lunes, 22 de abril de 2024

Crónicas de los Juegos del Centenario (5- FINAL)

Con ingredientes de circo, de drama y de calidad deportiva, la competencia de los pesistas superpesados fue un auténtico show...

Jesús Gonzalo González Bayolo en Exclusivo 20/08/2016
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Gigantes hicieron de las suyas

ATLANTA--La competencia de los pesistas superpesados hizo las delicias de las más de 5 000 personas presentes –lleno completo- en la Sala E del Georgia World Congres Center.

Alexander Kurlovich, de Belarús (la antigua Bielorrusia), tenía la posibilidad de igualar la hazaña de Naim Suleymanoglu (Turquía, 54 kilos), único pesista tricampeón olímpico.

Pero luego de un año suspendido por doping reapareció en Atlanta por debajo de su habitual forma deportiva y se quedó con las ganas al concluir quinto, con biatlón de 425, nada menos que 32,5 kilogramos por debajo de su récord mundial en la categoría, que es de 457,5 kilos.

El Olimpo pudo festejar el nacimiento de un nuevo rey, el ruso Andrei Chemerkin, de 24 años y con 165,47 kilogramos de peso, de ninguna manera un desconocido, pues ya poseía el récord mundial de envión con 253,5 kilos, desde el siete de mayo del año pasado.

Chermerkin combinó 197,5 kilogramos de arranque con descomunal envión de 260 para convertirse en campeón olímpico de la categoría de más de 108 kilogramos con total de 457,5, cifra que es justamente el récord del mundo, en poder de Kurlovich desde el 27 de noviembre de 1994.

El show de Weller

Otra cosa sucedió en el envión. Cuando con sus 138 kilos de peso corporal el germano de 26 años Ronny Weller sostuvo sobre sus hombros 255 batiendo el récord del mundo, se vino abajo la sala, pero sobre todo Weller, quien se lanzó de espaldas sobre la plataforma, alzó los brazos, luego logró incorporarse estremeciéndose como poseído por el demonio y remató su show descansando su anatomía primero en un pie y luego en el otro para quitarse sus tenis y lanzar uno a cada lado de las gradas, provocando el delirio.

Descomunal envión de Chemerkin

Fue entonces que Chemerkin pidió que la barra pesara 260 kilos, llevando al clímax la espectacularidad. El campeón ruso subió ¡de 10 en 10! Abrió con 240, luego alzó 250 y para cerrar, 260, nada menos que 6,5 kilos por encima del récord mundial antes del inicio de la justa y cinco por encima del que acababa de usurparle Weller.

Y ante los ojos desbordantes del multinacional auditorio, Chemerkin elevó su descomunal envión para desbancar a Weller y quitarle lo que ya parecía era su título olímpico, superándolo en el biatlón por la mínima, 2,5. El entrenador de Chemerkin salió jubiloso a su encuentro, y ante la imposibilidad de cargarlo, fue cargado.

Para Weller, quien en un instante perdió los tenis, el récord y el título en ciernes, fue la medalla de plata con biatlón de 455  y el bronce con 450 para Stefan Botev, búlgaro que compite por Australia.

Le cayeron las pesas encima

Casi empezando la competencia hubo un momento de sumo dramatismo cuando el uzbeco Igor Halilov (24 años, 131 kilos) realizaba su segundo intento de arranque  con 182,5 kilogramos. Hizo las cuclillas situando las pesas sobre su cabeza. Estaba listo para erguirse y hacía esfuerzos para ello, pero parecía atornillado a la plataforma.

Así estuvo pugnando por alzarse con las pesas en alto, pero esa mole de 182,5 kilogramos cedió, cayendo sobre su  espalda y rodando hacia delante, arrollando su cabeza y siguiendo por el escenario con vía libre, como si tuviera la verde. Halilov quedó tirado sobre la plataforma, atontado, vinieron médicos y lograron sacarlo de allí caminando por sus pies, pero no pudo seguir en la competencia.

Ahora, hubo una estrella más fugaz aún que Halilov y fue el veterano de 40 años y 150 kilos de peso Leonid Taranenko, también de Belarús y campeón olímpico de Moscú-80. Taranenko desfiló, fue presentado entre los competidores con el número 9 y quien no le tomó una foto en ese momento no pudo hacerlo luego, porque no compitió.

El más pesado

Entre los más de 10 000 que compiten en esta ciudad del estado de Georgia el atleta olímpico más pesado estuvo en la reseñada lid. Se trata del pesista negro norteamericano de 25 años Mark Henry, quien contribuyó al espectáculo formando su show en cada salida, mediante gestos y gritos. Terminó en el lugar 14 y su peso corporal es de… 184,92 kilogramos, o sea, 407 libras.

Lo que vi fuera del estadio

ATLANTA.-Contrastando con los problemas organizativos, las personas vinculadas a los Juegos resultan amables en extremo y se desviven por resolver los inconvenientes… que en la mayoría de los casos no tienen solución en su nivel de competencia.

Atlanta, capital del estado de Georgia es la sede de la Coca-Cola, la cuna de Martín Luther Kingh Jr. y teatro imaginario de Lo que el viento se llevó.

Lo que golpea las pupilas en cualquier parte es una botella gigante de Coca-Cola o mil y un anuncios de esto, aquello y lo otro. El comercialismo se disparó con las Olimpiadas y por ende los precios.

Una de las más caras ciudades de la Unión habitualmente, en las últimas dos semanas se ha comportado de forma exagerada, supongo que con la divisa de que quien tiene dinero para pagar el alto costo de los tickets, debe tener más para gastar aquí.

Así, una botella de agua mineral puede costar más de dos dólares y una latica –normal- de cerveza cinco dólares, por citar un par de renglones. Ni hablar de los souvenirs olímpicos, porque tienen etiquetas –con el precio- para campeones, como una gorra 18 dólares, un sombrero 30, un llavero 15, o un sellito de solapa cinco dólares.

Ese es el precio en el Parque Centenario, precioso recinto al aire libre, con numerosas atracciones culturales, recreativas y, claro, comerciales, que alcanzó celebridad mundial con la bomba que estalló el 27 de julio de 1996.

Fuera del estadio vi muchas veces a Stevenson soltar la derecha,,, claro que no en riñas callejeras, sino firmando autógrafos, Hoy, 20 años después y cuando han pasado cuatro de su muerte tienen más valor, sino monetario, sí de eso que usted sabe que estremece el pecho cuando lo recuerda.

Gracias por sus lecturas de estas crónicas de los Juegos del Centenario, Atlanta 96, que preparé para CUBAHORA.


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Jesús Gonzalo González Bayolo


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