sábado, 3 de diciembre de 2022

Carrera presidencial en EE.UU. ¿Cómo anda y hacia dónde va?

A propósito del debate vicepresidencial en Estados Unidos rumbo a las elecciones de noviembre de 2020….

Liz Armas Pedraza en Exclusivo 09/10/2020
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Elecciones Estados Unidos
En el sistema electoral en los Estados Unidos aparecen vericuetos apenas insondables, pero que al descubrirse muestra sus fisuras. (Fuente: La Vanguardia)

En el escenario preparado este 7 de octubre en el estado de Utah, Kamala Harris se centró en criticar el manejo de Trump de la pandemia de la COVID-19: “210.000 muertos, siete millones de casos, uno de cada cinco negocios cerrados y más de 30 millones de solicitudes de ayuda por desempleo”, añadió la candidata a vicepresidenta. Mientras tanto, Mike Pence se acomodó en el sector económico, los recortes de impuestos y las regulaciones en Estados Unidos.

A ciencia cierta, no fue un debate que sorprendiera ni mucho menos aprovechado totalmente para sumar votantes para sus respectivos compañeros de fórmulas. De hecho, los expertos coinciden en que el enfrentamiento entre Kamala Harris y Mike Pence no provocó un cambio sustancial en el rumbo de las elecciones.

De manera general, el debate tuvo un matiz civilizado y bastante tradicional, sobre todo si se compara con el protagonizado por Joe Biden, candidato por el Partido Demócrata y Donald Trump, pretendiente a la Casa Blanca por el Partido Republicano.  Y como show mediático, al fin y al cabo, el revuelo mayor, al punto de copar titulares, fue la mosca que se posó por casi par de minutos en la cabeza de Pence.

Los debates presidenciales y el único que llevan a cabo los candidatos a la vicepresidencia en los EE.UU. generan, sin embargo, una especie de ilusión acerca de un proceso democrático y participativo muy alejado de lo que sucede en realidad en uno de los procesos electorales más enrevesados del mundo.

UN SISTEMA ELECTORAL NO TAN PERFECTO

En el sistema electoral en los Estados Unidos aparecen vericuetos apenas insondables, pero que al descubrirse muestra sus fisuras.

Ciertos puntos clave permiten arrojar luces. Por ejemplo:

  • Los Partidos: En Estados Unidos pareciera que el sistema electoral es bipartidista-Partido Demócrata y Partido Republicano. Pues no es exactamente cierto, pues se inscriben varios partidos, incluso candidatos independientes, pero no tienen la fuerza financiera multimillonaria ni la maquinaria desplegada detrás de las principales figuras. Funciona la alternancia como ley no escrita, o sea, un periodo para demócratas y otra para los republicanos. 
  • La supresión del voto: El sistema electoral en los Estados Unidos está diseñado para que las mayorías no puedan votar. Desde los inicios constitucionales del país los esclavos, negros libres y las mujeres por ejemplo, no tenían derecho al voto. También el acoso ha formado parte de las prácticas intimidatorias y disuasivas.  En la actual campaña, entre las iniciativas para desestimular a las minorías se impuso la inhabilitación de ese derecho para los que han cumplido sentencia. Por otra parte, la inscripción en el Registro de votación no es un derecho de facto, pues el interesado debe darse de alta siempre que desee votar, haciendo más trabajoso este paso esencial en los procesos de votación.
  • El supermartes: En Estados Unidos las elecciones no se desarrollan en días feriados o fin de semana. De esta forma, el sector trabajador del país tiene muchas dificultades regularmente para obtener un permiso para ir a votar.
  • La técnica: En Estados Unidos no existe una Ley electoral Federal, sino que cada estado tiene legislado el mecanismo de votación. Es una ilusión pensar que el Presidente de EE.UU es electo por voto popular. En realidad, los estadounidenses que acuden a las urnas eligen a los Electores de los Colegios Electorales quienes deciden en sus respectivos Estados a quién otorgan el voto, conocido entonces como voto electoral. El “todo o nada” funciona en la mayoría de los Estados y hace que el ganador se lleve todos los votos de los delegados.
  • El elegido. El inquilino de la Casa Blanca no llega a habitarla por mayoría del voto popular. De hecho, apenas llegan a ocupar el cargo con menos del 40% de los votos. Ahora bien, el voto popular es aquel que se emite durante las elecciones a favor de un candidato o para aprobar una propuesta de ley. No obstante, el presidente de los Estados Unidos se elige a través del voto electoral. Es por eso que, por ejemplo, en 2016 Donald Trump terminó siendo elegido como presidente del país norteamericano, aun cuando Hillary Clinton se llevó el voto popular. Igual suceso ocurrió cuando se otorga el voto electoral a G. W. Bush cuando Al Gore había ganado el voto popular en Florida.
  • Los Estados pendulares: Los Estados péndulos, “bisagras” o “púrpura”-por la combinación de rojo republicano y el azul demócrata- son definitorios en una elección en Estados Unidos. Dichos Estados no tienen un patrón definido de voto hacia ninguno de los dos partidos. Este año los estados pendulares aumentan con respecto a la elección pasada y se identifican como tales: Wisconsin, Michigan, Iowa, Ohio, Pensilvania, Arizona, Georgia, Carolina del Norte y Florida

