“¡Se va a grabar! ¡Se está grabando! ¡Acción!”. Así se inicia una grabación del programa 23 y M en el Estudio 10 del ICRT. Ah, se me olvidaba “¡Humooo!”. Ahora sí empezamos.
Debo decir que a esta publicación le dio la motivación final un comentario de una persona en las redes que con mala saña arremetió de forma airada contra el propósito del programa. Quise ripostar en ese momento, pero pensé un poco: “Pobre persona. Quizás está agobiada por el transporte, los apagones, los precios. Tal vez todo eso junto…”. Pero, caramba, claro que tiene que exaltarse. Es que no conoce bajo qué condiciones se hace 23 y M.
En la pantalla solo se ve la parte linda. Bueno, no voy a hacer larga la historia, pero sí haré referencia a lo fundamental.
Llegué a este programa por primera vez en marzo del pasado año por una invitación de Ethiel Faílde. Luego otros factores convergieron al mismo tiempo y desde entonces soy formalmente el fotógrafo de 23 y M. A lo largo de un año he vivido muchas cosas acá para saber en buena medida de los sacrificios que pasa todo el equipo para sacar al aire uno de los programas de la Televisión Cubana de mayor alcance, incluyendo fuera de fronteras.

He vivido los múltiples malabares que hay que hacer cuando falla la consola de sonido, las balitas (micrófonos inalámbricos pequeños) se les agotan las baterías por añosas, el ruido por el mal estado de las líneas y cables se cuela por los audífonos como un trueno y hasta en la grabación, se rompe la máquina de humo, algo se parte de la escenografía, falla el aire acondicionado, alguien no ha podido llegar al estudio porque lleva horas lidiando con la transportación (y peor será el regreso), el talento artístico no puede estar en determinado momento y hay que improvisar un Plan B, C, y hasta Z. Sí, la magia existe y los cubanos seríamos Título de Oro en el Hogwarts de Harry Potter.

Pero detrás de todo eso, hay una tropa liderada por Edith Massola (quien hasta enferma ha ido a hacer su trabajo) y Michel Pascual que buscan la forma de que se hagan las cosas, sí o sí. Unas veces sale bien, otras realmente hay que parar y seguir al siguiente día. En no pocas ocasiones he visto como alguien ha tenido que hacer otra función suplantando a algún compañero, por algún imprevisto, para que no se detenga el programa. Y es que las crisis también son para todos, incluso acá, donde el propósito es brindarle al pueblo un espectáculo artístico de calidad.

Pero por fortuna, el equipo de 23 y M celebra cada programa como una victoria. A pesar de toda adversidad nos divertimos mucho, pues alguien lanza una broma, nos ponemos creativos, hay quien le encanta bailar, otros salir mucho en cámara. ¡Ah! Y no he hablado de las “leyendas urbanas” que penden como Espada de Damocles sobre 23 y M y que muchas veces nos mofamos de eso para aliviar las cosas insólitas que nos ocurren.

Entonces, ojalá que aquella persona compungida que le dio origen a este escrito, pueda leer estas escuetas líneas y de esa forma comprender bajo qué condiciones se hace arte y que seguirá haciéndose, aunque sea con un palo y una lata. Me voy quedando con estos detalles en fotos porque en definitiva, si no es aquí ¿Dónde si no?

Términos y condiciones
Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.