En la Estación Cultural de Línea y 18, cada espacio se llena de colores y formas que cobran vida a través del hilo, la tela, la madera, el metal, el cuero y otros disímiles elementos.
Hasta el 9 de mayo, la Feria Arte para Mamá, convocada por el Fondo Cubano de Bienes Culturales palpita como un corazón colectivo, honrando la creatividad que brota de las manos de artesanos y artistas que convierten la tradición en regalo vivo.
Caminando entre stands, se confunden familias, amigos, compañeros de trabajo y vecinos que acuden al recinto, unos por mera curiosidad, otros, en busca de un regalo para las madres.
No es solo una feria; es un ritual donde la maternidad se viste de guayaberas y se aprecian muñecas que parecen sueños cosidos a mano, un espacio que une generaciones de creadores en la Estación Cultural de Línea, epicentro habanero de esta celebración nacional.
Elia Martha Salavarría, directora del proyecto Triel, irradia orgullo al confesar sus veinte años de fidelidad a estas ferias.
"Vengo a darle la oportunidad a las madres, lo más grande que uno tiene", dice mientras muestra deshilados, camiseros y guayaberas cubanas para niños y adultos.
Esa repetición de clientas que la buscan año tras año es el pulso de la satisfacción, un lazo que trasciende la venta, afirma la artesana trinitaria radicada en la capital cubana.
A estas producciones ahora se suman las de su hija Indira, inmersa en el rescate de tejidos de guinga que traen de vuelta tradiciones olvidadas en vestiditos infantiles.

Diana Alejo, una de las representantes del stand Dador. Hecho en Cuba, habla de la marca cubana de moda responsable con ojos que brillan tras siete años de rescate manual.
Fundado por tres diseñadoras cubanas —Lauren Fajardo, Ilse Antón y Raquel Janero—, este proyecto de mujeres emprendedoras transforma lino, algodón y rayón en guayaberas exclusivas, vestidos transpirables y accesorios de retazos reciclados, a tono con prácticas éticas en el diseño y confección de vestuarios, con responsabilidad ambiental.
La entrada del stand está decorada con una máquina de coser Singer vintage, que simboliza el inicio humilde del proyecto, actualmente integrado por 14 costureras que aprenden desde cero.
"Prendas que duran la vida entera", enfatiza Alejo sobre la importancia de la moda lenta, adecuada para nuestro clima y alma.
La artesana Gladys Betancourt confiesa su amor por las manualidades con una pasión que nació de un hobby.
"No quiero saber de otra costura que no sea hacer muñecas", asegura, tras aprobar el proceso para ingresar a la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas y al Fondo Cubano de Bienes Culturales.
En esta ocasión añade a su oferta, además de sus bellas muñecas de tela, vestuario infantil a juego con sus creaciones, bolsos y delantales.

Ángel Fornaris, líder del proyecto de Katauro, presenta luminarias que iluminan hogares con elegancia contemporánea: para techo, piso, mesa, en madera a vistas o metal, con un 60% artesanal.
Explica que en la feria las más demandadas especialmente son las lámparas de pie. Tras haber obtenido una mención en FIART, el año pasado, por su stand innovador, habla de sustituciones creativas a importaciones y toques reciclados, soluciones que dan calidez a la vida diaria y reconocen el crecimiento del grupo como un triunfo compartido.

Nilda Orias, líder del proyecto Armonía, lleva desde 1995 trayendo magia para terrazas y jardines: macetas, fuentes con cascadas de agua, helechos, platos murales, honguitos y florecitas para inciensos.
"Las personas siguen a sus artistas y siempre quieren algo nuevo, y nosotros se lo damos", dice con la satisfacción de quien sabe que sus piezas perduran en hogares, e invita a todos a llegar hasta Línea y 18. En su voz resuena la lealtad de décadas, un hilo invisible que teje comunidad.

Mucho más queda por descubrir y disfrutar en este espacio hasta el 9 de mayo. Allí la creación artesanal cobra vida ante los ojos del público.
Desde exquisitos muebles elaborados por reconocidos artesanos, tallas en madera, carteras de cuero, piezas de orfebrería y calzado de factura cuidadosa, la diversidad de propuestas confirma la riqueza del trabajo manual.
A ello se suma la iniciativa del proyecto Chueco, que invita a los asistentes a vivir una experiencia interactiva: presenciar el proceso de personalización de un pulóver con el cartel que solicite el cliente. Al final se fusionan arte, diseño y participación directa.
Y, como es habitual, no faltan las propuestas gastronómicas que completan la experiencia. En la Estación Cultural de Línea 18 también conviven las nuevas formas de gestión no estatal, esos nuevos actores económicos que, con productos no artesanales, traen variedad y prometen también hacer las delicias de muchas madres cubanas.
Esta crónica no lista ofertas frías; captura el latido de Arte para Mamá, donde se reafirma la identidad de la artesanía cubana. La feria es el lugar donde el afecto se toca, se compra y se regala.

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