Desde hace mucho se recurre al cuento de que sin más explicaciones se usa un canal de comunicación amplio para lanzar la indicación de comenzar inmediatamente la operación y es recibida por un militar, un cirujano y un matemático.
Por supuesto que el primero acudirá inmediatamente a sus planes de guerra para el ataque o la defensa, mientras el segundo echará mano al bisturí, en tanto el tercero se planteará problemas aritméticos a los que debe buscar solución.
Si separadamente se les llama a realizar una operación, no habrá dificultades porque quien lo pide sabe las funciones de cada uno, pero harina de otro costal es cuando necesitamos usar la palabra y no tenemos control de quién recibirá el mensaje.
Imagine a una entidad sanitaria solicitar el comienzo de las operaciones y que no solo lo hagan los cirujanos, sino que también los militares desaten un conflicto armado que tampoco nada tiene que ver con las acciones del matemático.
El asunto no es tan sencillo como buscar sinónimos y antónimos o cambiar el giro de la redacción, pues las expresiones pueden semejar una cáscara de plátano en el camino y quien resbale con ella puede caer en el lugar más inesperado.
Con el auge de las actuales nuevas tecnologías la rapidez en que se difunde un mensaje, la amplitud del alcance y las posibilidades de que todos opinen en ese ambiente, hacen que la intensidad de las consecuencias tenga dimensiones colosales.
La anécdota sobre la operación viene a la mente en estos días en que se establecen novedosos procedimientos llamados a remover toda la sociedad para enfrentar una crisis, pero también para estimular el desarrollo a partir de la propia situación.
Aunque siempre es un asunto complejo, en este caso resulta especial y no caben comparaciones con otras naciones de las cuales se toman experiencias, pero sin perder de vista que existe un poderoso adversario que reserva un trato particularmente agresivo con Cuba.
No es lo mismo que a un país, al cual además de levantarle bloqueos y medidas le favorezcan con facilidades que no gozan otros y tengan tratos preferenciales en el comercio, a pesar de haber enfrentado conflictos bélicos en los cuales el poderoso no salió tan bien parado.
Por estos días pocos permanecen indiferentes hacia la propiedad privada cubana que va cobrando auge y recibe facultades que las mayorías no concibieron como posibles, y no faltan quienes lo consideren copias de sociedades al estilo de la estadounidense.
Como en el caso de la palabra operación, también en el de propiedad privada pudiera estar sucediendo ya lo mismo, que mientras unos consideran que con el solo se construye el camino con un rumbo, otros lo edifican hacia otro.
Quizás en este caso, ambos se guíen por una filosofía, pero para comprender el asunto resulta aconsejable no verla como estática, y mucho menos si se trata de un sistema de ideas elaboradas por el Prometeo de Tréveris y su amigo que se hacía llamar segundo violín.
Nadie ha demostrado con hechos que la propiedad privada en armonía con la social no pueda conseguir los sueños del proletariado mundial, sin embargo, esos testarudos que son los hechos, pudieran ya estar demostrando que se puede. Esperemos.

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