viernes, 3 de febrero de 2023

Duque y Uribe en medio de un escándalo político

Verifican grabaciones para compra de votos en 2018...

Clara Lídice Valenzuela García en Exclusivo 17/03/2020
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El ex Álvaro Uribe y el presidente Iván Duque, son los acusados en un nuevo escándalo político en Colombia, la llamada nación-genocida.

Un narcotraficante asesinado en Brasil, el presidente Iván Duque, y el ex Álvaro Uribe, son los acusados en un nuevo escándalo político en Colombia, la llamada nación-genocida, debido a la presunta compra de votos para que el ala más radical de la derecha ganara la entrada al Palacio de Nariño en 2018.

La Sala de Instrucción de la Corte Suprema, la más alta instancia de la justicia ordinaria, abrió un expediente previo contra Uribe, mencionado en una llamada entre el difunto hacendado y narcotraficante José Guillermo Hernández, conocido como Ñeñe y una de sus asesoras, en la que hablaban de presunta compra de votos para favorecer a Duque.

En aquella fecha, Hernández era investigado por el homicidio del joven Oscar Rodríguez, a quien confundió con su padre, quien le debía dinero. Prófugo en el vecino país, nadie cree en Colombia que murió en un atraco, sino que fue ultimado en un ajuste de cuentas con alguna banda mafiosa. Aun cuando no haya los resultados esperados y los culpables no sean castigados, la Corte Suprema, la Comisión de Investigación, la Cámara de Representantes y el Consejo Nacional Electoral tienen en sus manos las pruebas para que, según sus competencias, investiguen el contenido de las intercepciones.

Aunque tanto Duque como su padrino niegan cualquier vínculo con el narcotraficante, hay pruebas gráficas de que ese individuo se movía en las altas esferas del gobierno de Uribe. También fue invitado a la ceremonia de asunción del llamado “Duquesito”, líder de la ultraderecha en Latinoamérica, una condición otorgada por Estados Unidos y su presidente Donald Trump.

Las fotos no mienten. Decenas de ellas muestran que la relación del Ñeñe con Uribe era cercana y que tenía poder en círculos políticos y militares.

Las autoridades judiciales indicaron que este hombre que usaba como fachada la de un respetable ganadero, integraba una organización criminal y poseía bienes resultantes del narcotráfico.

Para la Fiscalía colombiana, el Ñeñe era uno de los testaferros de Marcos Figueroa, alias “Marquitos Figueroa”, considerado el jefe de una organización criminal en los departamentos de Cesar y La Guajira.

El tribunal aseguró que la indagación contra el senador Uribe, líder del partido oficialista Centro Democrático es “por presuntas conductas contra los mecanismos de participación democrática”, según denunciaron los periodistas Gonzalo Guillén y Daniel Mendoza.

Ellos revelaron públicamente la transcripción de una llamada telefónica en la que el Ñeñe Hernández y María Claudia Daza, asesora de Uribe, conversaban sobre la compra de votos para favorecer al actual mandatario en la segunda vuelta de los comicios en la que se enfrentaba al abogado progresista Gustavo Petro, del partido Decentes.

En una de las grabaciones se escucha a Hernández decir que él era “el eje de una operación de compra de votos en la Costa Norte para Duque por orden del expresidente y senador Álvaro Uribe”.

En ellas, le decía a su socia: “Póngale cuidado, nosotros en las pasadas nos aprovechamos de la plata que se robaron de Vargas Lleras, de transporte y de cosas en estas otras no la vamos a tener, ¿usted se imagina dónde nos hubieran cogido esos ciento y pico de millones de pesos qué hubiera pasado en el Valle (Valledupar)?”.

Es significativo que las intercepciones fueron guardadas durante dos años aunque los expertos de la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (DJIN) habían separado el pliego comprometedor.

En las cintas grabadas —que permanecieron dos años engavetadas— conseguidas de manera legal por los reporteros y resguardadas las originales en el extranjero, se menciona al actual presidente, y al senador, y se habla entre Hernández y su interlocutora de “pasar dinero bajo la mesa” para lograr hace dos años el retorno del uribismo al máximo cargo del gobierno.

Para analistas y políticos opositores, este caso, a pesar de su gravedad, tendrá un corto curso, y una de las razones es que la Fiscalía, encabezada por Francisco Barbosa, es amigo cercano de Duque.

Entre los que consideran que la justicia una vez más salvará a Uribe está Guillén, el profesional denunciante, pues, reveló que el documento presentado por el Fiscal está redactado de manera incompleta y contiene falsedades “para que no lleve a nada. No va a pasar nada porque la Fiscalía es de Uribe y la Corte le tiene pavor”, dijo.

