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martes, 29 de septiembre de 2026

¡Ya estoy aquí!

La puntualidad es una carrera en la que yo me declaro vencida; a estas alturas sin pudor...

Mileyda Menéndez Dávila
en Exclusivo 29/09/2026
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 Eso de clonarte para estar a la vez en dos metas debe tener sus beneficios. (Jorge Sánchez Armas / Cubahora).
Eso de clonarte para estar a la vez en dos metas debe tener sus beneficios. (Jorge Sánchez Armas / Cubahora). (Jorge Sánchez Armas / Cubahora)

“El tiempo no existe, es una construcción mental para organizar la vida didácticamente”, escribe Mirebel en el grupo de wasapeo de Senti2Cuba, y yo me río a solas por lo útil que resulta esta excusa para alguien con tan poco talento para llegar puntual a casi todo en la vida.

Puestos a ver, la única vez que me apuré fue al nacer: en menos de tres horas de trabajo de parto mi madre me tenía en brazos. A partir de ahí, estar al inicio de cualquier evento es siempre un suplicio para mí. O me adelanto y me aburro enormemente o aparezco mucho después de la introducción, cargada de no pocos infortunios durante el viaje.

¿Con los hombres también? ¡Pues claro! Y a veces se dolían bastante. No es gracioso alquilar habitación por tres horas y verme llegar faltando 20 minutos para el cierre, o perder un buen almuerzo, u otros desplantes innombrables.

Siendo adolescente, un chico al que perseguí por meses me invitó al cine y aparecí con el documental de cierre (mal de tripas, lo siento). Se insultó tanto que rompió el noviazgo antes de empezar. En plena perreta dijo que Linda era mi primer apellido e Impuntual el segundo, y aquel linchamiento derivó en broma cruel hasta el preuniversitario. (Era un Virgo, ¿saben? Lo digo por decir. Nada personal…).

Otra vez, con mi primer esposo perdimos el avión para Camagüey. Íbamos a un suceso importante, así que lo convencí de viajar en “botella”, en tren y hasta en tractor. Dormimos algunas horas en un parque y a duras penas llegamos a una casa donde solía quedarme. El acto lo vimos en TV.

Creo que por primera vez lo vi realmente fuera de sí por mi dificultad para llegar a tiempo. A partir de ahí, tomó una medida radical: cada cual se movía por su lado. Si llegaba demasiado tarde actuaba como si no me conociera, incluso delante de colegas y amigos.

Por entonces ponían mucho un animado ruso: el erizo y la liebre. Era una competencia y ganaba siempre el primero. Pero es que había otro erizo (su pareja); cada uno esperaba en una punta del campo y gritaba “¡Ya estoy aquí!”. Por mucho que la libre corriera, no podría ganar. Así, sin esfuerzo y con engaño, le bajaron los humos a la campeona.

Sé que muchas personas estarían felices de clonarme para lograr esa prontitud en las citas. Algunas parejas hubieran sacado otros beneficios de tenerme doble, claro está…

Si hubiera una segunda Milo menos despistada que la original, ¿qué otras virtudes depositarían en ella…? Jorge de seguro le asignaba el cuidado de la cocina, harto de verme quemar hasta el agua caliente, como suele decir. Mi mamá la pondría a recoger la ropa tendida. Mi jefa en JR le encargaría el acabado de la sección Sexo sentido…

No me estoy excusando por mi mal manejo del tiempo. Juro que hago esfuerzos para cumplir los planes que yo misma diseño con un aprovechamiento óptimo. El asunto es que luego la vida cambia todo y las pocas veces que sí llego temprano suele ser por gusto. ¿Qué estímulo tendría para esforzarme?

Uno de mis refranes favoritos dice: si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. Pues el altísimo, tenga el nombre que tenga, debe dirigir un programa humorístico especial con mi destino. ¡Qué manera de pasarme cosas cuando decido ser formal! Desde molestias climáticas hasta roturas de la bici o la PC; malezas del cuerpo; espejuelos, llaves y celular perdidos; llamadas inoportunas ya en la puerta… ¡Aunque me levante con tres horas de anticipación, no hay manera de salir a tiempo! Doy más vueltas que el perro para dormir, y esta casa tiene 25 metros de largo y muchos recovecos… ¡Uf!

Como sea, ya sobreviví 58 años de ese modo y la clonación no está a mi alcance, ¿para qué gastaría energías en cambiar mis patrones? Prefiero fluir, moverme a mi ritmo y discernir lo realmente importante, que ahora mismo se resume en no dañar el ritmo de otros y llegar, que ya es un logro grandísimo.

Claro, de esos planes existenciales también se ríen en las alturas. En este tiempo, el fluido que importa para organizar la vida es el eléctrico, por aquello de cocinar sin tizne, cargar baterías, adelantar escrituras… Lo demás es lo de menos, como dice cierta cancioncita.

Pero no me torturo. Todo pasa y a todo me adapto sin sufrir. Incluso mejor que quienes se enorgullecen de su estricto control temporal, ¿verdad, Jojo?


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Mileyda Menéndez Dávila

Fiel defensora del sexo con sentido...


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