sábado, 25 de mayo de 2024

Cuba en Panamericano Junior: entre luces y sombras (+Foto)(+Infografía)

El quinto lugar alcanzado por nuestra delegación en el medallero general por naciones refleja el trabajo satisfactorio realizado por atletas y entrenadores. Sin embargo, conviene no caer en triunfalismos estériles y reflexionar...

Haroldo Miguel Luis Castro en Exclusivo 07/12/2021
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Yaynelis Sanz
La lucha en sus dos modalidades otra vez estuvo entre los deportes que más preseas aportó (Foto:Roberto Morejón/Jit).

La delegación de Cuba concluyó en la quinta posición del medallero general por naciones en los I Juegos Panamericanos Junior.  Luego de casi dos semanas en competencia, la Mayor de las Antillas conquistó 70 preseas, repartidas en 29 de oro, 19 de plata y 22 de bronce; una cosecha solo superada por Brasil (59-49-55)— a la postre líder de la edición—, Colombia (48-34-63), Estados Unidos (47-29-38) y México (46-78-48).

Si bien el principal interés de las máximas autoridades deportivas del país con este evento estuvo en evaluar a los jóvenes que, en teoría, asistirán a las Olimpiadas de París 2024, Los Ángeles 2028 y Brisbane 2032, también se aseguraron 28 cupos para los XIX Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023.  Un total de 15 boletos en el sector masculino y 13 en el femenino que desde ya garantiza la presencia del atletismo, la lucha, el boxeo, el canotaje, el judo y los clavados en la lid continental en su versión élite.

Para beneplácito de muchos, la actuación de nuestra comitiva destrozó los pronósticos conservadores que vaticinaban un rendimiento en sentido general discreto por tratarse de un evento sin precedentes, en una fecha poco común y con rivales prácticamente desconocidos.

Tiene, en realidad, mucho mérito lo conseguido si tenemos en cuenta las complejidades de un proceso clasificatorio marcado por el delicado contexto sanitario a nivel mundial, los más de 20 meses sin entrenamiento sistemático controlado, los problemas para desarrollar bases de preparación y topes en tierras foráneas y la coincidencia con la puesta a punto del grupo que asistió a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

A Cali viajamos, en definitiva, con 212 atletas listos para concursar en 26 deportes y alcanzamos una efectividad del 33 % en cuanto a medallas obtenidas. Es decir, uno de cada tres subió al podio de premiaciones. Disputamos, además, 186 de las 321 pruebas programadas— una brecha a reducir— y accedimos a 95 discusiones de títulos para una eficiencia del 30,5 %. En 14 disciplinas conquistamos, al menos, una presea y en siete de ellas recayeron la mayor cantidad de metales dorados.   

Otra vez las luchas (9-3-3), el boxeo (4-1-4) y el atletismo (9-6-3) encabezaron los mejores resultados. Los deportes de combate mostraron su supremacía y talento de cara al futuro. Sobre todo, el pugilismo, con una coherencia en cuanto a estilo y destreza, y la lucha grecorromana, fiel a la exquisitez técnica y a la superioridad mostrada durante los últimos años en eventos internacionales.

El atletismo, por su parte, no solo sorprendió por la cantidad de figuras que lograron marcas personales, sino también por superar las expectativas con actuaciones como la de Yaritza de la Caridad Martínez en el martillo, Greysis Robles en los 100 metros con vallas o Daily Cooper en los 800 metros.

Asimismo, los clavados (2-2-1) y el tenis de mesa (1-1-5), deportes revelación, ahora deben continuar potenciando el talento exhibido a partir de la inserción de sus exponentes en certámenes de mayor rigor y en el ascenso progresivo y planificado de estos a las primeras categorías. 

Anisley García brilló en los clavados con dos preseas de oro y un bronce (Foto: Calixto N. LLanes/Jit).

Sin embargo, el movimiento deportivo cubano volvió a mostrar dificultades para acceder a medallas en deportes fundamentales en citas múltiples como la natación, las gimnasias, las pesas o el tiro deportivo, los cuales disputaron 114 títulos. En otros como el bádminton, las velas, el triatlón, el ciclismo, el taekwondo, la esgrima o el patinaje nos queda mucho por hacer todavía. 

Alarma la escasa presencia de deportes colectivos y, peor aún, la falta de soluciones a un inconveniente que lleva más de una década golpeando a las divisiones de mayores. De acuerdo con lo visto, al balonmano le queda mucho por mejorar, el béisbol sigue sin hallar el camino y el voleibol de playa tiene cualidades de sobra para reinar en el área siempre y cuando se trabaje con la seriedad que tantas veces se ha echado de menos. 

Sin restarle un ápice de valor a lo logrado por nuestros deportistas y preparadores, conviene alejarse de la grandilocuencia y el triunfalismo estéril para analizar con la mayor sobriedad posible los éxitos y carencias. Acabamos de participar en un certamen en el que el 68% de las preseas doradas correspondieron a las primeras cinco naciones del medallero, un dato que refleja las carencias del continente.

Bajo ningún concepto los I Juegos Panamericanos Junior deben convertirse en la excusa para mirar hacia un lado y restarle importancia a las enormes deficiencias existentes en las etapas formativas, a los atrasos técnico-tácticos en métodos de juego y entrenamiento, a las torpezas de los directivos encargadoss de velar por el deporte de alto rendimiento o al éxodo constante y masivo de atletas y entrenadores. Toca celebrar, pero también reflexionar.  

 


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Haroldo Miguel Luis Castro

Periodista y podcaster


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