En La Habana, mucho antes de las 12

Así regresará la filóloga e investigadora española María Castrejón, quien nos invita a la reflexión, desde la literatura, en torno a la identidad y roles de género...

Ana María Domínguez Cruz Ana María Domínguez Cruz

28/05/2012

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La Habana seduce…


Es una ciudad de olores, colores, movimientos, rupturas, libertades y sensaciones inigualables…


Nutrirse de ella, contagiarse con su intensidad y ritmo es lo que no ha podido evitar la filóloga española María Castrejón, autora de Volveré mucho más tarde de las Doce, volumen que se presentó en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba como parte de la V Jornada Cubana contra la Homofobia, que se extenderá hasta el 31 de mayo.


El libro, cuya idea principal es la de la trasgresión, la de jugar y burlar los límites que colman el mundo-como lo hace ella misma-, es una propuesta atrevida, en tanto ofrece una mirada otra al ámbito femenino y la asunción de un lenguaje más arriesgado.


Volveré mucho más tarde…juega desde el título con ese límite de horario que los padres le imponen a sus hijos cuando ellos salen de fiesta; es la manera de simbolizar la burla a una norma en apariencia simple pero que encierra otras tantas que se padecen en la sociedad, sobre todo si se decidió tener una orientación sexual “diferente”. El libro propone, precisamente, visualizar esas reglas y percatarnos de que sí podemos hacer algo con ellas, si es que no nos sentimos bien aceptándolas. El mundo está lleno de límites, pero la mayoría abundan en nosotros mismos…


“Traer la obra a Cuba fue una de mis primeras ideas luego de presentarla en Madrid, y aprovechando el marco de la V Jornada Cubana contra la Homofobia. Cuba es un país del que poco se habla y cuando se hace, se hace para mal. Estar aquí y vivir en mi propia carne su realidad y, sobre todo, la que tiene que ver con la homosexualidad y su libre posibilidad de asumirse y expresarse me ha permitido enriquecer más mi visión y plantearme nuevos retos, literarios, incluso”, confesó Castrejón, representante de la no-poética queer en habla hispana.


-A partir de sus investigaciones y de la publicación de Que me estoy muriendo de agua. Guía de narrativa lésbica española, en el 2008, entre otros textos con el mismo fin académico-teórico, ¿cuáles son las carencias que persisten en este tipo de literatura?


- Más allá de etiquetas y categorías, tal como se hacen en las librerías para organizar los ejemplares, la narrativa lésbica española tiene sus contradicciones, sobre todo en cuanto al lenguaje que emplean los autores, principalmente mujeres. Se trata de romper barreras y desde el propio lenguaje es por donde hay que comenzar…y no es necesario referirse a los genitales femeninos con metáforas poéticas o, todo lo contrario, de la manera más vulgar.


“Lo importante es re-escenificar el lenguaje y que las mujeres que escriben se apropien de espacios que son suyos y aborden temas inherentes a ellas, como la maternidad, la menstruación, el lesbianismo, hasta ahora siempre tratados por hombres. Yo acudo a la metáfora directa, lo cotidiano para escenificar.


“En ese sentido, el transgénero literario es el camino. Esa mezcla, en la que se imbrica la autobiografia, el artículo periodístico y el manifiesto feminista, visible en fragmentos que brindan pautas ideológicas del feminismo o de lo que en España ahora mismo se articula como movimiento que es el transfeminismo. Son textos arriesgados, porque toman territorios lingüísticos negados, relacionados con la sexualidad más explícita, que le ha sido negada a la mujer escritora.”


-¿El machismo aún visible en la sociedad española, como en la cubana, afecta la recepción de este tipo de literatura?


-Ciertamente el machismo aún impera…y aunque existen muchos hombres lectores de este tipo de literatura, todavía hay cierto rechazo, como lo hay en algunas mujeres, pues aunque se necesitan verse reflejadas de esta manera también, sin ataduras, en ellas también el machismo lacera.


“Recientemente, durante una lectura de textos de la escritora Beatriz Preciado, en Barcelona, un hombre me señaló con el dedo y me confesó que no hallaba la línea límite entre el erotismo y la pornografía en ellos. Al parecer, la repetición en seis ocasiones de la palabra del habla popular que usamos en España para referirnos al órgano genital femenino lo había impactado, pero de eso se trata. Aunque se difiera, lo significativo es que se quiera tomar partido ante algo que forma parte de nuestras vidas y que no debemos ignorar.


“Durante mi estancia aquí, en Cuba, no he dejado de sentirme inspirada y tentada a escribir, lo que haré, indudablemente, cuando llegue a España. Por fortuna, el primer día desde la ventana vi a un joven tendiendo ropa en la azotea y más tarde lo vi saliendo de su apartamento llevando el cochecito de su hijo. Es una señal de que se pueden dar pasos de avance si así lo queremos, al despojarnos de tabúes o roles de género preconcebidos, aunque en la mujer cubana percibo una obsesión, una idea latente relacionada con la maternidad y su mejor momento, sin que se asuma lo contrario como una variante más de auto-aceptación.


“Constatar esas señales de avance fue el sentido principal de este viaje, en tanto oportunidad de comparar el panorama de los estudios de género a los que yo me dedico en España. Por eso me siento tan complacida.”


-¿Continuará en próximos volúmenes abordando esta temática?


-Sí, por supuesto. Hace poco concluí Niñas, un libro escrito en femenino, desde el punto de vista de la ingenuidad de una niña. Se tocan ciertos temas, muy puntuales, desde un lenguaje y una visión infantil, pero creo que también es necesario hacerlo porque en esa etapa de la vida se configura todo, y es menester reivindicar todo aquello que haya sido tratado solamente por hombres.


“Mi deuda a partir de ahora, tras mi estancia en Cuba, será la de escribir de La Habana, de lo que he vivenciado en esta ciudad, de lo que me ha llegado de la gente. Me motiva sobre todo la voluntad de aceptar lo diverso sin otra ganancia que no sea la de convivir todos, en armonía. Escribo de lo que me llega, “en caliente” y no puedo dejar de hacerlo tomando como punto de partida esta ciudad que bulle, a la que volveré, mucho antes y no después, de las 12.”

Sobre el autor

Ana María Domínguez Cruz

"Una periodista cubana en mi tercera década de vida, dispuesta a deslizar mis dedos por el teclado".

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