jueves, 28 de septiembre de 2023

Evitar el fin

La ONU dedicará espacio este año a la aspiración de librar al mundo de armas nucleares, empeño que también impulsa Cuba...

Néstor Pedro Nuñez Dorta en Exclusivo 20/09/2018
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Bomba nuclear
La renuncia a la posesión de armas nucleares y su desarrollo no admite oportunistas selectividades.

La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas acaba de abrir su setenta y tres periodo de sesiones con una agenda cargada de asuntos trascendentes. Uno de ellos estará en la mesa en ocasión de celebrarse, el cercano 26 de septiembre, el Día Internacional para la Eliminación de los Arsenales Nucleares, una amenaza que pende sobre la existencia de la humanidad y del planeta en su totalidad desde mediados de la década del cuarenta del pasado siglo, en que Washington fabricó las primeras bombas atómicas y las utilizó contra la ciudades niponas de Hiroshima y Nagasaki, con el pretexto de obligar a Tokio a suscribir la paz en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

En consecuencia, y por más de siete decenios, la especie humana ha vivido y sigue viviendo sobre abultados polvorines de armas de destrucción masiva, concentrados primero en manos de las dos grandes potencias rivales del siglo veinte, los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética (URSS), y que hoy radican también en otros Estados, incluidos los no declarados arsenales del Israel sionista, lo cual añade mayor potencial destructivo sobre las cabezas de todos y cada uno de los pobladores de este mundo.

De ahí que Cuba, a lo largo de muchos años, se haya sumado en el máximo organismo internacional a las voces que reclaman, no solo la no proliferación de tales artefactos de muerte, sino su eliminación total, con lo que no solo salvaríamos a los hombres y su entorno, sino que además se pondría fin a un brutal instrumento para intentar imponerse a los demás mediante la amenaza y la hostilidad. Porque ¿qué si no nos dicen los orígenes de tales arsenales capaces de borrar del mapa todo signo de vida?

Cuando Adolfo Hitler y la Alemania Nazi trabajaban afanosamente por crear el arma nuclear, lo hacían para domeñar completamente al planeta a nombre de la superioridad de la raza aria. Cuando los Estados Unidos finalmente la materializó e hizo estallar sobre ciudades indefensas, no perseguía otra cosa que establecer el chantaje global a cuenta de los “elegidos por la providencia para gobernar el orbe”.

Y como toda acción tiene una reacción, la URSS se convirtió poco después en el segundo país poseedor de armas nucleares como lógica respuesta defensiva frente a la amenaza del pretendido coloso del Norte y sus aliados occidentales, entre los cuales también aparecieron tales artefactos.

De manera que el riesgo nuclear tiene una cuna nada noble, y las sumatorias en ese sentido van desde acentuar las amenazas hasta intentar conjurarlas…pero al final los silos siguen llenándose y el peligro gana mayores espacios.

Vale entonces -a la hora de asumir este asunto- buscar las causas y no andar por las ramas. Si, como ha dicho tantas veces Cuba en la ONU, desapareciese la filosofía de la fuerza y el despojo para dar paso al entendimiento sereno, objetivo y decente entre todas las naciones, no ya las nucleares, sino todo tipo de armas y artilugios agresivos serían innecesarios e inútiles.

Por demás, la renuncia a la posesión de armas nucleares y su desarrollo no admite oportunistas selectividades. Nadie tiene preferencias sobre otros en este tema. Se trata, llanamente, de todo o nada, porque de lo contrario nunca habría confianza ni la necesaria simetría que la haría valer.

En consecuencia, y ante la persistencia impuesta de la presencia de tales descabellados artilugios, la Asamblea General de la ONU retomará el tema en esta, su nuevo periodo d sesiones, con la fe de que algún día la razón dejará atrás a la locura…y como hasta hoy, Cuba estará entre los que ponderan y suscriben lo indiscutiblemente lógico, sensato y justo.


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Néstor Pedro Nuñez Dorta

Periodista

Se han publicado 1 comentarios


Roberto
 20/9/18 14:15

Magnífico artículo que demuestra que los arsenales nucleares, si se usan, acabarían con la humanidad y con el planeta, en su totalidad, y nos recuerda los horripilantes crímenes cometidos por Estados Unidos contra Hiroshima y Nagasaki. Recuérdese que en Hiroshima murieron 140 mil personas, de ellas 50 mil instantáneamente y 20 mil edificios y casas desaparecieron y en Naagasaki perecieron 170 mil personas, de ellas 70 mil instantáneamente, el 70 % de los edificios quedaron totalmente destruidos y la velocidad del viento provocada por la explosión fue de 500 Km/h(fuente: Periódico Granma del 9 de agosto de 2018).Han pasado 73 años de estos hechos, en los cuales se ha llegado a acumular un arsenal de cerca de 15 mil armas nucleares, mucho más potentes y sofisticadas que las usadas contra Japón. No hay dudas de que, con ellas,se puede destruir el planeta varias veces.

Apoyo la actitud de Cuba al reclamar no solo la no proliferación de las armas nucleares, sino su eliminación total, porque eso es defender la continuidad de la vida en la Tierra y coincido con el autor del artículo en que, si hay respeto, todo tipo de armas deberían ser innecesarias, porque no solo las Armas de Exterminio en Masa producen nefastas consecuencias contra las personas, los medios materiales y el medio ambiente, sino también las Armas Convencionales, donde hay bombas de aviación, cohetes, proyectiles de artillería, granadas, minas y municiones de todo tipo que utilizan, indistintamente, altos explosivos, sustancias incendiarias y otros elementos, que son muy destructores y, por tanto, tampoco debían existir, porque se utilizan para matar y destruir.

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