Uribe, uno de los jefes del ultraderechismo en Latinoamérica y creador de los grupos paramilitares cuando era gobernador de Antioquia, tiene varias causas pendientes en su contra, entre ellas una presunta manipulación de testigos vinculada al proceso por fraude procesal y sobornos.

En su defensa, y ante el escándalo que lo envuelve, el senador comentó, refiriéndose a Hernández: “Yo al señor no lo conocí, no fui amigo de él, aparece en una foto conmigo, como hay fotos de miles de colombianos que todavía se atreven a tomarse una foto conmigo en actos públicos”.

Pero conoció el deceso, manifestó en un tuit que “causa mucho dolor el asesinato de José Guillermo Hernández, asesinado en un atraco en Brasil, donde asistía a una feria ganadera”, seguramente con conocimiento de que era una vendetta contra su amigo homicida.


Aunque el presidente Duque niega vínculos con Ñeñe Hernández, esta foto demuestra su mentira. (Tomada de El País).

Duque, quien también intenta sacarse la acusación de encima, declaró que: “Nunca le pedí al señor Hernández ningún recurso para mi campaña, ni tampoco hay aportes del señor Hernández a mi campaña. Nunca supe que había investigaciones contra él y, si las hay, que las autoridades esclarezcan y rápido”.

Sin embargo, para quien fue formado por un individuo como Uribe, creador desde que era gobernador de un sistema de intercambio de favores entre partidos políticos y clientelismo —llamado “mermelada” por la población— le resulta difícil explicar, y ser creído, que nada tuvo que ver con el desvío de dinero para favorecerlo.

Poco podrá hacer la pareja para desmentir las pruebas publicadas en la prensa.

Las fuerzas militares, por ejemplo, admitieron que Hernández se trasladaba en aeronaves del Ejército, aunque para protegerse de una situación inusual para un civil, emitieron un comunicado en el que aceptaron la irregularidad, pero esclareciendo que “el señor Hernández era conocido como empresario del sector ganadero y miembro de una familia tradicional del César, en el norte del país”, lo que no le daba derecho a utilizar medios del Estado para su traslado.

Hace unos días se conoció que un vehículo de la empresa La Gloria Ganadería, propiedad del Ñeñe, fue prestado a la campaña electoral de Duque para trasladar dirigentes del Centro Democrático a los recorridos electorales.

El senador, uno de las personas más poderosas de Colombia, se vio obligado a reconocer que la interlocutora de su amigo Ñeñe era María Claudia Daza, una funcionaria de su equipo en el Senado.

De inmediato, Daza renunció a su cargo y salió del país, mientras los periodistas Guillén y Martínez denunciaron que son víctimas de espionaje y seguimientos del gobierno.

La asesora decidió alejarse de los focos luego que Uribe la señalara como implicada en la compra de votos de la elección de 2018 y afirmando que un periodista le confirmó que ella era la persona que cometía el delito, según las intercepciones telefónica practicadas a Ñeñe antes de morir el 2 de mayo de 2019.

A Duque, cuya popularidad es apenas de un 23 %, el fantasma del fraude lo rondará el resto de su vida. Defensores de su régimen ni siquiera niegan los hechos y defienden que pudo existir compra de votos, pero en cantidades que no habrían cambiado el resultado del escrutinio.

Ahora el gobierno colombiano trata de desviar la atención de la ciudadanía ante la presencia del coronavirus en el país. Obligado está a dar una respuesta a la ciudadanía, la que no tiene en mano, dada la inexistencia de un sistema de salud de calidad. Pero este es un asunto coyuntural, aunque la media que apoyo al régimen que de continuo ataca a su vecina Venezuela, pronto dejarán atrás la enfermedad y volverán al tema de las acusaciones.

El presidente necesita recuperarse y tener, como mínimo, un 40 % de apoyo popular para que Cambio Democrático sea viable en los comicios del 2022.

Duque tiene demasiados asuntos internos pendientes como para que la ciudadanía considere a su partido una buena opción para continuar en el Palacio de Nariño.

El genocidio diario contra los activistas sociales y los exguerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el bloqueo al Acuerdo de Paz entre esa organización ya desaparecida y el expresidente Juan Manuel Santos, la venta del país a trasnacionales ignorando el derecho de los pueblos indígenas y su obsesión por derrocar la Revolución Bolivariana de Venezuela son demasiados asuntos en su contra.


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Clara Lídice Valenzuela García

Periodista


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