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viernes, 15 de mayo de 2026

Baños: públicos, siguen iguales, pero no gratis

Buenas fueron las intenciones para arrendar instalaciones donde satisfacer necesidades fisiológicas...

Chang León Félix Arturo
en Exclusivo 15/05/2026
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Baños: públicos, siguen iguales, pero no gratis
Es de dudar que alguien le haya reclamado al arrendatario por falta de higiene y condiciones elementales. (Alfredo Lorenzo Martirena Hernández / Cubahora)

Allá por los lejanos años de la década de los 60 del siglo pasado, todavía quedaban muchos de los baños públicos construidos por negociantes que los consideraban acertadamente como un requisito esencial para atraer clientes y no perderlos.

En el pobladito de Casilda, en la costa sur de Trinidad, había uno que llamaba la atención porque no estaba en el local del Bar Santa Elena, sino distante unos 30 metros y además, para entrar había que recorrer esa distancia por la calle frente a varias viviendas.

No había condiciones para ubicarlo dentro del bar, ocupado por el mostrador, sillas, mesas, el traganíquel y otros muebles, pero era una necesidad, sobre todo después que alguien hubiera bebido algunas cervezas.

Es un sencillo ejemplo, quizás extremo por estar fuera del recinto, pero si hacemos memoria, recordaremos que en cualquier lugar del territorio nacional era posible hallar esos baños públicos atendidos por empleados que pagaban los dueños del negocio.

Con toda razón, las autoridades tomaban severas medidas contra quienes violaran las normas y practicaran el fecalismo al aire libre, pero también se hacía sentir el repudio popular, y cualquiera regañaba al que orinara en lugares públicos, aunque tratara de no estar a la vista.

Los tiempos han cambiado, y si no me hubiera dado cuenta de esa transformación, la oportunidad de saberlo se presentó recientemente cuando estaba preguntando dónde hallar un baño público con urgencia, y resultó que no había ninguno cercano.

Fue una mujer que parecía tener más de 50 años, quien señaló hacia los arbustos muy bien cuidados de un jardín al tiempo que recomendaba la posición más discreta, y como para dar tranquilidad decía: ustedes los hombres tienen más ventajas.

La situación provocó un instante de buen humor para los presentes, menos para el necesitado, pues haberme convertido en centro de atención hizo que me despidiera amable y desesperadamente a otra área. Y no creo necesario decir más.

En este contexto recordé la argumentación de que las administraciones de cualquier entidad, sin importar su tamaño, se estaban desgastando en mantener limpios los baños públicos y cuidar que no rompieran o se robaran sus instalaciones.

La solución en marcha, ya decidida cuando recibíamos la explicación fue arrendarlos. Desde entonces han pasado ya suficientes años como para comprobar que, salvo excepciones, todos están igual o peores en cuanto a higiene.

En una indagación para redactar estas notas, después de pagar 10 pesos donde poco tiempo atrás había dado solo cinco, pregunté por qué la peste y el mal aspecto. La respuesta: si le parece mucho 10 pesos, sepa que en otros cobran 20.

Ninguna referencia a los motivos de la falta de pintura de las paredes, la carencia de puertas y de agua, lo cual me hizo recordar que esos mismo sucedía cuando las administraciones debían ocuparse de esos asuntos considerados triviales.

En conclusiones, los baños públicos siguen en declive, con la novedad de que ahora cuestan y hay menos. Y además: lejos de ser repudiable el fecalismo al aire libre, hay quienes lo recomiendan como solución.


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Chang León Félix Arturo


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