miércoles, 12 de junio de 2024

De amores, canciones y mambises (I)

Nuestra nacionalidad abrió sus ventanas al mundo, contándose y cantándose por patriotas, por bardos inspirados en hermosas mambisas...

José Ángel Téllez Villalón
en Exclusivo 23/10/2020
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Partitura original de la bayamesa
“La Marsellesa cubana” fue orquestada por el maestro Manuel Muñoz Cedeño y se tocó por primera vez el 11 de junio de 1868, dentro de la iglesia mayor de la villa (Fernando Medina Fernández / Cubahora)

El 18 de marzo de 1851, estuvo  lista “La bayamesa” primera, canción romántica  co-creada por tres abogados  y patriotas bayameses, Carlos Manuel de Céspedes y Francisco del Castillo y Moreno, con supervisión del Maestro Manuel Muñoz Cedeño, se encargaron de la música  y el poeta José Fornaris vertió su genio en la letra. Los tres eran asiduos de la Sociedad Filarmónica de Bayamo, que estaba situada en un edificio al costado de la plaza principal. Allí se hacían veladas de poesía, música y teatro, con la participación de otras figuras destacadas como Perucho Figueredo, Juan Clemente Zenea, José Joaquín Palma y José María Izaguirre.

La madrugada del  27 de marzo de 1851, la canción conmovió a los vecinos de la antigua calle de San Salvador; frente a la ventana de María de la Luz Vázquez y Moreno,  fue   interpretada por el tenor Carlos Pérez, acompañado  por su guitarra y los tres autores, elegantemente vestidos. “Ven y asoma a tu reja sonriendo; / ven y escucha amorosa mi canto…” Y así fue, con  los primeros acordes, la hermosa Luz abrió la enrejada ventana para disfrutar de aquella música que de tan sincera le llegaba al alma. Hubo perdón, Pancho reconquistaba a su amada.

En los protagonistas de aquella serenata, latían por igual romanticismo e independentismo. Solo no combatieron en la guerra de los 10 años Francisco del Castillo, porque, según corrobora el Historiador de la Ciudad de Bayamo Máster Ludín Bernardo Fonseca García, había fallecido antes del  10 de octubre de 1868, y José Fornaris que rehusó participar, aunque había sido apresado en 1852, junto a Céspedes y Lucas del Castillo, por actividades conspirativas. Carlos Pérez alcanzó el grado de General de Brigada  y resultó canciller de la República en Armas. Céspedes, se sabe, fue el más grande, por proclamar a su patria libre y llamar hermanos a sus esclavos.   

Mambisa fue la hermosa trigueña que inspiró  la canción, como fueron dos de sus hijos, Pompeyo y  Francisco. Pompeyo cayó en combate el 20 de octubre de 1868. Después de que los bayameses quemaron su ciudad, la familia se fue a la manigua. En 1870, Luz y sus hijas fueron apresadas; se vieron presionadas a regresar a Bayamo, a vivir en lo que fuera la cochera de su casa. Allí, Luz vio morir a Adriana; cuentan que la joven muy enferma  se negó a que la atendiera un médico español y falleció. Luz sufrió el calvario de la enfermedad de Lucila,  y cuando la creyó muerta,  desesperada  y abrazándola, murió de tristeza.

La investigadora Zoila Lapique reconoce que “La bayamesa”, a pesar de la persistencia de la línea melódica europea, comienza a destacarse por cierta atmósfera criolla en su música —al inicio de la frase melódica con anacrusas y la terminación femenina— y en el texto. “Son las canciones amorosas que nos hablan de la belleza y ternura de la mujer cubana, de nuestros verdes campos y del cielo siempre azul”.

Poco después del 10 de octubre de 1868, en la manigua y en el Bayamo hecho ruinas, se popularizaron con la misma música de “La Bayamesa”, otras octavas agudas que aludían las ansias independentistas. Los versos: ¿No recuerdas gentil bayamesa, /  Que tú fuiste mi sol refulgente, / Y risueño, en tu lánguida frente, / Blando beso imprimí con ardor?; fueron cambiados por: “¿No recuerdas gentil bayamesa, / que Bayamo fue un sol refulgente, /  donde impuso un cubano valiente/ con su mano el pendón tricolor? Algunos refieren una autoría anónima a esta letra, otros se los atribuyen al poeta José Joaquín Palma, primer redactor de El Cubano Libre y autor del Himno Nacional de Guatemala.

