Motivados por las prácticas en las que rotamos por Granma, Juventud Rebelde, El Mundo y otros medios impresos, así como los radiales de Radio Progreso y la Televisión, un grupo de estudiantes de primer año de Periodismo discutimos cuál era el más importante.
Cada cual defendió su criterio de acuerdo con la prensa escrita, radial o televisiva existentes en ese 1968, cuando habían transcurrido 23 años del estudio “Qué significa echar de menos el periódico”, realizado durante una huelga de repartidores que dejó a Nueva York periódicos durante 17 días.
La huelga comenzó el 30 de junio de 1945, estiman que unos 13 millones de personas quedaron afectados, y la indagación cualitativa no se limitó a si extrañaban “las noticias”; sino también qué les faltaba, cómo sustituían el diario y si había algo positivo.
El resultado fue que los lectores no extrañaban solo las informaciones locales, nacionales e internacionales, sino una cantidad de funciones prácticas para guiarse en cotidianeidad, emocionales y sociales como tener temas de conversación y sentirse integrados a la vida pública.
Ciertamente hubo quienes se refirieron a sentirse desorientados, aislados, pero algunos aludieron a sentir alivio al no enterarse de ciertas noticias inquietantes o de las que ya estaban sobresaturados y les hacía padecer fatigas.
Esta investigación está plasmada en el volumen *Communications Research, 1948–1949*, editado por Paul F. Lazarsfeld y Frank Stanton y no debiera olvidarse, pues contiene datos que son aleccionadores para la actualidad mundial y cubana en particular.
La lección en la isla está más vigente que nunca en un contexto donde predominan los medios digitales, desaparecen publicaciones impresas mientras otras quedan aún más limitadas que cuando la crisis de los años 90 del siglo pasado.
Resulta indiscutible que al cerrar o reducir drásticamente el alcance de un medio, no estamos solo perdiendo un medio en soporte de papel, pues hay servicios que no debieran perderse y hábitos nuevos que deben tenerse en cuenta.
Al faltar las publicaciones impresas, pudieran estar cambiando las maneras en las conversaciones públicas, y los procedimientos para orientarse, pero también al faltar datos, pudieran estar transformándose las conductas.
Cuando se gestaba Cubahora, revista digital que no partió de un medio impreso, Orestes hizo un chiste que ahora estoy en dudas de si era en broma o en serio, y que Jesús contuvo con: Déjate de ciencia ficción que nos están pidiendo una cosa muy seria.
Realmente era como para perder el sueño crear Cubahora, pero vale recordar la idea de Orestes: si hacemos una revista sin tener como cimiento un medio de prensa, vamos a demostrar que en un futuro las páginas web pueden quedar como reinas únicas.
De lo anecdótico y de los estudios pasados realizados en otros país, hay que echar de menos a una necesaria investigación sobre lo que está pasando al cerrarse los medios impresos provinciales y otros nacionales para quedar tres con enormes limitaciones.
Y por si fuera poco lo que se necesita investigar, también hay que indagar sobre los efectos de los apagones eléctricos y de Internet que dificultan el acceso a los medios digitales.

Términos y condiciones
Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.