jueves, 1 de diciembre de 2022

A cambiar ya, bajándose del avión

Es mucho lo que hay que hacer, muchas las puertas que tocar, muchos los sabios a los que pedir consejos...

Norland Rosendo González en Exclusivo 11/07/2017
1 comentarios
Tope Cuba-Usa en Carolina del Norte
Roger Machado (C), Directo Técnico de Cuba, realiza un cambio de lanzador durante el tercer juego del VI Tope Amistoso de béisbol entre Cuba y Estados Unidos, en el estadio BBT Ball Park, en la ciudad de Charlotte, Carolina del Norte.

La felicidad no es completa: un equipo cubano de béisbol empezó mal en el tope contra los universitarios de Estados Unidos y terminó mejor. Otro equipo cubano empezó bien en el torneo Interpuertos de Rotterdam, Holanda, y terminó peor.

El océano Atlántico era el fiel de un cachumbambé. Subía allá, bajaba acá; subía acá, bajaba allá. Como para volvernos locos. Nunca estuvo en equilibrio.

Era una suerte de ilusión, de magia: el triunfo está allá, ya no lo ves; ahora está aquí, y casi no lo ves tampoco. Y uno, periodista, y ustedes, aficionados, con los ojos abiertísimos buscando (deseando) lo mismo —la victoria, claro— en ambas partes.

Sigue la sed de triunfos. Los dos con los que la selección dirigida por la fórmula M-M (Roger Machado y Víctor Mesa) concluyeron el tope amistoso con USA Baseball fue como par de sorbos de cerveza en una playa a medio día.

Parecía que el equipo insular iba a seguir con la misma mala racha que tuvo en el circuito Can-Am. En aquella liga independiente jugada al norte de Estados Unidos y al sur de Canadá los bates cubanos sonaron bien, pero a los pitchers les dieron mucho más.

Contra la escuadra de Estados Unidos, los maderos caribeños hablaron en susurro (a veces hasta enmudecieron) y los lanzadores aguantaron un poco más, y tuvieron mejores actuaciones.

Otro refrán: una de cal y otra de arena. Primero el bateo, luego el pitcheo, pero casi nunca estuvo en equilibrio. En el béisbol deben conjugarse los tres aspectos (pitcheo, defensa y bateo) para logar un resultado sostenible; con dos, es posible, aunque más difícil. Súmele un cuarto, la dirección.

Entre los mejores: Raúl González, que debió ser uno de los miembros activos del Cuba que fue al Clásico Mundial y no un suplente que tanta falta hizo; Juan Carlos Torriente, otro que mereció vestir el traje grande en el Clásico, y que se extrañó tanto en el terreno allá en Japón; Yosvany Alarcón, sin dudas, un “vanvanero” con el bate en la mano, lo hace sonar, y sonar bien. Quizá lo más sabio sea que juegue en primera base.

De los jóvenes, otra vez los jardineros Yoelkis Céspedes y Víctor Víctor merecieron más elogios de los cazatalentos. El primero con mejores números a la ofensiva. También recibió algunos “piropos” Yosver Zulueta, el lanzador villaclareño. Para los proyectos de Cuba, sacaron buenas notas además los pitchers Leomil González, Yariel Rodríguez y Frank Luis Medina.

Otros también dejaron gratas impresiones, pero con intermitencia. Y algunos de más horas de vuelo, como el matancero Yoanni Yera, que sigue confirmándose como un zurdo imprescindible, hicieron aportes notables.

SIN OLER LOS TULIPANES

Al otro lado del Atlántico viajó un equipo más discreto, porque también más discreta era la competencia. Si hubiera empezado perdiendo, a lo mejor pocos se hubieran tomado el trabajo de seguirlo, pues había incertidumbre sobre su posible desempeño allá.

Sin embargo, el inicio fue a la inversa, con algunos sustos, pero ganando. Terminaron como primeros en la fase inicial del Interpuertos de Rotterdam, solo no pudieron con Holanda, la Bestia Negra del béisbol cubano en los últimos años.

Entonces, ya imaginábamos una final contra los propios anfitriones por el desquite. Pero el fantasma que recorría Canadá y Estados Unidos decidió tomar un avión y volar hacia el país de los tulipanes. No más aterrizó allá y se acabó la buenaventura de los dirigidos por Vladimir Hernández.

A una cadena de tres éxitos siguió otra de un eslabón más, pero de fracasos. El penúltimo, vergüenza mayor, ante nuestros vecinos de Curazao, cuando no se podía perder más para aspirar a conservar en nuestra ínsula la corona de ese torneo. Curazao hasta ese día solo había aportado triunfos a sus rivales.

Ya sin opciones de podio, la novena de Vladimir Hernández chocó de nuevo con Holanda por no ocupar el más triste lugar de cualquier competencia. Y otra vez, para no variar, ganó Holanda, y Cuba quedó en el quinto y último puesto en la tabla de posiciones. Impensable: de líder de la primera ronda, al sótano en el ordenamiento final.

Amén de algunas decisiones del alto mando cubano con las que puedo no estar de acuerdo —quizá usted discrepe también—, como esperar a que los lanzadores explotaran para sustituirlos o tocar la bola con el cuarto bate y hombres en posición anotadora, ese equipo tenía recursos para quedar en el podio, aunque su staff era muy pobre, y en la práctica fue el de menos efectividad de todos en la justa.

Algunos noveles, como el jardinero santiaguero Yoelquis Guibert y el taponero de Guantánamo Luis Enrique Castillo, exhibieron credenciales para el futuro. El pinero Dainer Gálvez es otro al que no se debe dejar al margen de los proyectos del béisbol nuestro. Ni Humberto Bravo, ni Leonel Segura, ni Geonel Gutiérrez, ni Lionard Kindelán, quien, inexplicablemente, no fue convocado a ninguno de los dos equipos.

Repito lo que ya dije: la hora de los lamentos ya pasó. Es más, nunca debió ser, porque esta Isla nunca ha tenido tiempo para suspiros nostálgicos en tiempos duros. La pelota no va a ser la excepción. Pero es mucho lo que hay que hacer, muchas las puertas que tocar, muchos los sabios a los que pedir consejos. Pero eso es ya. Bajándose de los aviones.


Norland Rosendo González

Se han publicado 1 comentarios


Javier Nd
 12/7/17 6:41

Y la comision nacional que dice de esto cuando van a dar la cara e informar la estrategia a seguir para franar de una buena vez el desastre del beisbol

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