Como afirmó Alejo Carpentier en su libro La música en Cuba, “La Bayamesa” estaba “destinada a transformarse, al calor de los acontecimientos, en canción patriótica clave”. Lógico, porque las estrofas que antes de la Revolución de 1868 se dirigían a una “gentil bayamesa” cobraron inesperado valor años después. Por la  alusión, subentendida, a la época en que Bayamo se vio libre de la dominación española. Es decir, desde el 20 de octubre de 1868, día en que los bayameses se aprendieron para siempre las letras del que devino Himno Nacional; hasta el 12 de enero de 1969 en que, como otras tantas bayamesas,  Luz Vázquez incendió su propio hogar.   

Por aquellos días de libertad, en la casa de Luz Vázquez, en la actual Calle Carlos Manuel de Céspedes número 160, se interpretó el “Himno de Bayamo”. Había sido compuesta por el abogado,  músico y  patriota, Pedro  Figueredo, el 14 de agosto de 1867 en el ingenio Las Mangas. “La Marsellesa cubana” fue orquestada por el maestro Manuel Muñoz Cedeño y se tocó por primera vez el 11 de junio de 1868, dentro de la iglesia mayor de la villa. Se dice que Atola, otra de las hijas de Luz y Francisco, participó en el coro de bayamesas que entonó de manera oficial la marcha de Perucho, en el atrio de esta iglesia. Luego, en la procesión, se repitió más de una vez y el entusiasmo de los bayameses fue in crescendo, como  las sospechas de las autoridades sobre su verdadero sentido, patriótico.

Otro simbólica imagen de aquel 20 de octubre tuvo como protagonista a Canducha,  la hija de Perucho e Isabel Vázquez, hermana de Luz. Tres días antes había sido proclamada “Abanderada de la División Bayamesa”. Con su traje de  amazona blanco,  gorro frigio punzó y una banda tricolor,  portó hasta la plaza donde se cantó “La bayamesa” de su padre, el pabellón creado por Céspedes y confeccionado por Cambula.

Dos años antes, con el título de “La Cambula” había circulado en el periódico bayamés La regeneración un poema de extraordinario lirismo y musicalidad, muy parecido a “La Bayamesa” dedicada a Luz. El poema lo firma un tal Gumersindo, pero dos años más tarde se murmuró en las regiones de Bayamo y Manzanillo que su autor era el hacendado de La Demajagua.  Estaba dedicado a Candelaria Acosta Fontaigne, la  hermosa trigueña que cosiera la tricolor que diseñó Céspedes, su primer amor.

A diferencia de la primera esposa, Cambula compartía los ideales de Carlos Manuel de Céspedes. Cuentan que al entregar la bandera les dijo con voz firme: “Primero mueran antes que verla deshonrada”. Al estallar la guerra organizada por Martí, y ver que Manuel, uno de los dos frutos de su amor con el Padre de la Patria,  no se incorporaba a las fuerzas independentistas lo increpó con palabras duras: “Parece mentira que tú, siendo hijo de Céspedes, estés todavía aquí”. 

En 1928, al devolverse a Cuba la “bandera de Céspedes” que había sido llevada a España como Trofeo de guerra, la anciana la reconoció en el recinto de la Cámara de Representante. “¡Esta es la bandera! La misma que confeccionaron mis manos el 9 de octubre de 1868. No es otra. La reconozco en la franja azul  que recorté de un vestido mío. No es la emoción la  que me obliga a decirlo, sino la propia bandera que tengo delante de mí”.   

“La bayamesa” primera  fue grabada por Esther Borja con la Orquesta de Cámara de Madrid, en 1953. Fue incluida en el álbum Con olor a manigua, proyecto discográfico del Sello Colibrí que mereciera un Premio Especial en el Cubadisco del 2015. Para La Jornada de la Cultura del 2018, fue estrenado el videoclip de una versión contemporánea, en la interpretación de Eduardo Sosa, Annie Garcés y Luis Franco, acompañados de la agrupación de Cimafunk. El rodaje y la realización del audiovisual corrieron bajo la dirección del multipremiado Joseph Ros. Antes se había grabado otra versión interpretada por  Diana Fuentes, David Blanco y Buena Fe.

Las bayamesas conservan gran significación, por su carga  amorosa y patriótica; como  elogios a la mujer cubana y a la Matria, representada por ellas. A su belleza y hondo lirismo se suman los méritos de sus compositores y las de las mambisas que las motivaron.


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José Ángel Téllez Villalón

Periodista cultural


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