fase preliminar de escándalo, porque no hay otro calificativo para un resultado de cero victorias y cinco derrotas, el equipo insular maquilló su performance con dos triunfos seguidos que les valieron para anclar, definitivamente, en el cuarto lugar.

Fue la segunda selección, lo que antes se llamaba Cuba B, que ahora, en honor a la verdad, es un Cuba F o G. Quizá M. Porque la primera, la principal, que tampoco es la A que podría ser, juega en Barranquilla.

Pero una cosa es la mirada a los números, a los nombres y otra, muy diferente, a lo que sucede dentro del terreno. Hacia ahí hay que poner los ojos y hacer el análisis. ¿Será cuestión de entrenamiento?, ¿de herramientas?, ¿de conceptos?, ¿de lecturas del béisbol moderno?...

Más allá de la sangría de atletas que renuncian a su residencia de origen —una realidad que no enfrenta ningún otro país en el mundo y que implica que decenas y decenas de peloteros cubanos emigren, obligados a romper sus vínculos deportivos con su país de nacimiento para poder enrumbarse hacia las Grandes Ligas— hay algo más en la pelota cubana actual que está afectando nuestro prestigio internacional.

Y para corregir muchas de esas deficiencias se concibió la serie de preparación-juego, cuyos resultados todavía no son visibles. ¿Lo serán? Desde los inicios de ese experimento en la metodología de entrenamiento hubo polémica. Tanto tiempo en el terreno, por toda Cuba, sin público, bajo un sol abrasante y sin el lógico descanso activo que merecían los atletas tras finalizar la pasada temporada, podría tener consecuencias.

Los directivos del béisbol cubano insistían en que era lo ideal, en que ese modelo de preparación dejaría un saldo favorable. Pero la realidad, testaruda, está escribiéndose al revés. Haarlem, Barranquilla…

Tampoco creo que el asunto deba apuntar solo a la prolongada serie de juego-preparación. Hay mucho más donde poner la mirada crítica. Importante es ahora delimitar lo que depende de Cuba y lo que la trasciende.

Hacer leña del árbol caído es fácil, pero dejarlo que se pudra resultaría peor. El béisbol es y seguirá siendo parte del patrimonio cultural de Cuba. Salvémoslo.


Norland Rosendo González


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