martes, 6 de diciembre de 2022

Basta de sandeces: Brasil ganó y punto

Charly le replica a su tocayo, Carlos, y defiende el resultado de la canarinha, su selección...

Carlos Enrique Morales Valido en Exclusivo 13/06/2014
0 comentarios
Charly en el maracaná
Charly Morales en el Maracaná.

Querido tocayo:

Te confieso que hago un esfuerzo supremo –lacerante, diría yo- para no regodearme en la insólita revelación de que una de las cabezas más prolíficas, sensatas y creativas del neo-periodismo cubano, alguna vez luciera aquella selenita moña que hasta los fieles del Fenómeno considerábamos ridícula. Pero hay que entenderte, tendrías a lo sumo 12 años, y a esa edad ni te cuento mis pintas. Además, tú eres mi amigo…

Por otro lado, más preocupante que el hecho de que entrabas en Secundaria cuando yo salía de la Universidad, es el criterio pernicioso, la insostenible tontería de que Brasil debutó con victoria porque el referee le echó una mano…. ¡Se dicen cada sandeces!

¿Qué no fue el Brasil categórico y divertido que su torcida espera? Correcto… ¿Qué el japonés Yuichi Nishimura se tragó el tupe de Fred y lo bajó con caipirinha? Sin dudas… ¿Qué el autogol de Marcelo fue una torpeza digna de un novato? Y peor…

Pero de ahí a insinuar siquiera que Brasil no fue mejor que Croacia, que no mereció esa victoria por encima de sus falencias, que el penal fantasma definió el partido… Eso, me vas a disculpar, más que objetividad es roña a la Canarinha…

De entrada, Neymar le aceptó el reto a Maradona, lanzado urbi et orbi en su show De Zurda, y tomó la batuta brasilera para ser un 10 en toda su magnitud, creativo y a su vez abastecido por un Oscar que coronó con un gol incontestable toda una tarde de un fútbol superior al planteado por sus homólogos balcánicos. Si somos sinceros, ese gol debería bastar para silenciar las suspicacias que generaron el autogol y el piscinazo.

Pero entonces esto no sería fútbol ni nosotros latinoamericanos...

Hay algún resorte genético o cultural, vayas tú a saber, que nos impide aceptar sin  más el triunfo del equipo rival, o el que nos cae mal. Como si la humildad nos recortara la hombría, proclamamos como papanatas que “al nuestro no le ganaron: el nuestro perdió…”, quizás la más tecnicista de una sarta de justificaciones que aspiran a atenuar el dolor de la derrota, que intentan convencernos de que no somos tan malos, que se empeñan en minimizar al contrario, como si caer ante alguien inferior no fuera la peor de las vergüenzas.

Pero eso sería aplicar la lógica, y si esto fuera lógico, entonces no sería fútbol: nada que despierte una pasión puede ser lógico... ¿si no cómo explicarías aquella ronáldica moña que se te ocurrió hacerte, aquel feliz y ahora distante 2002? Por lo que tú más quieras, tocayo, no sucumbas a las provocaciones y quema esas fotos… ¡Quémalas!

No por nada, es que no suelen pasar cosas buenas cuando te cortas el pelo… Mira a Sansón hace milenios, mira a Luka Modric recién…

Por demás, esta victoria de Brasil me remontó ocho años atrás: Berlín, junio de 2006, los pentacampeones comenzaban la defensa de su corona precisamente contra Croacia, y yo me quedé fuera del estadio, aquella mole del distrito Charlottenburg hasta cuyas puertas viajé en vano, pues ni estaba acreditado ni tenía entrada, pero tenía mi cara dura y esa esperanza tan nuestra de meter cabeza y colarnos… Como si estuviera en Cuba…

Brasil también ganó aquel partido, 1-0 con golazo de Kaká. Niko Kovac, el actual DT croata, era el capitán de aquella escuadra donde también estaban Stipe Pletikosa, Darijo Srna, Ivica Olic y el mencionado Modric, que entonces era banco. A su vez, de esa “Selecao” solo queda Julio Cesar, entonces tercer portero. De aquella noche no recuerdo mucho fútbol, pero jamás olvidaré el fetecún posterior en el Fan Festival de la Puerta de Branderburg, con una batucada tan fuerte que acabó derribando una tribuna donde yo andaba trepado, de fresco, y que me costó señor moretón…

La moraleja del cuento no es especular, como se pueda inferir con vil lipidia, sino dejar dos cosas en claro. La primera, que debutar con victoria no significa -de ninguna manera- que las cosas seguirán así y tendrás tu happy end para restregárselo por la jeta a quienes no sean de tu equipo. Y la otra es que nadie goza un triunfo como la torcida brasileña: no dudo que más de uno se haya pasado al bando verdeamarelo por culpa de alguna bendita garota meneándole sus nalgas con felicidad…

Pero nosotros estamos por encima de eso… ¿o no?

Sin más por hoy, un gran abrazo de tu tocayo mayor,

Charlinho…


Carlos Enrique Morales Valido


Deja tu comentario

Condición de protección de datos