Consulte además: Elecciones en Estados Unidos, lo que debes saber (Parte I)

TRUMP O BIDEN: CUBA EXIGE RESPETO A SU SOBERANÍA

Para nadie es un secreto que, en los últimos cuatro años, durante la administración de Donald Trump, el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba se ha recrudecido.  El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ratificó que desde 2019 hasta la fecha suman 121 medidas punitivas contra este pequeño archipiélago.  

El gobierno de Trump ha impuesto medidas restrictivas en casi todas las esferas económicas y con un alto costo social para el pueblo cubano. Son conocidas por ejemplo, la restricción de vuelos entre ambos países, la disminución de las remesas, así como las vías para enviarlas, los obstáculos para acceder a recursos vitales y las sanciones a compañías o empresas que mantengan relaciones comerciales con Cuba, así como multas millonarias a los bancos internacionales que se atrevan a realizar transacciones financieras hacia o desde Cuba.

Con estos antecedentes, una victoria de Donald Trump como Presidente de los EE.UU pondría a Cuba en un escenario de más férrea resistencia.

Por otro lado, Joe Biden es un seguidor de la política de Obama hacia Cuba. Fue, de hecho, su vicepresidente. Si bien el método puede ser diferente, el objetivo del gobierno de EE.UU hacia Cuba es el mismo.

Si existiera alguna duda, ahí están sus palabras en su visita más reciente al sur de la Florida para tratar de captar más votos de cubanoamericanos.  El candidato dejó claro: “hace falta una nueva política” porque “Cuba no está más cerca de la libertad y la democracia hoy que hace cuatro años”. Según Biden, el camino seguido por Donald Trump ha fracasado y por ello sentenció que “necesitamos una nueva política hacia Cuba”.

De esta manera, habría que esperar para ver si Biden logra ganar las elecciones, y entonces se evidenciarán las verdaderas intenciones del candidato demócrata como nuevo inquilino de la Casa Blanca.

No importa quien arribe a la Oficina Oval de Estados Unidos, lo que sí queda claro es que Cuba ha reafirmado que es posible convivir de manera civilizada, a pesar de las profundas diferencias. Nuestro país estará siempre dispuesto a desarrollar relaciones respetuosas, basadas en la igualdad, el entendimiento y la reciprocidad, partiendo siempre de que la dignidad y soberanía de nuestro país no son ni serán nunca negociables.


Liz Armas Pedraza

Amante de los datos y el deporte. Periodista y cubana.


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